Con más de 50 años de trayectoria en la defensa de los derechos humanos, Alicia Lira Matus se ha transformado en una de las figuras fundamentales de la memoria histórica de Chile. Presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), su vida ha estado marcada por la búsqueda de verdad, justicia y reparación para las víctimas de la dictadura, una labor que en 2026 fue reconocida con el Premio Nacional de Derechos Humanos otorgado por el Consejo del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH).
La ceremonia, realizada en el Centro Cultural La Moneda, estuvo marcada por la emoción y por la presencia simbólica de su esposo Felipe Rivera Fajardo —“mi Negro”—, cuya fotografía Alicia llevó junto a su pecho al recibir el galardón. Para ella, este reconocimiento no representa un logro individual, sino una reivindicación de todas las mujeres y hombres que han sostenido durante décadas la lucha por los derechos humanos. “Este premio es de todas”, señaló al recibir la distinción, destacando el carácter colectivo de este camino.
En 2023, Alicia Lira fue la primera persona en recibir la Medalla Derechos Humanos y Democracia de la Universidad de Chile, una distinción creada en el marco de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado para reconocer trayectorias sobresalientes en la promoción, defensa de los derechos humanos y la democracia. Para la dirigenta, este reconocimiento tiene un valor profundo porque representa los principios de una universidad pública comprometida con la educación, la cultura, el humanismo y la construcción democrática.

En el contexto de una nueva convocatoria para proponer candidaturas a esta medalla, Alicia Lira conversa con la Universidad de Chile sobre el significado de estos reconocimientos, la historia colectiva que sostiene la defensa de los derechos humanos y el desafío de transmitir a las nuevas generaciones valores como la empatía y el respeto por los demás. Una reflexión desde la experiencia de quien ha dedicado su vida a una causa que, como ella misma afirma, nace del dolor, pero también de la esperanza.
-La Universidad de Chile la distinguió con la primera Medalla Derechos Humanos y Democracia y, este año, recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos. ¿Cómo ha vivido estos reconocimientos?
Ha sido profundamente emocionante. Aunque distintas organizaciones impulsaron mi postulación al Premio Nacional de Derechos Humanos, nunca imaginé recibir este reconocimiento. Todo lo que he hecho durante estos años ha sido por convicción, compromiso y por una historia de vida que se transformó en una causa colectiva. Por eso siempre hablo en plural, porque este camino no lo he recorrido sola, sino junto a muchas compañeras y compañeros que durante décadas han trabajado por la verdad y la justicia.
Estos reconocimientos también traen muchas emociones. Pienso en mi compañero, en las familias que siguen viviendo el dolor de las ausencias y en todas las mujeres que hemos sostenido esta lucha enfrentando enormes dificultades. Por eso siento que estos premios no son solo míos, sino que representan a quienes han dedicado su vida a la defensa de los derechos humanos, muchas veces desde el anonimato y sin recibir reconocimiento.
Al mismo tiempo, los recibo con esperanza y con un profundo sentido de responsabilidad. Nosotros amamos la vida y seguiremos trabajando para que exista verdad y justicia frente a todas las violaciones a los derechos humanos. Haber recibido la primera Medalla Derechos Humanos y Democracia de la Universidad de Chile y posteriormente el Premio Nacional reafirma que esta sigue siendo una causa vigente y necesaria para construir un país más justo.
-¿Qué representa para usted haber sido la primera persona en recibir este reconocimiento de la U. de Chile?
Tiene un valor inmenso. La Universidad de Chile representa una tradición de humanismo, educación pública y compromiso con el país que admiro profundamente. Haber sido la primera persona en recibir esta medalla me emociona porque siento que reconoce una trayectoria, pero también una forma de comprender los derechos humanos desde el compromiso y el servicio hacia los demás.
He podido conocer el trabajo que realiza la Universidad con las comunidades y la vocación de sus estudiantes y académicos por compartir conocimientos más allá de las aulas. Esa mirada demuestra que una universidad pública no solo forma profesionales, sino también personas comprometidas con la solidaridad, la cultura y la construcción de una sociedad mejor.
Siempre digo que existe una diferencia entre tener escolaridad y tener educación. La educación también entrega valores, respeto y conciencia social. Por eso esta medalla tiene un significado tan profundo para mí: representa los principios que han guiado mi vida y que la Universidad de Chile promueve desde su compromiso público.
-¿Cómo dialoga este reconocimiento con su historia de vida y con la trayectoria que construyó junto a su esposo?
Este reconocimiento también me emociona porque mi historia de vida está marcada por mi origen obrero y por momentos en que muchas veces fui menospreciada. Hubo situaciones en que sentí cómo algunas personas me miraban, cómo me hablaban o incluso cómo me ignoraban. Pero también está la otra Alicia, la que sabe que este reconocimiento llega porque he sido consecuente, porque he recorrido Chile entero y porque he podido entregar un mensaje de esperanza.
