Tecnología y salud

¿Usas tu smartwatch para contar calorías? Experto U. de Chile explica que podría no ser tan útil como creemos

¿Usas tu smartwatch para contar calorías? Podría no ser tan útil como crees
Las únicas mediciones realizadas por los smartwatch que tienen respaldo científico son la cantidad de pasos y la frecuencia cardiaca.
Las únicas mediciones realizadas por los smartwatch que tienen respaldo científico son la cantidad de pasos y la frecuencia cardiaca.
La duración e identificación de las fases del sueño realizada por los relojes inteligentes presenta errores considerables.
La duración e identificación de las fases del sueño realizada por los relojes inteligentes presenta errores considerables.
Los deportistas no deberían depender exclusivamente de la información entregada por el reloj. Sin embargo, otros datos derivados del acelerómetro, como distancia y velocidad, sí son más confiables.
Los deportistas no deberían depender exclusivamente de la información entregada por el reloj. Sin embargo, otros datos derivados del acelerómetro, como distancia y velocidad, sí son más confiables.
El profesor Hugo Aceituno, académico de la Línea de Actividad Física del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH).
El profesor Hugo Aceituno, académico de la Línea de Actividad Física del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH).

Medir la frecuencia cardiaca durante una sesión de trote, conocer los niveles de oxígeno en sangre durante un entrenamiento o analizar la calidad del sueño al usarlos de noche son solo algunas de las funciones que ofrecen los relojes inteligentes. Estos dispositivos se han convertido en compañeros habituales para quienes buscan mantenerse activos y monitorear distintos aspectos de su salud.

Sin embargo, detrás de su creciente popularidad, persisten dudas sobre los mecanismos que emplean para registrar datos fisiológicos y el verdadero nivel de confianza que ofrecen sus indicadores. Al respecto, el profesor Hugo Aceituno, académico de la Línea de Actividad Física del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina, aseguró que “existen diferencias importantes entre los datos que estos relojes pueden medir directamente y aquellos que solo estiman mediante algoritmos”.

Lo que tu smartwatch mide bien (y lo que no)

El funcionamiento de estos dispositivos se basa principalmente en dos componentes integrados: los acelerómetros y los sensores de fotopletismografía. “El acelerómetro es una tecnología capaz de detectar patrones de movimiento. Es el responsable de identificar actividades cotidianas, como caminar —cantidad de pasos—, a partir de los movimientos del brazo en el que se lleva el reloj”, explicó el profesor Aceituno.

Por otro lado, “los sensores de fotopletismografía utilizan luz para detectar cambios en el volumen sanguíneo a nivel de la muñeca, lo que permite medir principalmente la frecuencia cardiaca”, agregó.

Justamente, la cantidad de pasos y la frecuencia cardiaca son las dos únicas métricas que los smartwatch miden con precisión comprobada científicamente. “Todos los demás parámetros que nos muestra el reloj corresponden a estimaciones realizadas a partir de estas mismas variables”, afirmó el académico.

El profesor advirtió que parámetros ampliamente utilizados por los usuarios, como el gasto calórico o las fases del sueño, presentan márgenes de error considerables. “Los estudios científicos disponibles actualmente coinciden en que los relojes inteligentes muestran niveles de error elevados al estimar variables como el gasto energético, donde las desviaciones pueden acercarse al 30 %”, señaló el profesor Aceituno.

“Esto significa que, durante la actividad física, el reloj puede indicar que estás quemando 300 calorías cuando en realidad podrían ser 500 o 200. Es decir, el gasto energético puede estar tanto subestimado como sobreestimado. Por lo tanto, no son herramientas adecuadas para orientar intervenciones o tomar decisiones basadas en el número de calorías”, explicó.

Lo mismo ocurre con el descanso nocturno. “Estos dispositivos son capaces de identificar con bastante precisión si una persona está despierta o dormida, pero no distinguen adecuadamente las distintas etapas del sueño, ya que esa clasificación la realizan en base a algoritmos, no a mediciones directas. Lo mejor que hacen es medir el tiempo que tarda una persona en quedarse dormida, pero la duración e identificación de las fases del sueño presenta errores considerables”, afirmó. 

La precisión de las mediciones también puede verse afectada por diversos factores cotidianos. “La frecuencia cardiaca puede alterarse según qué tan ajustada esté la correa del reloj, por la exposición al frío o por cambios en la circulación periférica. Del mismo modo, ciertos movimientos de los brazos o vibraciones externas —por ejemplo, cuando vas en una micro y los amortiguadores generan movimientos hacia arriba y hacia abajo— pueden hacer que el dispositivo registre pasos que en realidad no se han dado”, detalló.

