Día Mundial del Medio Ambiente: la respuesta a los desafíos ambientales está en todas las disciplinas

Día Mundial del Medio Ambiente: desafíos ambientales y sustentabilidad
Día Mundial del Medio Ambiente: la respuesta a los desafíos ambientales está en todas las disciplinas
Día Mundial del Medio Ambiente: la respuesta a los desafíos ambientales está en todas las disciplinas
Ninoska Araya, coordinadora ejecutiva Proyecto InES Género de la Universidad de Chile: ""Los desafíos ambientales no afectan a todas las personas de la misma manera."
Ninoska Araya, coordinadora ejecutiva Proyecto InES Género de la Universidad de Chile: ""Los desafíos ambientales no afectan a todas las personas de la misma manera."
Prof. Marco Billi, coordinador académico del Programa Transdisciplinario en Medio Ambiente (PROMA): "Si nos enfocamos en una sola mirada, perdemos de vista el entorno general."
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Varinia Reyes, gestora cultural y directora ejecutiva de la Campaña “Besa la Vida, Cuida tu Boca”: "La sustentabilidad no puede reducirse solamente a acciones verdes."
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Fernanda Gallardo Naranjo, estudiante de Licenciatura en Ciencias con Mención en Biología e integrante de la directiva de la OES: "La acción colectiva convierte ese miedo en energía."
Fernanda Gallardo Naranjo, estudiante de Licenciatura en Ciencias con Mención en Biología e integrante de la directiva de la OES: "La acción colectiva convierte ese miedo en energía."
Prof. Felipe Díaz, director académico de la red transdisciplinaria EneAS: "Como históricamente hemos sido parte del problema, también nos toca ser parte de la respuesta."
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Iván Cano Silva, coordinador ejecutivo de la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación UChile: "Pensar de dónde vienen nuestros alimentos puede ser una puerta de entrada para reflexionar sobre la sostenibilidad."
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Francisca Ruiz, periodista de la Universidad de Chile especializada en moda y fundadora de Blog de Cero: "Cada vez que se converse sobre moda, también debería hablarse de sustentabilidad."
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Prof. Fernanda Aleitte, del Departamento de Kinesiología de la Universidad de Chile: "Los espacios naturales no deberían estar privados para ningún grupo de la sociedad."
Prof. Fernanda Aleitte, del Departamento de Kinesiología de la Universidad de Chile: "Los espacios naturales no deberían estar privados para ningún grupo de la sociedad."

Cada 5 de junio se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 y liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Desde entonces, esta jornada se ha convertido en una de las principales plataformas globales para promover la conciencia ambiental y movilizar acciones orientadas a la protección del planeta.

La conmemoración ocurre en un contexto especialmente desafiante. Temperaturas récord, incendios forestales cada vez más intensos, fenómenos meteorológicos extremos y una acelerada pérdida de biodiversidad evidencian que la crisis ambiental ya no es una amenaza futura, sino una realidad que afecta cotidianamente a comunidades y ecosistemas en todo el mundo.

Sin embargo, esta fecha también invita a reflexionar sobre otro aspecto fundamental: la respuesta a estos desafíos requiere la participación de toda la sociedad.

Durante décadas, el cuidado ambiental fue asociado principalmente a las ciencias naturales y a quienes estudiaban directamente los ecosistemas. Hoy, la complejidad de los problemas socioambientales ha demostrado que la sustentabilidad involucra también dimensiones sociales, culturales, económicas, educativas, sanitarias y políticas.

Desde la Universidad de Chile, distintas iniciativas muestran cómo esta mirada amplia se traduce en acciones concretas. Investigadoras, académicos, estudiantes y profesionales de diversas áreas coinciden en una misma idea: construir sociedades sostenibles requiere colaboración, diversidad de perspectivas y compromiso colectivo.

A. Ciencia, género y sustentabilidad: comprender los desafíos desde una mirada más amplia

Cuando se habla de sustentabilidad, pocas veces la conversación se vincula con la equidad de género. Sin embargo, para quienes trabajan en investigación e innovación, ambos temas están profundamente conectados.

