La búsqueda de propósito ha marcado buena parte del camino profesional de Sharoni Rosenberg. Egresada del Magíster en Derecho Tributario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, hoy se desempeña como conferencista y consultora, acompañando a personas y organizaciones en procesos de reflexión sobre el sentido de su trabajo y su impacto en la sociedad. “Me hace feliz sentir que lo que hago no solo inspira un momento, sino que abre una puerta. Y a veces, esa puerta cambia una vida”, afirma.
Tras titularse como abogada, comenzó su carrera en la consultora PwC Chile, donde trabajó en el área tributaria. Fue en ese período cuando decidió profundizar su formación profesional y optar por el Magíster en Derecho Tributario de la Universidad de Chile. La decisión también tenía un componente personal. “Hice mi pregrado en la Universidad Católica y siempre me quedó la ‘bala pasada’ por estudiar en la Universidad de Chile”, recuerda. La tradición familiar también influyó en esa elección, ya que su padre estudió en la Casa de Bello.
En su entorno laboral, la recomendación era clara. “Trabajaba en Derecho Tributario y todos en mi empresa decían que el mejor magíster era el de la Universidad de Chile”, comenta. Así, ingresó a un programa que recuerda como exigente y formativo. “Fue tremendamente demandante, de primer nivel. Era bien sacrificado porque las clases eran en la noche”, relata. En ese entonces estaba embarazada de su primera hija, por lo que su rutina combinaba trabajo, estudios y vida familiar. Tres veces por semana salía de la oficina rumbo a la Facultad de Derecho, donde las clases se extendían hasta cerca de las diez de la noche. “La recuerdo como una época de mucho esfuerzo, de rigor, de disciplina, de primer nivel, haciéndole honor al nombre de la Universidad de Chile”, señala.
Más allá de los conocimientos técnicos, Rosenberg destaca el impacto que tuvo esa formación en su manera de pensar y enfrentar los desafíos profesionales. “La Universidad de Chile me entrenó en algo que hoy valoro enormemente: rigurosidad y pensamiento crítico. Aprendí a sostener argumentos, a leer entre líneas, a no quedarme con lo obvio”, explica. A su juicio, esa mirada analítica resulta fundamental en el ámbito en el que hoy se desempeña. “En el mundo del propósito esto es clave, porque el propósito no es un eslogan, es una conversación seria sobre sentido, impacto y decisiones”.
Un giro hacia el propósito
Aunque durante esos años se sentía satisfecha con su desarrollo profesional, con el tiempo comenzó a preguntarse si ese camino respondía realmente a lo que buscaba en su vida. Fue entonces cuando decidió plantear esa inquietud en su lugar de trabajo. La respuesta fue emprender un nuevo proyecto dentro de la propia organización.
“Con eso partió el proyecto de la Fundación PwC, ChileIncluye, el área de propósito, y culminó con mi traslado a liderar el área de consultoría en sostenibilidad”, relata. Esa experiencia marcó un punto de inflexión en su trayectoria y abrió la puerta a un nuevo rumbo profesional.
Posteriormente, decidió dar un paso más y fundar su propia consultora, Purposely, desde donde hoy trabaja con personas y líderes empresariales en procesos de búsqueda de propósito y sentido. A través de charlas, talleres, consultorías y estudios, su trabajo busca conectar las decisiones personales y organizacionales con un impacto positivo en la sociedad.
Ese recorrido también la llevó a escribir el libro “El propósito no era lo que yo creía… pero en el camino descubrí mucho más”, donde reflexiona sobre su experiencia profesional. Para Rosenberg, el propósito es mucho más que una consigna motivacional. Lo define como “un camino de vida que parte con descubrir tu auténtica intención y aquellos objetivos trascendentes que son importantes para ti”. En ese proceso, explica, se combinan dimensiones espirituales, racionales y emocionales. De hecho, suele explicar esta idea a partir del concepto griego telos, que significa finalidad o meta.
Liderazgo, comunidad y redes
Convencida de que este proceso también se construye colectivamente, Rosenberg ha impulsado distintas iniciativas orientadas a generar redes de colaboración y aprendizaje. Una de ellas es la Red de Speakers, una agrupación colaborativa de conferencistas expertos, validados en el sector corporativo, que ofrece charlas inspiracionales y técnicas en temas como liderazgo, propósito, sostenibilidad, bienestar y cultura organizacional.
A esto se suma Mentes Expertas Chile, una plataforma dedicada a organizar conferencias de alto impacto sobre desarrollo personal, bienestar emocional, psicología positiva y liderazgo. A través de esta iniciativa ha traído al país a referentes internacionales como la psiquiatra Marian Rojas Estapé, el conferencista Víctor Küppers y el experto en psicología positiva Tal Ben-Shahar, quienes comparten herramientas prácticas para el crecimiento personal y profesional.
Parte de su trabajo también consiste en acompañar a organizaciones en procesos de transformación cultural. Desde esa experiencia, señala que hoy existe una diferencia cada vez más visible entre las empresas que se enfocan exclusivamente en la rentabilidad y aquellas que integran una mirada más amplia sobre su impacto. “La diferencia no está en ganar dinero o no, porque ambas deben ser rentables. La diferencia está en desde dónde se toman las decisiones”, explica. Mientras algunas organizaciones miran a las personas y al entorno solo como medios para un fin, otras entienden que la rentabilidad es necesaria, pero no el único motor. “Toman decisiones considerando a sus trabajadores, clientes, comunidad y medioambiente, y buscan crear conscientemente un impacto positivo en el mundo. En el fondo, es simple: una mira el trimestre y la otra mira el legado”, señala.
Cambios culturales y liderazgo femenino
Rosenberg también reflexiona sobre los cambios que ha experimentado el mundo laboral en las últimas décadas, especialmente en relación con el rol de las mujeres. A su juicio, en los últimos treinta años la vida de las mujeres en América Latina ha cambiado de manera significativa. “En 1990 solo el 44% de las mujeres latinoamericanas trabajaba fuera del hogar; hoy ese número llega al 51%, y las mujeres mayores de 55 años casi duplicaron su participación laboral”, explica. En el ámbito educativo, el cambio también es evidente: hace tres décadas había más hombres que mujeres en las universidades, mientras que hoy la situación se ha invertido.
Sin embargo, advierte que la igualdad plena todavía está en construcción. Actualmente, el 22% de las empresas latinoamericanas no tiene ninguna mujer en su directorio, y las mujeres tienen un 19% menos de probabilidades de acceder a cargos de liderazgo que los hombres, pese a mostrar niveles de desempeño similares. En ese contexto, destaca algunas cualidades que, a su juicio, han permitido a muchas mujeres aportar nuevas perspectivas al mundo del trabajo. “La capacidad de sostener la complejidad humana. Muchas veces las mujeres leen el clima emocional, conectan puntos, cuidan vínculos y avanzan al mismo tiempo. Esa combinación de sensibilidad y fortaleza es un superpoder”, afirma. A su juicio, el mundo laboral actual ya no necesita solo eficiencia, sino también conciencia.