Tu smartwatch no diagnostica, solo orienta

Si bien estos dispositivos son ampliamente utilizados por personas que practican actividad física, el profesor Aceituno enfatizó que los deportistas no deberían depender exclusivamente de la información entregada por el reloj. “Para quienes siguen un plan de entrenamiento serio, nunca recomendaría confiar solamente en los datos fisiológicos del smartwatch. Es necesario complementarlos con sensores más precisos, como las bandas de frecuencia cardiaca que se utilizan a nivel del tórax. Otros datos derivados del acelerómetro, como distancia y velocidad, sí son más confiables”, sostuvo.

Más que fijarse en valores puntuales, el especialista recomienda observar la evolución de los datos en el tiempo. “Lo ideal es no mirar los valores absolutos, porque generalmente tienen errores, sino seguir las tendencias. Esto quiere decir que, si una variable muestra cambios sostenidos durante semanas o meses, esa información puede ser mucho más útil que un dato aislado. Por ejemplo, si mi reloj me indica durante un mes que estoy durmiendo mal, quizás sea bueno consultar a un neurólogo”, explicó.

En contraste, para la población general, los relojes inteligentes pueden transformarse en una herramienta útil para promover hábitos saludables. El especialista destacó el valor de las alertas incorporadas por muchos de estos dispositivos, que incentivan a levantarse del asiento y realizar movimientos o estiramientos breves durante la jornada laboral. “Interrumpir el comportamiento sedentario tiene beneficios reales para la salud. Los mensajes y recordatorios que incentivan a moverse más pueden ayudar efectivamente a aumentar los niveles de actividad física”, indicó.

Investigación en la materia

En el Departamento de Kinesiología, estos dispositivos también forman parte de proyectos de investigación desarrollados en el Laboratorio de Fisiología del Ejercicio. Sin embargo, su utilización se realiza junto con otros instrumentos que permiten aumentar la precisión de las mediciones. “Nosotros ocupamos estos relojes conectados a otros sensores que miden directamente los parámetros fisiológicos que nos interesa evaluar. Esa combinación permite aumentar significativamente la precisión de los registros”, explicó el profesor Hugo Aceituno.

En ese contexto, a pesar de poder conectarlos a maquinaria de mediciones complejas, el experto señaló que una de las principales limitaciones para la validación científica de muchas de las métricas utilizadas por los smartwatch radica en que los algoritmos empleados por las compañías son confidenciales. “Todo aquello que no es cantidad de pasos o frecuencia cardiaca se estima en base a algoritmos que los fabricantes mantienen en una ‘caja negra’. Esa información no está publicada y no podemos acceder a ella para entender exactamente cómo realizan los cálculos”, afirmó.

A pesar de estas limitaciones, algunos avances han demostrado utilidad clínica. “Hoy existen relojes que pueden detectar arritmias y lo hacen bastante bien. Sin embargo, si el dispositivo alerta sobre alguna alteración, eso debe entenderse como una señal para consultar a un especialista y no como un diagnóstico definitivo”, enfatizó.

En cuanto a la elección de los smartwatch, el académico señaló que no existe un reloj que sea objetivamente mejor en todos los aspectos. Su desempeño depende de la métrica que se busca monitorear y del uso que se le dará. “Hay relojes que están más validados para un tipo de métricas que para otras. Garmin y Apple, por ejemplo, miden mejor los parámetros relacionados con la frecuencia cardíaca, mientras que Fitbit y Samsung obtienen mejores resultados en variables asociadas al movimiento y la acelerometría”, explicó.

En ese sentido, el profesor recomendó definir previamente cuáles son las necesidades de cada usuario. “Si quiero elegir un dispositivo, lo primero es preguntarme qué quiero obtener de él y qué uso le voy a dar. En términos deportivos, por ejemplo, recomiendo Garmin por las métricas que entrega y la forma en que presenta la información. En cambio, si se busca mayor conectividad y funcionalidades asociadas al teléfono, dispositivos como Apple Watch o Galaxy Watch ofrecen ventajas en ese ámbito”, indicó.

De cara al futuro, el académico expresó su creencia de que estos dispositivos seguirán ganando relevancia como herramientas de monitoreo personal, siempre que se comprendan sus alcances reales. “El reloj es una orientación más que un diagnóstico propiamente tal. Lo importante es utilizarlo para observar tendencias, apoyar hábitos saludables y, cuando corresponda, buscar la evaluación de un profesional de la salud”, concluyó.