La actual situación demográfica de nuestro país, donde las expectativas de vida bordean los 80 años, supone una serie de retos de cara al futuro. Hoy casi el 15% de la población chilena es mayor de 60 años, y se calcula que para el año 2050 esta cifra aumentará al 35%.
Ante este escenario, ¿te has preguntado cómo se vive y se enfrenta el envejecimiento en los distintos territorios del país más allá de las grandes ciudades? Para profundizar en este fenómeno, conversamos con Paulina Osorio, académica del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.
“En términos de porcentaje, yo diría que del total de personas mayores que hay en el país, quizás un 14% o más viven en zonas rurales. Si lo miramos así, podríamos decir que el envejecimiento es una experiencia principalmente urbana. Sin embargo, en la ruralidad adquiere ciertas particularidades que son interesantes de observar. Cuando uno dice ‘el campo se está envejeciendo’ no es solamente que haya mayor densidad de personas mayores en dichos sectores. También ocurre que las unidades domésticas empiezan a envejecer. Vale decir, coexisten mayor cantidad de generaciones mayores al interior de un grupo doméstico. Y eso trae una serie de consecuencias sociales, comunitarias, y del paisaje social que tiene la ruralidad en este momento”, explica la profesora de la U. de Chile.
Y en específico, ¿por qué se caracteriza este escenario rural? “Hoy nos encontramos con que las personas mayores que viven en zonas rurales son bastante diversas. Y el modelo productivo en la ruralidad ha ido cambiando. Sin duda, todavía hay zonas rurales que están tremendamente aisladas. Entonces, quizás en otros momentos de la vida ese aislamiento yo lo viví con ciertas estrategias más claras, donde me podía mover con mayor facilidad, donde interactuaba con otros grupos generacionales. Sin embargo, cuando ya me vuelvo mayor, esas experiencias que yo tenía de un ‘hacer cotidiano’, ahora se me vuelven adversas”, profundiza la académica Uchile.
Y profundiza: “Así mismo, podríamos decir que la actividad campesina también se ve envejecida. La edad promedio de los productores campesinos supera los 58 años. Esto quiere decir que ya no hay relevo generacional. Las generaciones más jóvenes migran. Y las personas mayores se quedan en sus lugares de origen. ¿Eso qué trae? Se reducen las redes de apoyo, la situación me obliga a seguir trabajando hasta una edad muy avanzada. Ahora, pensando en las características que tiene el fenómeno demográfico del envejecimiento en la actualidad, esto no necesariamente es un problema. ¿Por qué? Porque dentro del envejecimiento, lo que ocurre es que somos cada vez más longevos, vivimos más años. Entonces es esperable también que estemos más tiempo como activos”.
Apostar por el envejecimiento activo y saludable: el caso de Chiloé
Tal como indica la profesora Osorio, el envejecimiento rural es un fenómeno que es reconocido en los diagnósticos. Sin embargo, sigue siendo una deuda en las políticas públicas rurales. Desde su perspectiva, el problema remite a que las políticas públicas tienden a ser homogeneizantes y despliegan programas sin considerar las particularidades de los territorios rurales.
En ese contexto, desde 2021 se desarrolla un proyecto encabezado por la Universidad de Chile que promueve el envejecimiento activo y saludable en Chiloé. Se trata del programa de Envejecimiento Activo y Saludable (EAS), iniciativa que nace en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile en convenio con la Universidad de Ciencias Aplicadas de Karelia (Finlandia), que busca innovar en el cuidado del adulto mayor y promover el envejecimiento activo desde la primera infancia introduciendo elementos de la experiencia finlandesa de acuerdo con la realidad social y cultural de Chile.
Una de sus principales claves está en aplicar medicina preventiva, nos explica Miguel Luis Berr, cardiocirujano del Hospital Clínico de la Universidad de Chile y Director del programa EAS. “Hoy día, la enseñanza de la medicina está muy orientada hacia lo asistencial, a lo que ya se produjo, pero no anticipa acontecimientos. Y resulta que como en Chile estamos viviendo 20 años más que en el año 1960, si no nos anticipamos y prevenimos, nos vamos a llenar de personas envejecidas muy enfermas, con un gasto de salud impresionante, con dependencia, con problemas familiares, lo que también deriva en un problema país. Así que hay que cambiar la mirada de la salud chilena, que ha sido muy buena en lo asistencial, pero hay que promover un fuerte acento en lo preventivo y eso es lo que estamos nosotros haciendo. Además de enseñar cómo se envejece sano. Estamos siendo una fuerte presión en lo preventivo”, detalla el doctor Berr.
