Académicos mexicanos en la U. de Chile

Yissel Arce y Carlos Gallardo: la difusión cultural es central para la universidad pública y debe defenderse junto con el pensamiento plural y disidente

Yissel Arce y Carlos Gallardo: defienden rol central de difusión cultural
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La delegación internacional de la UAM estuvo integrada por Carlos Gallardo, director de Publicaciones y Fomento Editorial, y Yissel Arce, coordinadora general de Difusión.
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En esta entrevista, los representantes de la UAM abordan la necesidad de defender la universidad pública y la difusión cultural como un bien social indispensable.
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La difusión cultural sirve de umbral "para que el conocimiento producido en las universidades se convierta en un bien público", señaló Arce.
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"La universidad pública es una creación colectiva muy valiosa; un espacio privilegiado para la creatividad y la reflexión humana", manifestó Gallardo.

El seminario, desarrollado en la Casa Central de la Universidad de Chile, congregó a representantes de universidades y organismos culturales de América Latina para debatir sobre el papel de la edición universitaria en la circulación del conocimiento y el fortalecimiento de la vida cultural y democrática de la región.

La delegación internacional de la UAM estuvo integrada por Carlos Gallardo, director de Publicaciones y Fomento Editorial, quien expuso en la mesa Desafíos como editores de instituciones públicas: profesionalización, distribución y la importancia de catálogos nacionales y regionales, internacionalización y el rol de la FILUNI, y por Yissel Arce, coordinadora general de Difusión, quien participó en el panel El impulso del género y los derechos humanos desde la edición universitaria.

En esta entrevista, concedida durante su paso por la U. de Chile, los representantes de la UAM abordan la necesidad de defender la universidad pública y la difusión cultural como un bien social indispensable para construir ciudadanía.

—¿Qué significa para ustedes visitar la Universidad de Chile en el contexto de este seminario de edición?

Yissel: Visitar la U. de Chile implica la oportunidad de dialogar con colegas de otras universidades públicas latinoamericanas. En la coyuntura actual de la universidad pública, es necesario propiciar estos encuentros para reposicionar el libro como un objeto cultural dirigido a públicos diversos y que es producto de la investigación institucional. Además, un espacio como este nos permite profundizar, sistematizar e iniciar un diálogo que el trabajo cotidiano frena. Nos invita a detenernos y reflexionar críticamente sobre la producción editorial en las universidades públicas, cuya responsabilidad política radica en gestionar el pensamiento crítico y buscar colaboraciones para visibilizar sus investigaciones.

Carlos: El prestigio de la Universidad de Chile es indudable. Existe un entendimiento mutuo entre nuestros equipos de trabajo: coeditar no solo posicionará a ambas instituciones, sino que consolidará catálogos perdurables en ambos países. Esa es la aspiración de la UAM: lograr que las editoriales universitarias públicas, más que insertarse a ciegas en las lógicas del mercado, propicien el reencuentro con sus audiencias históricas y abran espacio a nuevos lectores.

—¿Por qué es relevante esta articulación latinoamericana e internacional de espacios editoriales del sector público?

Yissel: Para la UAM, estas alianzas forman parte de su origen. Fundada en 1974, la identidad de nuestra institución y su enfoque crítico están cruzados por la impronta de la migración chilena y argentina que huía de las dictaduras de la época. Retomar estas articulaciones en el ámbito editorial es reconsiderar esa herencia.

En la coyuntura actual, es fundamental recordarles a las y los lectores jóvenes de dónde venimos y revisitar ese legado. Las disputas políticas actuales a veces desdibujan la riqueza de esos intercambios de los años setenta y ochenta. Agruparnos como universidades públicas nos sirve para examinar el rol de la institución hoy y defender el libro como un objeto cultural capaz de generar nuevas lecturas, autores y conversaciones necesarias.

—¿Cómo evalúan el desafío que representa la inteligencia artificial para las publicaciones y las editoriales universitarias?

Carlos: El objetivo central de una editorial es construir un catálogo en sincronía con sus lectores, actuando como intermediaria entre la generación de conocimiento y su interpretación. Ante la inteligencia artificial, el desafío es otorgarle un espacio justo para atender necesidades específicas, sin adoptarla ciegamente solo por facilitar procesos. Debemos preguntarnos qué de lo humano se pierde en esa apropiación.

No hay que negar sus posibilidades, aunque a veces la inteligencia artificial nos sitúe en un terreno complejo para una editorial universitaria. La inteligencia artificial parece avasalladora, pero confío en aquello que nos vuelve humanos y que, frente a la tecnología, puede parecer anacrónico: la creatividad, el arte y la manera propia de hacer las cosas.

—¿Cómo evalúas, desde tu rol en la UAM, el trabajo en materia de género y derechos humanos, y cuál es la importancia de posicionar estos temas en instancias de reflexión como este seminario?

Yissel: Atender estas temáticas desde la difusión cultural es una necesidad vital para las líneas de docencia e investigación de nuestra universidad. Los derechos humanos son muy relevantes, pero abordarlos de manera automatizada o como una normativa rígida carece de sentido; es necesario “accidentar” esa categoría universalista, singularizarla y cruzarla con otras perspectivas. Para nosotros, los derechos humanos están indisolublemente anudados a la interculturalidad. Ha sido fundamental que este espíritu crítico caracterice nuestras colecciones, tanto en el contenido como en la forma en que el objeto cultural, ya sea digital o físico, produce conocimiento.

—¿Cómo se percibe desde México el trabajo editorial desarrollado por las universidades públicas en relación con la creación de políticas públicas? ¿Cómo puede el Estado atender el trabajo que realiza una universidad en materia de publicaciones?

Carlos: En nuestro caso, como somos una universidad pública autónoma, el Estado se ha preocupado de asegurar que las universidades tengan la posibilidad de decidir sus propias políticas institucionales. Se trata de una construcción colectiva y, a veces, conflictiva, pero que funciona desde una perspectiva sistémica, porque las universidades son espacios privilegiados de saber y discusión que contribuyen a la renovación de las prácticas.

La actividad editorial siempre ha estado presente en nuestras funciones de investigación, docencia y difusión cultural. Desde los años noventa, la UAM cuenta con su propia legislación editorial, lo que nos permite desarrollar catálogos que albergan expresiones críticas de su entorno y que interpelan a diferentes lectores. Visto con amplitud, esto es útil incluso para el poder, ya que equilibra las estructuras políticas y sociales.

—¿Qué mensaje les dejarían a las futuras generaciones y a las y los jóvenes que leerán esta entrevista?

Yissel: La difusión cultural es central para la universidad pública y hay que defenderla en correlato con el pensamiento plural y disidente. El papel de la difusión cultural no es simplemente “hacer actividades culturales”, como muchas veces piensa el funcionariado, sino generar políticas culturales que permitan la formación de una ciudadanía crítica. Otra función fundamental de la difusión cultural es permitir que el conocimiento producido en las universidades se convierta en un bien público y servir de puente para lograr una verdadera vinculación e incidencia social.

Carlos: La universidad pública es una creación colectiva muy valiosa; un espacio privilegiado para la creatividad y la reflexión humana. Propongo este ejercicio: piensen qué sería de Santiago de Chile, Ciudad de México, Mérida o Buenos Aires sin sus universidades públicas. Serían, realmente, ciudades muy tristes.