Desde el Proyecto InES Género de la Universidad de Chile, iniciativa financiada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y adjudicada en 2021 para reducir las brechas de género en investigación, desarrollo, innovación y emprendimiento (I+D+i+e), sostienen que incorporar esta perspectiva es indispensable para comprender de manera más completa los desafíos ambientales. Tras adjudicarse una segunda etapa para el período 2026-2029, el proyecto se enfocará en fortalecer mecanismos institucionales de seguimiento y evaluación que permitan consolidar e institucionalizar acciones orientadas a avanzar hacia una ciencia más inclusiva y representativa.

Para Ninoska Araya, coordinadora ejecutiva del proyecto, los efectos de la crisis climática no se distribuyen de manera homogénea entre la población.

"La perspectiva de género es fundamental porque los desafíos ambientales no afectan a todas las personas de la misma manera. Los impactos del cambio climático están condicionados por múltiples factores que se entrecruzan, como el género, la edad, el nivel socioeconómico, el territorio o la pertenencia a comunidades indígenas", explica.

Según Araya, incorporar esta mirada permite ampliar las preguntas de investigación, visibilizar desigualdades que muchas veces permanecen ocultas y diseñar respuestas más pertinentes para las distintas realidades que conviven en la sociedad. Asimismo, contribuye a promover procesos de toma de decisiones más inclusivos e integrar conocimientos territoriales y saberes ancestrales que pueden resultar clave para enfrentar la crisis ambiental.

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, Araya plantea que la construcción de una sociedad más sustentable e inclusiva es una tarea colectiva. "La sustentabilidad no es solo una cuestión tecnológica o ambiental; también involucra dimensiones sociales, culturales, territoriales, económicas e incluso políticas", explica.

B. Comprender la relación entre sociedad y naturaleza

Si los problemas ambientales son complejos, también lo son las herramientas necesarias para comprenderlos.

Para el Prof. Marco Billi, académico del Departamento de Gestión e Innovación Rural de la Facultad de Ciencias Agronómicas, coordinador académico del Programa Transdisciplinario en Medio Ambiente (PROMA) y autor líder del Séptimo Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), abordar la crisis climática exige abandonar las miradas fragmentadas.

"Cuando abordamos los efectos del cambio climático vemos que estos involucran aspectos asociados con el agua y la sequía, pero también efectos productivos, impactos en el funcionamiento de las ciudades, en la salud humana y en los ecosistemas", explica.

A su juicio, centrarse exclusivamente en una dimensión implica perder de vista la complejidad de las interacciones que caracterizan los problemas ambientales actuales. Por ello, sostiene que las respuestas deben integrar conocimientos provenientes de distintas disciplinas y también considerar las experiencias de las comunidades y los saberes territoriales.

En este contexto, las ciencias sociales cumplen un papel fundamental, ya que permiten entender los valores, conductas, identidades y desigualdades que influyen en la manera en que las personas responden a los problemas ambientales. Desde esta mirada, la sustentabilidad implica mucho más que gestionar recursos naturales: supone reflexionar sobre cómo las sociedades se organizan, producen, consumen y se relacionan con su entorno.

La trayectoria de Billi refleja precisamente esa apuesta por vincular ciencia, sociedad y toma de decisiones. Especialista en gobernanza ambiental y comunicación de la ciencia, el investigador ha advertido sobre la creciente distancia entre política y evidencia científica, fenómeno que atribuye, entre otros factores, a la expansión de la posverdad y al uso de redes sociales e inteligencia artificial para amplificar la desinformación. Su incorporación al séptimo ciclo del IPCC constituye además un reconocimiento a su trabajo desarrollado en el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y la Universidad de Chile en investigación climática. "Es un honor representar a Chile en un espacio global que da visibilidad y reconocimiento al trabajo de la ciencia nacional", señaló, destacando que el IPCC permite fortalecer el diálogo entre la evidencia científica y la toma de decisiones a escala mundial.

La transdisciplina como camino

Para el investigador Marco Billi, la universidad tiene un papel fundamental en la formación de profesionales capaces de enfrentar esta complejidad. "La universidad puede y debe formar profesionales con un nuevo tipo de conocimiento y competencias que crucen los bordes disciplinares, involucrándose de manera real con los problemas sociales y las comunidades", sostiene.

En su opinión, la investigación debe orientarse cada vez más hacia la generación de soluciones socialmente relevantes y capaces de responder a los desafíos concretos que enfrentan las comunidades. La transdisciplina aparece así como una herramienta clave para conectar conocimiento científico, experiencia territorial y acción colectiva.

