Con una destacada trayectoria académica e investigativa, la artista y escritora española Arantxa Romero impartió un laboratorio en el Doctorado en Creación Artística, un proyecto académico recientemente creado en la Facultad de Artes, el cual se propone potenciar la autorreflexión sobre el registro y la obra como eje central en la producción de conocimiento.
Titulado Escribir con imágenes, imaginar escrituras. Claves intermediales para investigar desde la práctica artística, el laboratorio se centró en ofrecer herramientas tanto teóricas como prácticas a los y las estudiantes doctorantes para escribir con imágenes y pensar la escritura desde una perspectiva expandida o experimental, con miras a realizar sus futuros proyectos de tesis para la obtención de su grado académico.
“Me siento muy agradecida y es muy especial para mí poder compartir este espacio de docencia en el Doctorado en Creación Artística. Mi relación con la Facultad de Artes viene por la profesora Ana Harcha, académica del Departamento de Teatro (DETUCH), que es mi compañera en un grupo de investigación que versa sobre las artes vivas y experimental, llamado Artea y que está radicado en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, en España. Junto al profesor Mauricio Barría, coordinador del programa, me ofrecieron la oportunidad de pensar un laboratorio dado que mi formación y interés de investigación deviene de la teoría del arte contemporáneo”, contó la docente.
En esta instancia las y los estudiantes dialogaron sobre las formas de concebir la escritura y las imágenes como un todo indivisible y profundizaron en torno a las experimentaciones gráficas del contexto europeo del siglo XX, a partir de ejercicios que ellos realizaron a modo de taller. En esta entrevista, la investigadora se refirió a este espacio que encontró dentro del programa de Doctorado en Creación Artística para seguir pensando, escribiendo e imaginando desde las prácticas artísticas y su devenir.
“La escritura e imagen pertenecen a un mismo mundo, lo sabemos desde la infancia, cuando sentimos que escribir es dibujar, hoy en nuestra vida digital cuando hablamos con emojis y en la larga tradición de escritura expandida que atraviesa todas las culturas desde los orígenes, pero que el llamado logocentrismo nos ha hecho borrar", expresó Arantxa Romero.
¿Cuáles fueron los principales objetivos de este laboratorio y su metodología de trabajo?
Durante las tres sesiones del laboratorio estuvimos hablando sobre cómo afecta el capitalismo académico a la escritura sobre o con el arte. Durante las clases también nos referimos a cómo hay metodologías para poner las imágenes al centro y no como una mera ilustración, luego practicamos ejercicios de escritura experimental que les podían ayudar en sus procesos artísticos.
La metodología se basó en una aproximación a través exposiciones, en las que ofrecí claves contextuales y metodológicas sobre el poder escribir con imágenes o imaginar escrituras. Hubo momentos de intercambio de experiencias colectivas de los propios estudiantes y otros en los que realizamos prácticas artísticas breves relacionadas con la cuestión de la escritura e imagen. Además, de un último momento en el que compartimos una bibliografía e hicimos un pequeño archivo, como una biblioteca con ejercicios de los compañeros y compañeras que participaron de la sesión.
Desde los estudios que has realizado y considerando que este ámbito ha sido uno de tus principales intereses, ¿cómo entiendes la relación de la escritura y las imágenes, desde tu formación en la teoría e historia del arte?
De formación soy historiadora del arte, pero además también escribo y desde el principio de mi carrera, siempre pensaba estos dos ámbitos, la escritura y las artes visuales, como dos vasos comunicantes. No como disciplinas completamente separadas e inconectas, tal y como se planteaba en las facultades. Entonces desde el trabajo de fin de máster hasta el postdoctorado, he estado intentando orillar estas dos corrientes de creación, la escritura y las artes visuales, a través de, sobre todo, investigación académica y pensando que esta cuestión de la imagen y la escritura juegan el mismo papel central en la creación artística. Y ahí tienen un fondo común que ha sido separado por este modo de pensamiento tan, digamos, metafísico de la filosofía europea donde se separa la materia, la forma, la escritura, el arte y el pensamiento.
Mi trabajo ha consistido en abordar teóricamente este problema para indistinguirlo y a la vez investigar a artistas, que en su mayoría son escritores y mujeres de letras, que conciben esta fusión. También lo trabajamos en el doctorado con estudios de casos. Hacia el siglo XX he trabajado a Henri Michaux, que es un artista belga nacionalizado francés, Unica Zürn, que es una artista alemana. Ambos trabajaron en el París de los años ‘50 y ahora me encuentro en Chile, investigando además a Cecilia Vicuña, que es una artista chilena, activista, poeta y hasta performer.