Lo que más me llena de energía es encontrarme con personas en distintas regiones que me dicen que mis palabras les entregan ánimo. Yo siento que transmito lo que soy: una persona que, a pesar del dolor y las ausencias, sigue creyendo en la vida. Queremos verdad y justicia frente a todas las violaciones a los derechos humanos, porque cuando se vulneran los derechos de una persona no importa su origen, su condición social o la época en que ocurra.
También recibo este reconocimiento pensando en mi Negro y en la vida que construimos juntos. Fuimos dos trabajadores que partimos desde abajo, que estudiamos incluso en dictadura y que levantamos nuestra historia desde el amor, el compromiso y la consecuencia. Tengo mis tristezas y mis ausencias, pero eso no me impide ser feliz, porque sé que lo que construimos sigue presente y que, donde quiera que esté, él se siente orgulloso de mí.
-¿Qué significa para usted que una institución de educación como la U. de Chile entregue un reconocimiento como la Medalla Derechos Humanos y Democracia?
Para mí, que la Universidad de Chile me haya otorgado la primera Medalla Derechos Humanos y Democracia tiene un valor infinito. Representa una forma de entender la educación ligada al humanismo, la cultura y el compromiso con el país. No solamente por ser una universidad pública, sino por el trabajo que he podido conocer junto a las comunidades y por la manera en que sus estudiantes y académicos ponen sus conocimientos al servicio de la sociedad.
Creo que la Universidad de Chile no solo entrega formación académica, sino también valores. Siempre digo que existe una diferencia entre tener escolaridad y tener educación, porque educar también significa enseñar respeto, solidaridad y conciencia social. El conocimiento, si no está acompañado de humanidad, pierde parte de su sentido.
Por eso haber sido elegida para recibir esta medalla tiene un significado tan profundo. Siento que representa una manera de construir sociedad desde la educación, la memoria y la defensa de los derechos humanos. Que este reconocimiento provenga de la Universidad de Chile, una institución con esa historia y compromiso público, le entrega un valor aún mayor.
-¿Cómo ve a las futuras generaciones y cuál cree que es su rol en la defensa de los derechos humanos?
Creo que las futuras generaciones tienen que ver con lo que nosotros les vayamos entregando, no desde el dogma, sino desde los valores. Yo no me atrevería a aconsejar a la juventud, pero sí les diría que vivan más con su comunidad, que se interesen por lo que ocurre a su alrededor y que no pierdan la capacidad de encontrarse con otros. Hoy siento que hay muchos jóvenes solos, y por eso es fundamental que las familias entreguen amor y educación, porque esa es la base para enfrentar la vida.
Para mí, la felicidad no está en el individualismo ni en el consumismo, sino en compartir, participar y sentirse parte de un colectivo. Los jóvenes tienen que preocuparse por su país, por sus vecinos y por quienes los rodean. Respetar al otro y defender a quien sufre una injusticia también es una forma de construir democracia.
Siempre les digo a los niños y adolescentes que los derechos humanos se defienden desde lo cotidiano. Cuando un compañero sufre bullying por ser diferente, también estamos frente a una vulneración de derechos. Aprender a respetar, acompañar y defender al otro es construir una sociedad más justa. Esa es la enseñanza que he recibido de mis compañeras, de mis amigos y de mi familia, y que hoy intento transmitir.
-La Universidad de Chile ya abrió una nueva convocatoria para la Medalla Derechos Humanos y Democracia. ¿Qué le diría a quien reciba este reconocimiento en el futuro?
Depende de quién reciba la medalla. Yo, por ejemplo, propondría a Nelson Caucoto, porque sé que entendería profundamente lo que significa y sabría honrarla. Porque esta medalla no se trata solamente de la persona que la recibe, sino de todo lo que representa: la Universidad de Chile, sus valores y el compromiso de quienes hicieron posible su creación.
Quien reciba esta distinción debe comprender que no es solamente un reconocimiento personal, sino una responsabilidad. Se trata de representar una historia, una lucha y un compromiso con la defensa de los derechos humanos, entendiendo que la memoria y la justicia son tareas que se construyen colectivamente.
-Para finalizar, ¿qué reflexión quisiera compartir después de recibir estos reconocimientos?
Mi reflexión es de profundo agradecimiento. Me siento muy afortunada por todo el cariño que he recibido, incluso de personas que no conocía y que me han entregado palabras muy hermosas. Fue una emoción enorme ver a tantas personas acompañándome en momentos tan significativos.
También quiero seguir siendo la misma persona, aprendiendo y entregando desde la humildad. Creo que el conocimiento siempre es un intercambio: nosotros aprendemos de los demás y los demás aprenden de nosotros. He aprendido mucho de los jóvenes, especialmente de los estudiantes universitarios con quienes he compartido, porque me entregan energía y esperanza.
Por eso mi sentimiento final es simplemente de gratitud. Agradezco a quienes han acompañado este camino y a quienes siguen creyendo que la defensa de los derechos humanos, la memoria y la solidaridad son fundamentales para construir un mejor país.
