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Cecilia Medina, Profesora Emérita y Medalla U. de Chile

"Es imprescindible que la educación pública se encargue de fortalecer la formación en derechos humanos y democracia"

Cecilia Medina: "Es imprescindible fortalecer la formación en DD.HH."
Cecilia Medina
Cecilia Medina Quiroga fue la segunda galardonada con la "Medalla Derechos Humanos y Democracia de la Universidad de Chile".
Cecilia Medina
Con una gran trayectoria nacional e internacional, Cecilia Medina se ha consolidado como una profesional destacada en la defensa de la igualdad.
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"Estos reconocimientos vuelven a poner la democracia y los derechos humanos en el centro del debate público", manifestó la abogada.

Con una destacada trayectoria nacional e internacional, Cecilia Medina se ha consolidado como una profesional destacada en la defensa de la igualdad. Nacida en Concepción en 1935, se licenció en Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad de Chile y posteriormente obtuvo su Doctorado en Derecho en la Universidad de Utrecht. Su vida estuvo profundamente marcada por el exilio, vivido entre 1973 y 1990, periodo en el que inició una labor pionera en la protección de las mujeres y presentó ante las Naciones Unidas informes fundamentales sobre la discriminación en las leyes.

Hizo historia al convertirse en la primera mujer y primera persona de nacionalidad chilena en presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos (2008-2009), así como en liderar el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Desde el tribunal interamericano, Medina condujo casos como el de “Campo Algodonero”, cuya sentencia sentó un precedente jurisprudencial decisivo sobre la violencia de género. En 2016, su legado en la enseñanza fue reconocido al convertirse en la primera mujer nombrada Profesora Emérita de la Facultad de Derecho de la Casa de Bello en más de 170 años de historia institucional.

En 2024, se convirtió en la segunda persona en recibir la Medalla Derechos Humanos y Democracia de la Universidad de Chile, una distinción creada en el marco de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado para reconocer trayectorias sobresalientes en la promoción y defensa de los derechos humanos y la democracia.  

A propósito de la apertura de candidaturas para esta distinción universitaria, la Dra. Cecilia Medina conversa con la Universidad de Chile sobre la importancia de dicho reconocimiento institucional, la urgencia de fortalecer la memoria y la necesidad de resguardar el rol de la educación pública. 

—Usted ha recibido muchos reconocimientos a lo largo de su carrera, pero ¿qué significó para usted recibir la Medalla de Derechos Humanos de la Universidad de Chile, su propia casa de estudios? 

Los premios que me da la Universidad de Chile siempre van a ser los más importantes para mí, porque ahí tengo el alma. Ahí me formé y pasé muchísimos años trabajando como profesora.

Que el reconocimiento sea específicamente en "democracia y derechos humanos" toca una fibra muy personal, porque reconoce exactamente los dos puntos que cultivé toda mi vida. Para mí, la defensa de los derechos humanos es una consecuencia natural de la convicción democrática; ambos conceptos son, en mi concepción, indisolubles.

—¿Por qué es importante que hoy se reconozca públicamente el trabajo y la trayectoria de las mujeres en materia de Derechos Humanos? 

Reconocer públicamente la trayectoria de las mujeres es fundamental porque abre caminos, permitiendo que las nuevas generaciones aspiren a espacios que históricamente nos estuvieron vedados. Cuando inicié mi carrera docente, las mujeres quedábamos relegadas a un segundo plano por defecto, sin importar nuestros títulos o capacidades; eran situaciones que lamentablemente se naturalizaban y ante las cuales una terminaba conformándose.

Mi gran quiebre personal fue el exilio. Estar fuera del país me hizo despertar, mirar hacia atrás y tomar plena conciencia de la enorme cantidad de discriminaciones que había normalizado en Chile. Por eso, visibilizar hoy nuestra labor ayuda a romper con ese antiguo sentido común y demuestra, con fuerza, que esos tiempos quedaron atrás.

—¿A qué se debe su compromiso irrestricto con la lucha de los derechos humanos?

Es una convicción que me acompaña desde la niñez, porque siempre tuve un sentido de la justicia profundamente arraigado. Para mí, la justicia es inconcebible si no se sustenta en el principio de la igualdad. Por ello, la defensa de la igualdad y la libertad individual han sido los motores que han guiado toda mi vida. Es una vocación muy temprana: a los catorce años ya lideraba el centro de alumnos de mi escuela, canalizando desde entonces esa necesidad de trabajar por la comunidad y el bien común.

—Durante muchos años usted enseñó a jóvenes abogadas y abogados. ¿Qué valor cree que tiene para los estudiantes de hoy aprender sobre memoria y derechos humanos en la U. de Chile? 

Es fundamental tener presente lo que pasó para que no se repita. Los años de la dictadura fueron muy duros y nos marcaron a todos profundamente a nivel país. Es fundamental que la gente joven conozca esa realidad; hoy pueden mirarla de otra manera o con la distancia del tiempo, pero lo que ocurrió es un hecho. Estudiar esta memoria le ayuda a las nuevas generaciones a no incurrir en conductas parecidas y a formar un criterio alerta, porque las injusticias y los abusos solo se aceptan cuando hay una ciudadanía dócil.

—¿Qué rol cree que debe cumplir la educación pública en la defensa de la democracia y los derechos humanos? 

Cumple un rol fundamental porque es el espacio transversal donde nos encontramos todos. Yo soy hija de la educación pública y sé que es en esa aula donde uno aprende a convivir con realidades distintas y a respetar al prójimo.

Por eso es imprescindible que la educación pública se encargue de fortalecer la formación en derechos humanos y democracia. Hoy la sociedad está muy segregada y la violencia escolar demuestra un vacío profundo de valores; un vacío que el sistema público tiene el deber de llenar enseñando a convivir y formando ciudadanos que no acepten los abusos ni pasen por encima de los demás.

—Considerando el contexto internacional, marcado por constantes violaciones a los derechos humanos en zonas del Medio Oriente ¿por qué cree que es importante seguir entregando este tipo de distinciones en la actualidad? 

Creo que el valor principal es que estos reconocimientos vuelven a poner la democracia y los derechos humanos en el centro del debate público. En un contexto global tan complejo como el que estamos viviendo, estas distinciones otorgan visibilidad, generan discusión, reactivan el análisis académico y, sobre todo, mantienen el tema vigente. Es una forma de recordar que la defensa de la dignidad humana es una tarea permanente que no se puede dar por sentada en ninguna parte del mundo.

—¿Qué significa para usted, ser una de las condecoradas con esta medalla y compartir ese honor con mujeres como Alicia Lira y María Luisa Sepúlveda?

Lo vivo con mucho respeto, entendiendo que sus trayectorias y la mía responden a trincheras distintas. Ellas han encarnado un activismo social y de resistencia admirable, mientras que mi labor ha estado ligada a la academia, la doctrina y la jurisprudencia. No obstante, ambas dimensiones son complementarias: estoy convencida de que sin el desarrollo de la enseñanza del derecho con perspectiva de género, las mujeres estaríamos en una posición de mucho mayor rezago en el continente.

—¿Qué mensaje le gustaría dejar a las futuras generaciones que quieran seguir sus pasos en la defensa de los derechos humanos y la justicia?

Quiero manifestarles mi más profundo agradecimiento. Su compromiso y su continuidad en esta lucha le otorgan un sentido real a todo lo que he realizado a lo largo de mi vida.