“Estoy feliz, muy contento”, dice Alan en medio de la entrevista con Prensa U. de Chile. Y se le nota. Mientras camina por el primer piso del Complejo Universitario VM20 de la Universidad de Chile, saluda alegre a los funcionarios, también a los profesores. Se mueve rápido, desde la biblioteca donde estaba esperándonos hasta una de las oficinas de la Facultad de Gobierno, donde realizamos la entrevista.
Alan Macowan cumplió 56 años el pasado 2 de mayo, y vive sus días entre el trabajo, su pareja, su familia y su vida universitaria. Lleva poco más de dos meses como alumno de primer año de la carrera de Ciencia Política en la Facultad de Gobierno de la U. de Chile. “Mi ingreso fue a través de un sistema de admisión especial, como alumno con título profesional de Ingeniería en Comercio Internacional de la U. del Mar. Además, soy agente de aduana, al igual que mi abuelo, y lo son mi hermana Maureen y mi papá Leslie”, dice y comenta orgulloso que este 2026 cumplió 20 años y su padre 55 en esa labor.
A medida que avanza la conversación, Alan se apasiona. Nos cuenta que sabe hablar chino básico porque lleva cuatro años estudiando. Nos muestra un certificado HSK1. Luego, saca un recorte de un diario, desde donde lee que participó en una movilización de trabajadores portuarios, en San Antonio. Y nos cuenta que su abuelo también fue agente de aduana, que la calle de acceso al puerto lleva su nombre. Todo esto es parte de la motivación que tuvo para estudiar Ciencia Política y radica en querer aportar al rubro y a la zona.
“Ejercí como delegado de la Cámara Aduanera en San Antonio (2011-2016), cumpliendo funciones propias de la asociación y participando en actividades de reclamación de derechos en coyunturas políticas con las cuales mi gremio no concordaba. Fue en ese momento que sentí que necesitaba herramientas distintas a las que poseo y eso me quedó dando vueltas. Y, por último, mi compromiso con San Antonio, que nace con mi abuelo. Tenía mi mismo nombre, Alan Macowan Marks (1895-1971). Él fue pionero en la lucha por lograr progreso para la zona. En 1960 fue designado agente de aduana, consiguiendo avances en la legislación aduanera y portuaria, concediendo a San Antonio prerrogativas de Aduana Mayor”.
Asegura Alan que su único afán es perfeccionarse, adquirir nuevas estrategias y poder traducirlas en desarrollo profesional y ayuda a la comunidad. “Tener más herramientas para ser un aporte, no solo en lo laboral, sino que también en la comuna. Quiero ser un aporte, traducido en políticas públicas, incluso estoy pensando en que podría realizar un Magíster en Gestión y Desarrollo Regional y Local (Magdel) de nuestra Facultad”, proyecta ilusionado.
- ¿Qué gatilla que quisiera estudiar y transformarse en universitario a sus más de 50 años de edad?
Principalmente, mi motivación personal de superarme, de tener otra visión académica, de ser un aporte, tanto hacia mi persona, mi pareja, mi familia y a la comunidad. Efectivamente tengo 56 años y dos hijos -Alan Sebastián (24) y Nicolás (22)-, ambos viven en Estados Unidos. Creo que mi motivación más personal es precisamente mostrarles a ellos con hechos que nunca es tarde para comenzar algo nuevo y distinto, siempre que sea con propósito y voluntad.
- ¿Cómo recuerda ese momento preciso?
Fue hace un par de años, cuando mis hijos volvieron a EE. UU., consideré la posibilidad. Para nivelarme, decidí ingresar al preuniversitario. Hice un año presencial e hice otro online. Me permitió tener también una primera experiencia con los jóvenes, es por eso que, al ingresar a la Universidad, no fue tanta novedad para mí como para mis compañeros, porque ya sabía cómo era la dinámica.
Me preparé y fui superándome de a poco y adquiriendo herramientas para llegar acá en un buen nivel y no sentirme en desventaja. También cursé ramos de programación pensando en las etapas que vendrán después.
- Y, ¿por qué elegir Ciencia Política en la U. de Chile?
Siempre tuve el desafío personal de estudiar acá dado mi contexto laboral, académico y de vida. Por su probada excelencia y altísimo nivel de profesores. Considero además que es la mejor en esta área para potenciar mi licencia como profesional auxiliar de la función aduanera.
Pero, además, por sus valores, que me llaman. Y creo que en ese sentido yo mismo represento uno de los valores de la institución, que es la diversidad, que en mi caso es etaria.
- ¿Cómo fue el camino hasta acá?
Mi primera experiencia fue con mi hijo mayor, él ingresó a Derecho en la Universidad de Chile a través del ingreso para alumno extranjero (cursó High School), entonces viví todo el proceso de apostillado y documentación requerida. Luego, me acerqué personalmente a la facultad. Posteriormente, presenté una carta al decano de la Facultad, mis notas y certificado de estudios. Los procesos fueron realmente muy expeditos y bien asesorados.