Actualmente, el proyecto ha operado en cuatro comunas del archipiélago: Curaco de Vélez, Quinchao, Chonchi y Puqueldón. Inspirados en la experiencia finlandesa, el programa ha desplegado su trabajo por medio de cinco ejes. Uno de ellos se enfoca en controlar y prevenir enfermedades no transmisibles, nos comenta el doctor Rafael Jara del Departamento Cardiovascular del Hospital Clínico U. de Chile.
“Lo primero es la detección de hipertensión. La hipertensión es una enfermedad generalmente asintomática. Algunos sienten dolor de cabeza, mareos o molestias, pero no más allá del 10% de los casos. Es decir, un 90% casi no presenta molestias. Sin embargo, es una enfermedad crónica que puede ser progresiva, y esos daños pueden afectar a nivel cardiovascular, cerebrovascular, vascular periférico y traer otro tipo de dificultades”, explica el doctor Jara.
A este eje se suma: la modificación de viviendas para las personas mayores; incentivar a una nutrición basada en alimentos locales; y promover la actividad física y la salud mental entre la población. En el proceso, una estrategia que ha tenido buenos resultados ha sido la formación de monitores comunitarios a través del programa “Liderazgo y Gestión para el Envejecimiento Activo”. Así nos comenta Gerardo Fasce, médico geriatra del Hospital Clínico de la U. de Chile e integrante del programa EAS.
“Este proyecto se lleva a cabo desde hace casi 5 años en Chiloé y son experiencias fundamentales para que exista una mejor longevidad. De qué manera vamos empoderando a la misma comunidad, en que tengan los elementos para que ellos mismos colaboren con su entorno en ir generando iniciativas que propiciarán una mejor vejez. ¿Por qué con la comunidad? Porque en general uno tiende a validar a la gente que conoce, a la gente que entiende también la realidad en la cual uno se mueve. Entonces, aquí se le empoderó a un grupo de personas muy motivadas de distintas edades y ahora ellos mismos están invitados a romperla, a tomar el testimonio y generar los cambios para que vayamos generando también un mejor país y una mejor vejez”.
Tal como menciona el doctor Fasce, la participación de la comunidad local ha sido fundamental para el éxito del proyecto. De hecho, el proyecto apuesta a una estrategia conjunta entre universidades, municipios, comunidades, sistema de salud y de educación.
Así, de carácter público-privado, la Universidad de Chile participa a través de su Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, la Facultad de Medicina, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, la Facultad de Economía y Negocios, y la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. A estos esfuerzos se suman la Universidad de Los Lagos, el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), organizaciones sociales, liceos y empresas presentes en territorio insular.
Políticas públicas en materia de envejecimiento
El contexto demográfico del país y sus consecuencias exigen una solución urgente. Asimismo, el envejecimiento no debe verse solo como una barrera, sino como un factor que redefine los modos de producción y transmisión de saberes.
Proyectos como el programa de Envejecimiento Activo y Saludable contribuyen a este panorama, promoviendo el bienestar integral de las personas mayores en Chiloé. Sin embargo, para la profesora Paulina Osorio, se requiere un mayor desarrollo de políticas públicas acordes a esta nueva realidad.
“Aquí aún tenemos problemas. Porque si hablamos de las personas mayores en contextos rurales y en zonas aisladas, yo creo que lo más importante es reducir la brecha de acceso. Porque Chile tiene programas pensados en temas de envejecimiento. Existe una institucionalidad dirigida a eso. Sin embargo, esos programas no llegan por dos motivos. Primero, por un tema de información, porque la gente no sabe que existen. Y por otro lado, por un tema de recursos, claramente. Entonces, ¿cómo aseguramos el acceso? Tampoco se trata de empezar a inventar cosas nuevas, si ya las tenemos. En ocasiones se le echa la culpa al Estado, que ‘está ausente’, pero cuando está el Estado, asegurémonos de que realmente esté presente. Entonces, yo creo que ahí el tema de la brecha de acceso en los programas hacia las personas mayores marcaría la diferencia”, sentencia la académica.
Si quieres saber más al respecto, te invitamos a revisar el capítulo 195 de Universidad de Chile Podcast. Ya disponible en Spotify, Tantaku, Apple Podcast y YouTube.