C. Salud comunitaria y bienestar colectivo

Cuando se habla de sustentabilidad, suele pensarse en ecosistemas, recursos naturales o cambio climático. Sin embargo, el bienestar de las personas y la fortaleza de las comunidades también forman parte de los desafíos que determinan la sostenibilidad de una sociedad. Desde esa perspectiva trabaja la campaña "Besa la Vida, Cuida tu Boca", iniciativa impulsada por la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile y la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), que promueve la salud bucal, la salud mental y el cuidado comunitario a través de estrategias que integran educación, cultura y participación ciudadana.

El proyecto nació en 2016, impulsado por la gestora cultural Varinia Reyes Bórquez en conjunto con la Clínica de Medicina Oral y el Departamento de Patología y Medicina Oral de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile. Su propuesta fue innovadora desde el inicio: promover conductas saludables, autocuidado y autoexamen de la boca mediante el acto reflexivo de escribir sobre salud oral. Dos años más tarde, la iniciativa fortaleció este enfoque al establecer una alianza con la Sociedad de Escritores de Chile, consolidando un espacio de encuentro entre ciencia y arte para fomentar la educación en salud y el trabajo con comunidades en distintos territorios del país.

Para Varinia Reyes, cientista social, gestora cultural y directora de la campaña, la salud no puede entenderse únicamente desde una lógica clínica, sino también como una construcción colectiva que involucra a las personas, sus vínculos y los territorios que habitan.

"Nuestra campaña trabaja con metodologías ágiles entre arte y ciencia, entre clínica y calle, entre política pública y cotidianidad. Utilizamos recursos culturales como la escritura y la lectura para abrir espacios afectivos y simbólicos donde las personas puedan hablar de dolor, miedo, vergüenza o deseos en torno a su salud mental y salud bucal. Es una forma de transformar experiencias en relatos compartidos; ahí ocurre algo muy valioso: la salud deja de ser lo que me dicen que debo hacer y se convierte en lo que decidimos cuidar juntos".

Esta mirada también se expresa en el trabajo territorial desarrollado por la iniciativa junto a comunidades de Santiago y distintas regiones del país. A lo largo de los años, la campaña se ha sumado a actividades comunitarias, educativas y socioambientales que buscan fortalecer el vínculo entre salud, bienestar y territorio.

"Desde nuestra vinculación con diversas poblaciones en Santiago y regiones, hemos podido sumarnos a iniciativas ya existentes y, al mismo tiempo, fortalecer nuestras metodologías participativas. Hemos colaborado en jornadas socioambientales en la Vertiente, de la población "Última Hora de La Pincoya", participando en labores de limpieza y en la construcción de pozos de agua para procesos de reforestación. También hemos desarrollado actividades de senderismo y educación al aire libre junto a escuelas de Curacaví y del Valle del Elqui. Estas experiencias nos han permitido no solo promover salud y bienestar, sino también consolidar el vínculo afectivo de nuestros estudiantes con los territorios".

Cuidar el ambiente es cuidar la vida

Para Reyes, este tipo de experiencias demuestra que la sustentabilidad no puede reducirse únicamente a acciones ambientales. También implica fortalecer comunidades, generar espacios de participación y promover condiciones que permitan una vida más saludable, inclusiva y resiliente.

"El cuidado del ambiente no solo es un ejercicio de corresponsabilidad y de cuidado colectivo; también es un acto de amor hacia nosotros mismos, considerando a la tierra como un elemento vital para la existencia humana".

D. Participación estudiantil, comunidad y acción colectiva

La sustentabilidad también se construye desde las aulas, los patios universitarios y las iniciativas impulsadas por las y los estudiantes. En la Universidad de Chile, distintas organizaciones estudiantiles han asumido un rol activo en la promoción de prácticas sustentables, generando espacios de encuentro, educación ambiental y participación comunitaria.

Una de ellas es la Organización Estudiantil por la Sustentabilidad (OES), un colectivo autogestionado y transdisciplinario conformado principalmente -pero no excluyente-, por estudiantes del Campus Juan Gómez Millas (JGM). Su trabajo se enfoca en diversas problemáticas socioambientales presentes dentro de la universidad, incluyendo educación ambiental, gestión de residuos y levantamiento de biodiversidad.

