Si bien el aniversario de la Universidad de Chile está marcado en el calendario el 19 de noviembre, fecha en que en 1842 se firmó la ley orgánica que dio vida a la institución, fue el 17 de septiembre de 1843, 10 meses después, cuando se realizó la ceremonia de instalación de la U. de Chile. Este acto fue encabezado por el primer Rector de la Universidad, Andrés Bello, quien se paró frente a las máximas autoridades del país y la naciente comunidad académica para brindar un trascendental discurso.
Han pasado 183 años desde este hito y, hasta el día de hoy, una de las frases que más resuenan del discurso es “Todas las verdades se tocan”.
“El discurso de instalación de la Universidad de Chile es un hito en la historia de la educación y de la vida republicana de nuestro país”, dijo la Rectora Alejandra Mizala sobre este aniversario. “Las palabras de Andrés Bello mantienen una extraordinaria vigencia: nos recuerdan que la Universidad debe cultivar el conocimiento con libertad y rigor, y ponerlo al servicio de la sociedad. Su idea de que ‘todas las verdades se tocan’ expresa además una concepción del conocimiento que sigue siendo profundamente actual. Ese legado continúa orientándonos y nos recuerda nuestra responsabilidad de contribuir a la soberanía intelectual de Chile, producir conocimiento relevante y poner nuestras capacidades al servicio del país”, destacó.
“El concepto de universidad de Bello es un verdadero bálsamo”
Para el Premio Nacional de Historia 2020 Iván Jaksic, uno de los principales estudiosos de la obra de Bello, este discurso imprime el sello a la misión de la Universidad, ya que, como señala, “lo dice claramente: es Chile, sus necesidades y aspiraciones”.
“Su formación en Caracas, sobre todo en latín, le dio los instrumentos para informarse sobre los grandes logros intelectuales de la humanidad, además de sumar experiencias en lenguas modernas, periodismo y en administración pública. Obviamente era una persona de talento, pero su curiosidad no conocía límites: gramática, filología, poesía, divulgación científica, filosofía, etc. El periodo de Londres fue decisivo para ampliar sus conocimientos y adquirir otros nuevos, como astronomía. Pero fue en Chile en donde aparecieron sus grandes obras, las que hoy en día nos ofrecen un panorama de unidad dentro de la diversidad de su pensamiento. El orden, que no era solamente el orden social y político, sino que incluía el orden de la naturaleza y del universo. Todo ello aparece condensado en el discurso. En ese sentido, es un verdadero manifiesto de todas sus ideas, además de la formulación de un pensamiento original sobre los fines de la educación en un sistema republicano. Es además una joya de redacción, de lenguaje claro y preciso. Debiera ser lectura obligada en la educación secundaria y seminarios o círculos de lectura para todas las edades”, explica el especialista en el legado del primer Rector de la Universidad de Chile.
Si Andrés Bello leyera hoy el discurso, Jaksic asegura que “quedaría impresionado por su elocuencia y por la profundidad de sus ideas. El discurso incluye frases verdaderamente conmovedoras sin por ello desmerecer la lógica impecable de su razonamiento. Lo conmovedor es la referencia a Sócrates, Lavoisier y Chénier, todos ellos mártires por su compromiso con las ciencias y las humanidades. Hay también una referencia autobiográfica cuando menciona a Dante, poeta como él y con quien comparte la experiencia del destierro. Todos ellos enfrentaron estoicamente su destino gracias a los consuelos y recompensas que proporcionan las letras: ‘yo mismo he podido participar de sus beneficios —dice— y saborearme con sus goces. Adornaron de celajes alegres la mañana de mi vida, y conservan todavía algunos matices al alma, como la flor que hermosea las ruinas. Ellas han hecho aún más por mí; me alimentaron en mi larga peregrinación, y encaminaron mis pasos a este suelo de libertad y de paz, a esta patria adoptiva, que me ha dispensado una hospitalidad tan benévola’”.
“En épocas en que cunde la mercantilización de la educación superior, el concepto de universidad de Bello es un verdadero bálsamo, por su amplio programa de formación, tanto de los individuos como de la sociedad: los primeros destellos de la razón se encauzan a través de la educación. Con ese impulso inicial se van desarrollando nuevas etapas: la actividad del entendimiento; el ‘adelantamiento’ del mismo; la propagación y difusión de las ‘luces’; el placer, ‘los goces puros’, que dan sentido a la vida. En un nivel superior, la educación (no hay que olvidar que en ese momento la universidad es una superintendencia de la educación nacional), desemboca en las necesarias ideas de ‘verdad’, ‘ley’ y ‘orden’ que imperan en las ciencias y en las humanidades. Para ello, la universidad las cultivará mediante el conocimiento (práctico e intelectual) y la libertad (la capacidad de pensar por sí mismo y evitar la ‘licencia’). En suma, existe un diseño coherente respecto de los fines de la educación superior”, añade Jaksic.
Un mensaje guía
“Lo sabéis, señores: todas las verdades se tocan, (...) desde las que resumen la estructura del animal, de la planta, de la masa inorgánica que pisamos; desde las que revelan los fenómenos íntimos del alma en el teatro misterioso de la conciencia, hasta las que expresan las acciones y reacciones de las fuerzas políticas; hasta las que sientan las bases inconmovibles de la moral; hasta las que determinan las condiciones precisas para el desenvolvimiento de los gérmenes industriales; hasta las que dirigen y fecundan las artes”, señala el discurso del primer Rector de la Universidad de Chile.
La ceremonia tuvo lugar en el edificio ubicado en la esquina de Agustinas con San Antonio, hasta donde llegaron el presidente Manuel Bulnes; el ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Manuel Montt; parlamentarios; autoridades militares; estudiantes del Instituto Nacional, y cerca de 50 académicos de la Universidad.
Durante la ceremonia, Manuel Montt, en su calidad de ministro de Instrucción Pública y vicepatrono de la Universidad, declaró instalada la institución y tomó juramento a los miembros del cuerpo universitario. La Universidad había sido constituida con cinco facultades: Ciencias Matemáticas y Físicas, Filosofía y Humanidades, Leyes y Ciencias Políticas, Medicina y Teología. Tras la intervención del ministro, Andrés Bello pronunció su discurso de instalación.
El discurso de Bello fue publicado el mismo año en el documento “Instalación de la Universidad”, de la Imprenta del Estado, y en la primera edición de la revista Anales de la Universidad de Chile, número que fue reproducido en 1998 por la misma publicación.