Carlos Carmona ingresó a la Universidad de Chile en 1979 para estudiar Geología, pero se cambió de carrera a Ingeniería Civil de Minas porque le atraían más las asignaturas vinculadas al trabajo en terreno y a la aplicación práctica de la ingeniería. Desde pequeño soñaba con trabajar algún día en las plataformas petroleras ubicadas en el Estrecho de Magallanes. Le llamaba la atención la tecnología, la posibilidad de participar en proyectos complejos y estar cerca de una industria que, para la época, representaba la frontera del desarrollo técnico.
Lo que no imaginaba era que la formación recibida en Beauchef terminaría entregándole mucho más que conocimientos especializados. En medio de una etapa marcada por la pérdida de sus padres y la necesidad de compatibilizar estudios y trabajo, encontró en la Universidad de Chile las herramientas que definirían su vida profesional y personal.
“Cuando murieron mis padres y busqué trabajar y estudiar, me preguntaba cómo terminaría esta carrera que me estaba entregando tanto, a pesar de estos temas que me estaban ocurriendo. Me supe adaptar y la escuela me ayudó bastante en ese sentido”, recuerda. Cuando se le pregunta por lo que le entregó la Universidad de Chile, dice que fue precisamente la capacidad de desarrollar resiliencia frente a escenarios complejos. También destaca la trayectoria de la Universidad en el área de la minería: “Toda la historia del trabajo en minas estaba en la Universidad de Chile, no estaba en otra parte. De hecho, la carrera va a cumplir 175 años”. Y añade: “No muchos optaban por ingeniería de minas en esos años, la más popular era la ingeniería hidráulica y la ingeniería industrial. Porque estudiar ingeniería de minas era como escoger un estilo de vida, uno tenía que irse fuera de Santiago, irse al desierto o a las montañas (…) De todas maneras, se destacaba que la industria iba a crecer mucho en los próximos años y que habría muchas posibilidades”.
Una escuela que formaba carácter y pensamiento crítico
Carlos Carmona destaca que la formación que entregaba la Universidad de Chile en Ingeniería Civil de Minas combinaba una sólida base científica con una comprensión amplia de la realidad social. “La resiliencia, adaptarse, esforzarse. La escuela es muy fuerte en la física, sobre todo, en la matemática. Y formar ese pensamiento, que hoy en día llaman pensamiento crítico, para cuestionar modelos o cosas que puedan ocurrir, es una mezcla entre lo muy científico y tecnológico con lo público, con el tema social”, señala. En la Universidad “no te iban a congelar un semestre si no era necesario, no te iban a hacer repetir una nota, pero sí te daban la oportunidad de repuntar. Y eso me sirvió para toda mi vida, porque cuando empecé a trabajar me di cuenta de que era mucho más fácil que estudiar. En la universidad se estudiaba mucho, había que amanecerse, había que responder, los horarios eran inflexibles. La universidad era bastante estricta y formó este carácter de adecuarse, de rebuscársela, porque eso es muy importante”.
Durante sus años universitarios, no solo se dedicó a los estudios. Fue presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería de Minas en 1986, participó en actividades pastorales, deportivas y trabajos voluntarios, experiencias que le permitieron relacionarse con estudiantes de distintos orígenes y disciplinas. “Había gente de distintas tendencias políticas y orígenes sociales. Era lo que se destacaba en la escuela, también uno tenía compañeros de muchas regiones: de Concepción, de Calama, de Puerto Montt. Era exquisita esa convivencia”, recuerda.
La diversidad y el sentido de comunidad fueron aspectos que, a su juicio, enriquecieron su experiencia universitaria. Al ser una carrera pequeña, existía una relación cercana entre estudiantes y académicos, lo que generó vínculos que perduran hasta hoy. “Los compañeros de la universidad son para toda la vida. Tuve estupendos profesores, que todavía recuerdo, me trae mucha nostalgia la época”.
Otro de los elementos que marcaron su paso por la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas fue la diversidad de trayectorias de sus profesores. “En esos años, la mayoría de los profesores eran gente que estaba en el mercado, que tenían cargos importantes en las empresas; otros eran emprendedores, investigadores. Entonces ese mix de profesores también fue muy relevante”, explica.
Aquella conexión entre universidad e industria, junto con su necesidad de trabajar, le permitió acercarse tempranamente al mundo laboral. Mientras aún estudiaba, comenzó a trabajar en Codelco, una experiencia que complementó la formación académica y fortaleció su interés por las nuevas tecnologías. Con el paso de los años, esa combinación de conocimientos, experiencia práctica y capacidad de adaptación lo llevó a desempeñar cargos de liderazgo en empresas como ENAP, ExxonMobil, Anglo American y Hexagon Mining.
De Beauchef a la minería inteligente
Retrospectivamente, dice que “todas estas empresas gigantes internacionales que existen hoy en día partieron en Chile en los años 90, creciendo muy fuerte y globalizándose desde nuestro país. Y eso no ha parado. Hoy en día la tecnología necesita minerales críticos, como litio y cobre, y Chile se transformó en un productor súper importante”.
Con más de 40 años de ejercicio profesional, Carlos Carmona afirma que “la minería no es la misma, hoy es una minería compleja, está en lugares súper complejos. Por eso las tecnologías son las que están permitiendo que yacimientos muy antiguos vuelvan a ser productivos. El modelo operacional que tienen todas las compañías mineras está pensado en la minería inteligente, el uso de la automatización, la robótica, la inteligencia artificial. Tenemos minería para muchos años. Si antes entraban cinco estudiantes a la carrera, hoy están entrando 100 entre alumnos y alumnas. La minería ya no es solamente para ingenieros de minas, la minería se transformó en una industria transversal, donde están los electrónicos, los mecatrónicos, los informáticos, medioambientalistas, abogados… es la industria de los chilenos”.
Desde enero de 2026 es presidente del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile (IIMCh), un organismo que conocía desde sus tiempos de estudiante en la Universidad de Chile, pues “muchos académicos e investigadores participaban del Instituto, una organización que cumple 95 años”. Recuerda que fue becado para seguir sus estudios y siempre dijo que iba a volver. Explica que “el Instituto me contactó por los temas tecnológicos y empecé a participar como director. Desde que comencé en la presidencia del Instituto estamos hablando de temas de sustentabilidad, de sostenibilidad, de inclusión, cosas que eran a lo mejor tangenciales a la industria. Entonces los temas son: productividad, costos, seguridad y sostenibilidad. Para ser sostenible y sustentable hay que preparar a las nuevas generaciones y tiene que haber alguna organización que empuje para que las universidades mejoren sus mallas curriculares, de manera que los profesionales de la minería no solo entiendan de procesos y operaciones unitarias, sino también del impacto real de la industria en el medioambiente y en las comunidades”.
Está convencido de que para hacer minería no hay que generar daño. “Formar ese tipo de profesionales es relevante, porque muchos se van a ir a Argentina, a Australia, a Perú, que son los polos del mundo. Se requieren muchos minerales hoy en día, incluso para la inteligencia artificial, que requiere servidores, procesadores, todos compuestos por distintos tipos de minerales. Entonces la tarea es educar, formar, orientar las políticas públicas, impactar en las formaciones, de manera que realmente sea la industria de todos los chilenos”.