Para Fernanda Gallardo Naranjo, estudiante de Licenciatura en Ciencias con Mención en Biología e integrante de la directiva de la organización, el trabajo estudiantil permite transformar el compromiso ambiental en acciones concretas.

Estudiantes como agentes de cambio

"Nos convertimos en un motor de cambio, en una herramienta para la divulgación de problemáticas ambientales y en un lugar donde el compromiso con el cuidado del medio ambiente no sea solamente un discurso institucional, sino una práctica cotidiana para todos los presentes en nuestro campus", señala.

Entre las iniciativas que impulsó la organización destaca La LombriCultura en JGM, proyecto financiado por el Fondo Azul de la Universidad de Chile que ha permitido fortalecer procesos de compostaje y reciclaje dentro del campus. Asimismo, la agrupación desarrolla actividades de educación ambiental, jornadas de convivencia y espacios de encuentro para promover una cultura socioambiental entre estudiantes de distintas disciplinas. A ello se suma el trabajo de identificación y registro de flora y fauna presente en los recintos universitarios, contribuyendo a visibilizar la biodiversidad que existe dentro de la propia institución.

Desde la organización destacan que la participación estudiantil es fundamental para formar profesionales capaces de comprender los desafíos socioambientales que enfrenta el país. Una tarea que no depende exclusivamente de quienes estudian carreras relacionadas con el medio ambiente, sino que involucra a estudiantes de todas las disciplinas.

"Como futuros profesionales, independientemente de la carrera, necesitamos formar una perspectiva socioambiental para proteger nuestro hogar y nuestro futuro", agrega.

Sustentabilidad, salud mental y sentido de comunidad

La preocupación por la crisis climática también tiene efectos emocionales. En los últimos años, conceptos como la eco ansiedad han comenzado a formar parte de la conversación pública, especialmente entre las generaciones más jóvenes. 

"Muchas personas experimentan miedo, frustración o tristeza frente a la crisis ambiental. Participar en actividades sustentables, como un huerto comunitario, la organización de puntos de reciclaje o la educación ambiental, permite canalizar esas emociones y transformarlas en acciones concretas", explica.

Según la estudiante, estos espacios también ayudan a enfrentar el aislamiento que muchas veces acompaña la vida universitaria. Compartir preocupaciones comunes y trabajar por objetivos colectivos fortalece los vínculos entre estudiantes, genera redes de apoyo y contribuye al bienestar emocional de quienes participan. "Estas instancias pueden convertirse en un refugio emocional, en un sentido de comunidad y en una red de apoyo formada por personas que muchas veces sienten las mismas inquietudes y preocupaciones", afirma.

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, Gallardo entrega un mensaje especialmente dirigido a quienes desean involucrarse en estos temas, pero no saben por dónde empezar. "Para llevar una vida sustentable no es necesario ser bióloga, experta en ecología o haber estudiado una carrera relacionada con el medio ambiente. Lo más importante es la disposición para cambiar", señala.

E. Ingeniería para transformar el futuro

Durante mucho tiempo, la ingeniería fue vista principalmente como una disciplina orientada al desarrollo de infraestructura, procesos productivos y soluciones tecnológicas. Sin embargo, frente a desafíos como el cambio climático, la crisis de los recursos naturales y la necesidad de construir ciudades más resilientes, su papel adquiere una nueva dimensión.

Así lo plantea el Prof. Felipe Díaz, académico del Departamento de Ingeniería Química, Biotecnología y Materiales (DIQBM) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, director académico de la red transdisciplinaria EneAS e investigador colaborador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), quien sostiene que la ingeniería tiene una responsabilidad clave en la construcción de soluciones sostenibles.

De parte del problema a parte de la solución

Para el académico, la ingeniería ocupa una posición particular frente a la crisis ambiental, ya que muchas de las transformaciones que hoy resultan necesarias pasan precisamente por rediseñar sistemas, infraestructuras y procesos construidos durante décadas.

"La ingeniería trabaja sobre todo en diseñar soluciones, proponer cambios y evaluarlos. Y como históricamente hemos sido parte del problema, también nos toca ser parte de la respuesta", afirma.

Díaz explica que gran parte de los sistemas desarrollados durante el último siglo fueron concebidos sin considerar plenamente sus impactos ambientales. Por ello, sostiene que uno de los grandes desafíos actuales consiste en revisar críticamente esos modelos y generar nuevas formas de diseñar ciudades, infraestructuras y sistemas productivos capaces de responder a los desafíos del siglo XXI.