¿Y qué te llamó la atención de la obra de Cecilia Vicuña?
Me interesa mucho cómo hace sus propuestas, porque muchos de los artistas que he trabajado se diría que hacen poesía visual, que es una etiqueta con la que no estoy muy de acuerdo. Sigo mucho el pensamiento de una poeta y pensadora española actual, que se llama María Salgado y ella habla como la poesía visual nunca es visual. Es decir, que toda la escritura es también visual, si no sería imposible de leer. Entonces desterrando un poco esta clasificación, Cecilia Vicuña hace poesía visual, pero de una forma quizá diferente a las prácticas más de las vanguardias europeas.
Es una experimentación que tiene más relación con los glifos mayas, por ejemplo. Me interesan mucho tanto sus palabrarmas como las pinturas poema también que tiene de principios de los años ‘70. El proyecto que ha financiado mi viaje se llama Speak for Nature Marie Skłodowska-Curie Staff exchange action of the European Commission for the years 2023-2027, donde he venido a la asociación FIMA para investigar las relaciones entre escritura, cuerpo y animalidad en Cecilia Vicuña.
Entonces tú entiendes la relación de la poesía y las artes visuales como un todo, donde no hay posibilidad de división.
En primer lugar, podríamos decir como reflexión que la escritura no es un mero vehículo de las ideas, tal y como se concibe así en la cultura más inmediata, sino un poder que pertenece más al arte que al raciocinio. La escritura considero que es más del ámbito de la imaginación, del sueño, del arte, del cuerpo y ahí es como conecta con la imagen. Escribir e imaginar pertenecen un poco a este mismo dominio que ha sido capturado, que ha sido reprimido, relegado en el último lugar, pero sin embargo ofrecen un poco este mismo núcleo que tiene que ver con la imaginación. Cuando hablo de imagen, hablo de imaginación y de escribir de esa misma manera, no como una transcripción de una idea.
¿Qué invitación harías tú con respecto a la escritura? Considerando también que en Chile hay muchas personas interesadas en escribir.
Una de las cosas que también tratamos en la primera sesión fue la escritura frente al capitalismo académico y también a la inteligencia artificial, que van un poco de la mano. Sin duda, yo animaría a escribir más que nunca como un espacio de resistencia, de pensamiento, de imaginación, frente a una escritura cada vez más maquínica, más automática, carente de sensibilidad de cuerpo y secuestrada por estos poderes tecnológicos, que no han inventado por casualidad máquinas que escriben. Si la escritura no fuera vital, no habrían ido a ese núcleo, sino a otro lado. Sin embargo, ahora han ofrecido una suerte de herramienta mágica que para mí es un falso milagro.
Para mí ni las inteligencias artificiales ni son inteligencias ni son artificiales. Sólo para sirven para dormir un poder de resistencia como es la escritura.
¿Qué reflexiones atesoras luego de tu experiencia en la Universidad de Chile?
Esta visita se dio en un contexto creativo de primer orden. Todas las investigaciones que trajeron las artistas, las teóricas, teóricos y los doctorandos eran de enorme calidad, a pesar de muchos de ellos estar en la primera fase del programa. Además, había un espíritu del grupo muy fuerte y eso también es realmente valioso en una tarea a veces tan solitaria como es la investigación.
Además, a su vez, estuve arropada por una serie de profesores e investigadores que creen profundamente que ya era muy necesario hacer un doctorado en Creación Artística en esta universidad con la que estoy completamente de acuerdo. Me alegro muchísimo de que hayan emprendido este camino. Estoy muy agradecida de la Universidad, del Doctorado en Creación Artística y de la prof. Ana Harcha, así como de la generosidad chilena que me ha llamado mucho la atención. Estoy muy agradecida de este encuentro y de mi paso por Chile.
Arantxa Romero González es docente y escritora. Se desempeña como profesora del Área de Historia del Arte del Departamento de Humanidades de la Universidad Carlos III. Anteriormente, fue postdoctoral Margarita Salas en el Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca (UCLM), España, donde investigó en el grupo Artea, dirigido por José Antonio Sánchez, las relaciones entre escritura y corporalidad animal en algunas prácticas entre el arte y la literatura del contexto europeo del siglo XX. Es autora de los textos Imágenes poéticas en la fotografía española: las visiones de Chema Madoz y Manuel Vilariño (2015), Plétora (2017) y coeditora, junto a a Henar Rivière, del libro Materia de escritura (2022).