Niñez y juventud ante la acción climática:

Especialistas U. de Chile se refieren al futuro de las nuevas generaciones

De acuerdo con la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU), los niños, niñas y jóvenes son la población más afectada por el cambio climático, profundizando sus desigualdades y vulnerabilidades ya existentes. En el marco del mes del niño y niña, especialistas de la Universidad de Chile, a través del Programa Transdisciplinario de Medioambiente (PROMA), debatieron sobre el tema, buscando ser un aporte para enfrentar este desafío global.

La implementación de mecanismos de respuesta frente al fenómeno climático, así como la inversión en políticas públicas desde los gobiernos, son cruciales para enfrentar la emergencia climática. Cerca de 1.000 millones de niños y niñas viven en países con un alto riesgo de sufrir los efectos del fenómeno climático, de acuerdo a cifras de Unicef.

En América Latina y el Caribe existe un incremento en el número de desastres naturales, así como de problemas de salud vinculados a los cambios en el ecosistema. Quienes enfrentarán las peores consecuencias a corto y largo plazo serán los niños, niñas y adolescentes (NNA) de hoy.

Pero la población juvenil de todo el mundo, lejos de ser espectadora, ha empezado a manifestarse a gran escala. Un ejemplo de esto, es Greta Thunberg al desatar un movimiento mundial con solo 16 años desde Suecia.

“Son en general una generación que ha sufrido desde su nacimiento la crisis climática y ecológica y por lo tanto están mucho más conscientes con cierto nivel de incertidumbre sobre el futuro que se les está legando”, sostuvo Ezio Costa, Académico de la Facultad de Derecho y director ejecutivo de la ONG FIMA.

El derecho a un medioambiente sano y sostenible desde la niñez

El cambio climático y el calentamiento global afectan a la infancia porque pone en riesgo su derecho a la salud y a vivir en un entorno saludable y por otra parte, amenaza el futuro de las nuevas generaciones y su vida en la Tierra.

En Chile, los NNA residentes en bahía de Quintero-Puchuncaví, quiénes han estado expuestos a episodios graves de contaminación, convirtiendo a la zona en uno de los territorios más vulnerables de Chile.

Según Karla Yohannessen, Académica del Programa de Salud Ambiental de la
Escuela de Salud Pública e integrante de PROMA los gases contaminantes “provocan
daños importantes en el organismo de los niños y cuyos efectos se han relacionado con deficiencias en el aprendizaje y en el lenguaje, déficit de atención y deterioro de la función cognitiva”.

A su vez, agregó que “en el fondo, hay que actuar para prevenir que los contaminantes sean emitidos”.

Por su parte, el profesor Costa señaló que existen una serie de variables de orden normativo, pero es complejo regular las industrias con “los estándares ambientales actuales”.

“Con la nueva Constitución parece más claro que esos procesos industriales van a tener que actualizarse porque hay garantías, como el derecho al aire limpio o los derechos de los NNA lo que permitiría, a mi juicio, hacer de manera más expedita las actualizaciones”, planteó Costa.

Voces de la juventud a favor de la acción climática

A través de la educación, la tecnología o la ciencia, las y los jóvenes están aprovechando sus habilidades para implementar acciones por el clima.

En Chile, organizaciones medioambientales integradas por adolescentes y niños no se quedan atrás. Tal es el caso de Camila Hirmas, Estudiante de Biología Marina, activista del Área de Medioambiente de la plataforma Tremendas y Coordinadora de la Academia Climáticas.

“Sabemos que la crisis climática no la vivimos de igual forma (…). Entregar herramientas formativas desde la infancia, fomenta el empoderamiento de su liderazgo y acción climática, en miras de una representación en espacios de incidencia y decisión”, sostuvo.

La Academia busca proporcionar conocimientos climáticos con perspectiva de género a niñas y adolescentes entre 12 y 25 años de Latinoamérica.  “(...) Si le diéramos a todas las niñas del mundo acceso a la educación y planificación familiar, podríamos llegar a reducir 105 gigatoneladas de CO2 para el año 2050”, aseguró Hirmas.

En esa línea, para Loreto Paillacar, Integrante del Comité por la Sustentabilidad de la U. de Chile y Periodista del proyecto InES-Género de la Universidad Autónoma, las y los jóvenes ya se encuentran viviendo las consecuencias del cambio climático.

“No se trata solo de un problema al que se enfrentarán las futuras generaciones, las y los jóvenes ya estamos siendo afectados. Había que actuar y sumarse a este nuevo escenario de manera propositiva”, señaló sobre las razones que la impulsaron a involucrarse en esta causa mientras era estudiante en la Facultad de Comunicación e Imagen (FCEI).

Yohannessen y Costa coinciden en que los NNA tienen una mayor conciencia ambiental que las generaciones que les preceden. “Nuestro desafío es escucharlos y tomar conciencia del mundo que queremos dejar”, concluyó la Académica.

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