- Y, cuando le dijeron que estaba aceptado, ¿cómo vivió ese momento?
Sentí una tremenda emoción, un gran orgullo. La verdad es que estaba un poco más incrédulo, en comparación a mi círculo. Sentí una alegría tremenda.
- ¿Cómo ha sido este tiempo acá?
Me he sentido acogido e incorporado por todos los estamentos. Apenas ingresé, se me acercó Martina, presidenta de Cecip, para ofrecerme su ayuda; como también lo hizo Verónica, alumna de segundo año de Administración Pública, para compartir sus experiencias, quien, siendo menor que yo, me imagino dejó hace poco atrás los veintes. Además, ser la primera generación en rigor de entrar, de estudiar en este edificio que es una joya arquitectónica pública, es un gran honor. Ser la generación ‘debutante’. Un orgullo poder decir, el día de mañana, si me titulo, que fui de la primera generación que estudió Ciencia Política en el edificio del Complejo Universitario VM20; que además alberga al Instituto de Estudios Avanzados, al Centro de Extensión Artística y Cultural y al Instituto de Estudios Internacionales, especializado en Relaciones Internacionales y Comercio Exterior, materias de mi mayor interés profesional.
Alan, sus compañeros y vida universitaria
Reconoce que ha tenido que buscar el equilibrio entre su ímpetu, energía, experiencia y el compartir con jóvenes que inician sus estudios de pregrado. “Tuve que irme acomodando a las dinámicas. En un principio, en el preuniversitario participaba mucho, pero después me di cuenta de que tenía que dar espacio a los demás. Gracias a esa vivencia, hoy me manejo con simetría”, admite.
Nos cuenta que el horario es flexible. “Tengo clases de lunes a jueves, entro a las 10:00 horas, salgo a las 16:00 horas y los viernes no tengo clases. Además, tengo la experiencia de haber viajado 15 años, porque siempre viví en Viña y trabajaba acá, entonces viajaba mucho. En esta primera etapa estoy viajando más de lo que me quedo acá, solo para unos momentos importantes; si tengo prueba, me quedo”.
“Estoy con cinco ramos y en todos me he sentido bastante cómodo, lo que sí me hace falta es desarrollar alguna habilidad de escritura, como realizar un ensayo, pero espero mejorar en el tiempo”, asegura.
- ¿Cómo es la relación con los demás alumnos?
Para ellos tener un compañero mayor que podría ser su padre, me imagino que pudo llegar a ser novedoso. Por mi parte, me encontré con un alto nivel intelectual de parte de la comunidad y también una activa participación en clases en un marco respetuoso, que era lo que esperaba. Lo que sí me ha sorprendido es la generosidad de ellos, en el sentido de compartir su conocimiento, sobre todo en esta época en que los datos y la información son muy valiosos. Son solidarios. Otra cosa que me impresiona mucho es la responsabilidad social que ellos tienen, algo que realmente alienta, da esperanza.
- Y, ¿su familia? ¿Cómo tomaron su idea de estudiar?
Mis hijos, su mamá, abuela y familia desde Estados Unidos, son mi mayor inspiración. Mi familia en Viña y Santiago, todos me han apoyado. Además de mi pareja, Bárbara, a quien quiero y admiro mucho. Ella es gestora cultural y directora de Fundación Ariaka, con estudios en la U. de Chile y eso me ha permitido ver que cada vez que ella postula a concursos o fondos, sus estudios acá la califican y prestigian.
- Y, ¿su mamá? Ese apoyo siempre es importante…
Mi mamá está muy contenta. Ella es un gran apoyo para mí, se llama Cecilia y tiene 84 años, vive en Viña junto a Ube, quien nos ayuda día a día con su cariño. Además, tengo un sobrino (18) que ingresó a la Universidad Santa María este año, entonces estamos los dos en un proceso parecido, incluso tenemos ramos similares. Él estudia Ingeniería Comercial. Ella está muy contenta de recibir a su nieto, porque es de Santiago, y se ha formado una relación de orgullo al vernos a ambos en la Universidad.
- ¿Qué mensaje le daría a quienes piensan estudiar?
Que la edad importa solo para los vinos (ríe). Pienso que la vida es un desafío constante y mutuo, la desafiamos y nosotros a ella. El que tenga la libertad y convicción de sus motivaciones, que ingrese y que tenga la seguridad de que la U. de Chile es una de las mejores opciones y, en mi caso, la mejor posible.
- ¿Cómo se proyecta en cinco años más?
Sintiéndome muy orgulloso de mí mismo. Esta formación será esencial para mis relaciones laborales y personales a futuro, aportando seriamente en el área en que me desenvuelvo y, por qué no, en otro rubro o tareas que puedan presentarse.
- En una palabra o frase, ¿cómo definiría la Universidad y su comunidad?
La Universidad es Chile. Mis compañeros, mis profesores, los administrativos, los funcionarios, todos representan un país diverso, pero unido. Finalmente, la Universidad es el Chile verdadero.