De las aulas y el laboratorio a la política universitaria
—Tras una destacada trayectoria en docencia e investigación, ¿cómo surge la decisión de postularse al Senado Universitario? ¿Estaba en sus planes?
—En realidad yo no lo había pensado mucho. Todo comenzó cuando el Decano Nicolas Guiliani me lo comentó y me preguntó directamente si me tincaría presentarme como senadora universitaria. A partir de ahí hice más averiguaciones. Sabía principalmente que el Senado elabora políticas universitarias y que posee la virtud de pensar la Universidad hacia el futuro. Al buscar antecedentes, vi que antes habían sido senadores de nuestra facultad como Nicolas Guiliani, Carlos Areche y Felipe Hinojosa. Reconozco que me intimidé un poco. Tanto Nicolas como Felipe mantenían muy actualizada a la facultad, y como yo no soy tan comunicativa, me dio un poquito de susto. Pero al mirar a otros senadores vi que existen distintos estilos. Lo que me atrajo fue justamente el tema amplio de la Universidad: siento que hay muchos temas a los que hay que poner atención y donde uno debe sumar. En mi mente nunca estuvo ir de líder del Senado, sino integrarme, ver dónde aportar y apoyar lo que me parezca bien.
—En su trayectoria figuran roles como Directora de Escuela de Ciencias, Subdirectora de Asuntos Estudiantiles e integrante del Consejo de Bachillerato y del Fondo Juvenal Hernández. ¿Cómo influyen estas experiencias en su labor institucional?
Asumir esos cargos me permitió salir de la lógica puramente departamental y conocer las realidades, especificidades y problemáticas de otros departamentos y facultades, que son mundos distintos. Cuando estaba solo en Matemáticas, mi mundo era más acotado. Al asumir roles de gestión y participar en instancias como Bachillerato o el Fondo Juvenal Hernández, descubrí la diversidad de la Universidad.
A veces ocurre que dentro de las facultades se habla del "nivel central" como si fuera algo ajeno o lejano. Haber compartido con personas de distintas disciplinas me dio una visión más global de la institución. Uno puede hacer toda su carrera dentro del departamento, y está bien, pero a mí me interesaba tener una mirada más amplia. El Senado Universitario es el espacio idóneo para profundizar esa visión de conjunto y aportar al desarrollo de toda la comunidad universitaria.
Género en la academia y en el gobierno universitario: Diagnósticos y avances
—Como Profesora Titular de Matemáticas, ¿cómo analiza la equidad de género en la carrera académica y en la representación institucional? ¿Cuál ha sido su experiencia?
Hablamos de un espacio mayoritariamente masculino, aunque ha aumentado respecto a cuando yo llegué. En Matemáticas estaba solo la profesora Alicia Labra cuando yo ingresé. Ahora somos siete mujeres de 25 académicos. Ha subido un poco, pero en las altas categorías todavía no: la prof. Alicia Labra es profesora Emérita, yo soy Titular, y por ahora no hay más titulares en Matemáticas. La proporción de mujeres titulares es menor que la proporción de académicas en la planta general.
—En un área como las matemáticas, ¿este fenómeno es esperable o responde a barreras específicas?
Hay un problema desde la base: en algunas cohortes entra un 50/50 o 60/40 en licenciatura, pero en magíster y doctorado la proporción baja. A eso se suman todas las otras responsabilidades que asumimos las mujeres. Alcanzar la titularidad requiere una conjugación de factores: capacidad, pero también condiciones del entorno, apoyo familiar o dinámicas del hogar que no a todas se les dan por igual.
—¿Y cómo observa la representación femenina en el Senado Universitario?
En cuanto al Senado Universitario, me parece un órgano donde la representación no es dramática en términos de género. Aunque hay menos mujeres en el Pleno a simple vista, en la mesa directiva y representación de estamentos hay una presencia femenina relevante, incluyendo a la Rectora, la Secretaría, las representantes estudiantiles y las dos representantes de los funcionarios.
Prioridades de la ciencia de base y trabajo en comisiones
—Desde la perspectiva de las ciencias básicas, ¿cuáles son las preocupaciones prioritarias que la motivaron a dar este paso?
El financiamiento de la ciencia, ciertamente. Está complejo desde el punto de vista del Ministerio de Ciencia, así como el financiamiento de las universidades, que también está siendo revisado. No todo es dinero, pero influye e impacta. Además, hay un mensaje: si desde el Ministerio de Ciencia se definen áreas prioritarias, se manda el mensaje a la sociedad de que ciertas áreas no son relevantes. Eso me llamó la atención. Desde el Senado se puede tener una tribuna para formar un grupo y una masa con mucha más fuerza de la que uno tiene discutiendo sola. Por eso me gustó la idea de participar.
—Tras sus primeras sesiones en el Senado, ¿en qué comisiones participará y cuáles serán sus focos de trabajo?
Ya tuvimos las primeras sesiones. Se conformó la mesa directiva —con la rectora Alejandra Mizala en la presidencia, el profesor Flavio Salazar en la vicepresidencia y la profesora Nelly Bustos del INTA en la secretaría— y luego se integraron las comisiones. Yo me informé antes de postular sobre las comisiones permanentes y transitorias e ingresé a dos espacios: la Comisión Permanente de Docencia e Investigación, donde mi intención ahí es llevar la voz de la facultad, no solo en temas de financiamiento, sino en defender las lógicas de apoyo a la ciencia básica junto con la ciencia aplicada o conectada a la industria. Creo que alguien tiene que levantar la mano si las cosas se están inclinando únicamente hacia la conexión industrial. También, en la Comisión Transitoria sobre Nuevas Políticas de Formación de Profesores. En ella me sumé por su relación con las carreras de pedagogía. En la facultad tenemos dos pedagogías científicas y me interesó estar ahí para actuar como puente y llevar nuestra filosofía y posición respecto a este relevante tema.