Sin embargo, advierte que estos problemas no pueden abordarse desde una sola disciplina. "Cuando miramos un problema desde una sola disciplina, se nos escapa buena parte de lo que está pasando", señala.

Su trayectoria reciente refleja precisamente esa visión integradora. En 2025 fue promovido a la categoría de Profesor Asociado de la Universidad de Chile e ingresó como investigador colaborador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), donde participa en la línea de investigación sobre Ciudades Resilientes. Ese mismo año encabezó desde la Universidad de Chile las gestiones para desarrollar, junto al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), el primer Diplomado de Extensión en Evaluación de Impacto Ambiental en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA).

El programa abordó temáticas como evaluación ambiental, identificación de impactos, cumplimiento normativo, cambio climático, uso de geoinformación y participación ciudadana, reuniendo a 103 participantes provenientes de distintas regiones del país. De ellos, 97 aprobaron exitosamente el diplomado, incluyendo funcionarios del SEA, profesionales y estudiantes de la Universidad de Chile, así como representantes de organismos públicos con competencia ambiental.

Las nuevas generaciones frente al desafío de rediseñar el mundo

Díaz también destaca el rol que tendrán las futuras generaciones de profesionales en la transición hacia modelos de desarrollo más sostenibles. "Las próximas generaciones tienen por delante una tarea difícil y bonita a la vez: rediseñar casi todo", sostiene.

A su juicio, las ingenieras e ingenieros poseen una capacidad única para transformar sistemas, evaluar alternativas e impulsar cambios concretos en la sociedad. Sin embargo, esa capacidad también implica una responsabilidad creciente frente a los desafíos ambientales y sociales que marcarán las próximas décadas.

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, Díaz invita a ampliar la mirada sobre quiénes son responsables de construir un futuro sostenible.

"Si la sustentabilidad trata de que las generaciones que vienen tengan un futuro en buenas condiciones, entonces nos involucra a todas y todos. No es un tema reservado a un grupo reducido de personas: es una pregunta sobre cómo queremos vivir y qué queremos dejar", reflexiona.

Sus palabras recuerdan que la sustentabilidad no es únicamente una discusión técnica. También es una conversación ética, social y política sobre el tipo de sociedad que queremos construir y el legado que dejaremos a las futuras generaciones.

F. Agricultura campesina, biodiversidad y sistemas alimentarios

La sustentabilidad también se construye a través de la forma en que producimos y consumimos alimentos. Para Iván Cano Silva, coordinador ejecutivo de la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación de la Universidad de Chile, la agricultura familiar campesina cumple un papel fundamental en la protección del medio ambiente debido a su estrecha relación con la biodiversidad y los territorios.

Según explica, las pequeñas unidades productivas suelen favorecer una mayor diversidad de cultivos y especies, fortaleciendo los ecosistemas, contribuyendo a la conservación de los suelos y aumentando la resiliencia frente a fenómenos asociados al cambio climático. "La agricultura familiar campesina tiene el potencial de contribuir al desarrollo sostenible por su relación con la biodiversidad y con los ciclos de la naturaleza", señala.

A diferencia de sistemas agrícolas altamente especializados, la agricultura campesina suele mantener una relación más estrecha con los procesos ecológicos locales, permitiendo una mejor adaptación a las características de cada territorio.

Agroecología y circuitos cortos

Cano también destaca la importancia de prácticas como la agroecología, que promueven sistemas productivos más circulares y con menor dependencia de insumos externos. Además, subraya la necesidad de fortalecer los vínculos entre quienes producen alimentos y quienes los consumen. Reducir las distancias entre ambos actores permite disminuir emisiones asociadas al transporte, fortalecer economías locales y generar una mayor conciencia sobre el origen de los alimentos.

En un contexto donde gran parte de la población vive desconectada de los procesos productivos, recuperar esos vínculos adquiere una relevancia creciente. Para Cano, la alimentación puede convertirse en una puerta de entrada para reflexionar sobre los desafíos ambientales.

"Nos alimentamos todos los días. Pensar de dónde vienen nuestros alimentos puede ser una puerta de entrada para reflexionar sobre la sostenibilidad y sobre el papel que cada persona puede desempeñar en la transformación de los sistemas alimentarios", afirma.

