Asumió como presidente del Instituto Chileno de Administración Racional de Empresas (ICARE) el 1 de julio de 2026. Con más de 40 años de trayectoria en PricewaterhouseCoopers (PwC), donde ejerció como socio principal entre 2018 y 2026, la vida profesional de Renzo Corona ha estado ligada al liderazgo empresarial, la formación y el compromiso cívico.
Hubo varias razones por las cuales Corona escogió estudiar en la antigua FACEA, actual Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile. Lo primero que menciona es el prestigio. Ingresó a estudiar, en horario vespertino, en marzo de 1986 y en mayo del mismo año comenzó a trabajar en Price Waterhouse, firma internacional de auditoría y consultoría antecesora de PwC. “Tenía la inquietud de trabajar en forma simultánea con mi estudio”, explica, “no era por una necesidad económica, fue una decisión mía porque consideraba que era mejor para mi formación”.
Durante esos años, poco supo sobre la vida universitaria, fiestas y campeonatos de ping-pong. “Al ser una carrera vespertina, la mayoría de mis compañeros eran gente que trabajaba y estudiaba”. Muchos de ellos tenían sobre los 30 años. “Llegábamos a las 6 de la tarde, después de una jornada de trabajo, estábamos hasta las 10 de la noche y los sábados teníamos clases durante toda la mañana (...) el tiempo era especialmente escaso, dada esta realidad. Pero también era interesante, porque era un mundo distinto al mío. Muchos de mis compañeros eran papás, tenían familia y trabajaban. Yo también, pero era soltero, vivía con mis padres”. En esas jornadas vespertinas le tocó ver una realidad distinta a la suya, gente de mundos diversos. “Establecí un vínculo muy cercano con dos compañeros que eran carabineros; había un programa especial para ellos y, de hecho, los dos fueron muy buenos alumnos”. Agrega: “Me tocó salir de la burbuja y me sirvió mucho para conectarme más con una realidad del país. La facultad me marcó mucho en eso”.
A riesgo de ser injusto, recuerda con especial afecto a los profesores Domingo Fabres y María Paulina Zunino. Dos “instituciones” de FACEA. Al estudiar en horario vespertino, dice que tuvo “dos fuentes de conocimiento muy importantes. Una fue, por cierto, la facultad y la otra fue Price. A veces aprendía en la práctica y después me enseñaban la teoría. Y a veces aprendía la teoría y la aplicaba después en Price. Eso terminó siendo un continuo durante los cinco años de universidad”.
A su juicio, el sello que dejó la Universidad de Chile en su vida es “la excelencia académica, las cosas bien hechas”. Sostiene que la exigencia era alta. “Me esforcé mucho y tuve la fortuna de nunca reprobar un ramo, pero eso era poco normal. Más allá de creer que los profesores veían que nosotros hacíamos un gran esfuerzo al estar estudiando y trabajando, y nos daban mucho apoyo académico, a la hora de calificar eran tremendamente estrictos”. Una disposición hacia el conocimiento que valora hasta la actualidad: “Eso daba un sello de seriedad, de alta calidad, de responsabilidad al ser un profesional de la Universidad de Chile”.
Agradecer lo recibido
Dice que su reciente selección para integrar el Círculo de Honor de la FEN fue inesperada. “Uno tiene la duda, si no se equivocaron”, cuenta sonriendo y enseguida recuerda que su padre, Pedro Corona, también obtuvo ese reconocimiento. “Hay que agradecer, son momentos bonitos en la vida. Es un honor y me hace muy feliz que se reconozca una trayectoria de un poquito más de 40 años de trabajo. He tratado, dentro de mis posibilidades, de dejar siempre en alto el nombre de la facultad, porque siento que le debo mucho por la formación que recibí, por los profesores que me marcaron, por mis compañeros. Creo que esto siempre es multicausal, pero hay que agradecer lo que recibí”.
Si tuviera que hablar con sus futuras y futuros colegas de la Universidad de Chile, primero les diría que son afortunados. Y también que poseen un compromiso, “porque cuando se tiene la fortuna de estudiar en una facultad como esa, conlleva una responsabilidad, que es dejar en alto el nombre de la facultad, darse cuenta que es un privilegiado y que tiene que devolver a la sociedad lo que ha recibido”.
Su perspectiva asume que para colaborar con la sociedad hay que “actuar con integridad, y siento que en Price, que es una empresa que contribuye mucho a la sociedad, siempre traté de hacer las cosas de la manera correcta”. La formación de profesionales es un área que ha asumido en esta misma línea, “creo que también contribuí a formar gente, porque Price es como una segunda escuela”, dice. Además, ha hecho clases en su alma mater y en ESE Business School de la Universidad de los Andes.
Está vinculado a ICARE desde hace más de una década. Se incorporó a su directorio en julio de 2022, fue vicepresidente del Círculo de Asuntos Corporativos y asumió la presidencia en julio de 2026. “Es una corporación de derecho privado que fomenta las buenas prácticas empresariales, es un punto de encuentro entre la empresa, la academia, la sociedad civil y la política, y creo que hemos cumplido un rol significativo”. Sobre todo “por entender que las personas tienen que estar al centro de las decisiones, por contribuir a que tengamos una sociedad mejor. Y la empresa tiene un rol muy importante que jugar en aportar a la sociedad”.
Inmorales cifras de desempleo
“Estas cifras de desempleo, perdóname la calificación, pero llegan a ser inmorales”, sentencia. “Casi un 10% de las personas que necesitan trabajar no encuentran empleo, es muy duro”. E inmediatamente aclara que no se trata de voluntarismo, de pedir a los empresarios que contraten más personas, porque la economía no funciona así. “Creo que tienen que darse las condiciones para que las empresas vuelvan a invertir con más fuerza. Inversión tanto privada como pública (...) Las empresas tienen que ser eficientes. Dicho esto, sí, también pienso que tienen que poner a la persona al centro de las decisiones. Eso no significa, bajo ninguna circunstancia, contratar personas que la empresa no necesita, porque eso sería ir contra los principios de eficiencia, y poner en riesgo a todas las demás personas. Una empresa no está sola, compite, y no solo a nivel nacional, sino que muchas compiten a nivel global”.
Refiriéndose a las condiciones necesarias para la inversión, declara que son múltiples. “Para atraer inversión, tanto de inversionistas chilenos como de extranjeros, competimos con otros países y se necesita estabilidad, con eso me refiero a las normas. Cuando uno está permanentemente cambiando las reglas del juego, le hace daño a la inversión, porque esta suele ser de un horizonte de largo plazo”. Y nombra la importancia de contar con certezas, por ejemplo, “tener un sistema judicial que dé confianza para resolver controversias, tasas impositivas competitivas, que exista mano de obra calificada —que tiene que ver mucho con los centros de formación—”. Indica que son varios “los factores que tienen que ver con que el país vuelva a crecer a tasas que permitan que llegue una mejor calidad de vida a las personas. Al final, lo que se busca es eso”. Recalca que crecer es sinónimo de oportunidades, “cuando una empresa crece, tiene que invertir, necesita más personas, más proveedores, todo el ecosistema se reactiva”.