La invitación es a comprender que las decisiones cotidianas de consumo también tienen consecuencias ambientales, económicas y sociales. De esta manera, el cuidado del medio ambiente deja de percibirse como una tarea lejana y se conecta con prácticas tan habituales como comprar alimentos, cocinar o elegir qué productos llevar a la mesa.

En esa línea, la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación de la Universidad de Chile impulsa el proyecto "Del Desecho al Recurso Comunitario: Codiseño de un modelo de gobernanza sustentable para residuos orgánicos en las ferias libres de El Bosque", ganador del Fondo Valentín Letelier 2025.

La iniciativa busca transformar los residuos orgánicos generados en las ferias libres de la comuna en recursos para las comunidades, promoviendo su reutilización mediante bancos de alimentos y la producción de compost para huertas comunitarias. El proyecto reúne a organizaciones sociales, feriantes, autoridades locales y actores internacionales, incluyendo a la Fundación Educación Popular en Salud (EPES), la Municipalidad de El Bosque, la Confederación Gremial Nacional de Organizaciones de Ferias Libres (ASOF) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

A nivel universitario, participan distintas unidades académicas articuladas a través de la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación, entre ellas la Facultad de Medicina, la Facultad de Ciencias Agronómicas, la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) y el Grupo Transdisciplinario para la Investigación, Docencia y Extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), reflejando el carácter interdisciplinario que requieren los desafíos alimentarios actuales.

G. Moda sostenible: el impacto de nuestras decisiones de consumo

Aunque suele asociarse principalmente con el diseño o las tendencias, la moda también forma parte de las conversaciones sobre sustentabilidad. Así lo plantea Francisca Ruiz, periodista de la Universidad de Chile especializada en moda y fundadora de Blog de Cero, medio digital dedicado a visibilizar el diseño nacional y promover una reflexión crítica sobre la industria textil.

Para la comunicadora, en Chile resulta imposible hablar de moda sin abordar temas como la moda circular, la reutilización y el impacto ambiental del consumo masivo de ropa. Esto cobra especial relevancia en un país que figura entre los mayores consumidores de vestuario de la región y donde gran parte de los residuos textiles termina acumulándose en distintos territorios.

"Cuando hablamos de moda chilena, no podemos sacar de la conversación la moda circular. Tenemos un sobreconsumo importante y eso genera impactos ambientales que ya son visibles", explica.

Avances y desafíos pendientes

Si bien reconoce que en los últimos años se han producido avances, como la incorporación de los textiles en la Ley REP, considera que todavía existen desafíos importantes para avanzar hacia transformaciones más profundas. En ese escenario, destaca el trabajo de diseñadores, emprendimientos y proyectos vinculados al reciclaje creativo o upcycling, una práctica que busca dar nueva vida a materiales y prendas existentes para reducir residuos y prolongar su uso.

Estas iniciativas muestran que es posible desarrollar modelos alternativos de producción y consumo, aunque todavía representan una parte pequeña del mercado. Más allá de los cambios estructurales, Ruiz enfatiza la importancia del consumo consciente.

"No se trata necesariamente de dejar de comprar, sino de ser conscientes de qué estamos comprando, cuánto tiempo nos va a durar una prenda, cuál es su impacto y qué ocurrirá con ella cuando deje de usarse", señala.

La periodista también destaca el papel que pueden cumplir los medios de comunicación en la difusión de estos temas, acercando conceptos complejos al público general y promoviendo una conversación más amplia sobre sustentabilidad. A su juicio, el desafío es comprender que la moda no está separada de los problemas ambientales, sino que forma parte de ellos y también de sus posibles soluciones.

"Cada vez que se converse sobre moda, también debería hablarse de sustentabilidad. Ya son temas inseparables", concluye.

Nacido en 2022 como un espacio independiente dedicado a la moda, hoy el medio digital se enfoca en destacar el trabajo de diseñadores, marcas emergentes, proyectos sostenibles y figuras que están transformando la escena local. A través de noticias, entrevistas, columnas de opinión y contenido audiovisual, Blog de Cero acerca la moda chilena a nuevas audiencias y contribuir a su profesionalización dentro de la industria.

H. Naturaleza, salud e inclusión: una sustentabilidad para todas las personas

Cuando se habla de conservación ambiental, muchas veces la discusión se centra en la protección de ecosistemas o la preservación de espacios naturales. Sin embargo, la sustentabilidad también implica preguntarse quiénes pueden acceder a esos espacios y cómo se relacionan con ellos.

Desde esa perspectiva trabaja el proyecto "Derecho a la naturaleza: senderismo adaptado y educación ambiental en la precordillera de Santiago", impulsado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile a través de su Fondo de Extensión. La iniciativa busca acercar los entornos naturales a personas con discapacidad mediante experiencias de senderismo adaptado, promoviendo al mismo tiempo la educación ambiental, la actividad física y la inclusión social.

Para la Prof. Fernanda Aleitte, del Departamento de Kinesiología de la Universidad de Chile y encargada del proyecto, el acceso a la naturaleza debe entenderse como un derecho para todas las personas.

"Bajo el marco de las Naciones Unidas existe el derecho humano a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible. Sin embargo, muchas personas con discapacidad no cuentan con accesos adecuados a los entornos naturales y terminan quedando excluidas de espacios que favorecen la salud, la recreación y el bienestar", explica.

La especialista señala que el contacto con la naturaleza genera beneficios ampliamente documentados para la salud física y mental. Diversas investigaciones han demostrado que pasar tiempo en espacios naturales contribuye a disminuir el estrés, la ansiedad y la fatiga mental, además de favorecer la regulación de distintos procesos fisiológicos asociados al bienestar. "El aprendizaje en terreno tiene un impacto muy significativo. Poder conocer una especie vegetal tocando sus hojas, escuchar los sonidos del entorno o recorrer un sendero permite que el aprendizaje sea mucho más participativo y significativo", destaca.

Aprender desde la experiencia

El proyecto incorpora además un importante componente de educación ambiental desarrollado en conjunto con el Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO). Durante las actividades se generan espacios para reconocer flora y fauna nativa, aprender sobre los ecosistemas de la precordillera y fortalecer el vínculo de las personas con el territorio.

Estas experiencias reúnen a estudiantes, docentes, voluntarios, personas con discapacidad y sus familias en una misma actividad, fortaleciendo los vínculos comunitarios y ampliando las oportunidades de participación. 

Una naturaleza accesible

Para la académica, una visión integral de la sustentabilidad debe incorporar necesariamente la inclusión y la accesibilidad. "Cuando todas las comunidades pueden utilizar y disfrutar los espacios naturales, también se hace más evidente la importancia de protegerlos y mantenerlos para las futuras generaciones. Los espacios naturales no deberían estar privados para ningún grupo de la sociedad", afirma.

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, su mensaje es claro: la mejor forma de cuidar estos espacios es habitarlos, conocerlos y valorarlos. "Hay que utilizar los entornos naturales, observarlos, recorrerlos y preguntarse cómo podemos mejorarlos. Si no estamos presentes en ellos, difícilmente podremos reconocer sus necesidades o contribuir a su conservación. Cuidar la naturaleza también es cuidar nuestra propia salud", concluye.

Un desafío compartido

Las experiencias reunidas en este reportaje muestran que la sustentabilidad no pertenece a una sola disciplina ni puede reducirse a un único ámbito de acción. Está presente en la investigación científica, en la educación, en la salud comunitaria, en la agricultura, en la ingeniería, en la moda, en la inclusión y en la participación estudiantil.

A más de cincuenta años de la creación del Día Mundial del Medio Ambiente, el principal desafío sigue siendo comprender que la crisis ambiental atraviesa todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Las respuestas, por tanto, también deben construirse desde múltiples miradas, saberes y experiencias. 

Desde la Universidad de Chile, las iniciativas aquí presentadas coinciden en una idea común: avanzar hacia sociedades más sostenibles requiere colaboración, diversidad, participación y compromiso colectivo. Porque proteger el medio ambiente no es únicamente conservar ecosistemas o reducir emisiones; también implica construir comunidades más justas, inclusivas y resilientes.

En tiempos marcados por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las crecientes desigualdades sociales, el cuidado del planeta aparece como una tarea compartida. Una tarea que comienza en los territorios que habitamos, en las decisiones que tomamos cada día y en la capacidad de trabajar juntos para imaginar y construir futuros más sostenibles para todas y todos.