En el Día del Cine Chileno

Valentina Ávila del Cineclub Sala Sazié: “La idea no es homogeneizar a los públicos, sino al contrario, tratar de juntar esas diferencias y ponerlas en diálogo”

Valentina Ávila es la actual coordinadora del Cineclub Sala Sazié y encargada del Área Educativa y de Mediación de la Cineteca de la Universidad de Chile. Cree que es fundamental relevar la posibilidad de dialogar y convivir con las diferencias en los tiempos actuales, por eso, destaca el rol que juega hoy el Cineclub Sala Sazié de la Universidad de Chile. “Cuando vas a un cineclub en particular, tú interactúas y ves personas distintas a ti en muchos sentidos, en edad, en creencias, en aspectos culturales de cada generación, por eso, es tan importante la oportunidad que se genera en estos espacios para que la gente pueda compartir impresiones y aprender a convivir con el disenso”.

Tiene 29 años. Es licenciada en Filosofía por la Casa de Bello. Su género cinematográfico favorito es el drama y admira el trabajo del director Krzysztof Kieslowski y de la directora de cine, Catherine Breillat. Sus tres filmes favoritos internacionales son Dressed to kill (1980) de Brian de Palma; Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) de Pedro Almodóvar y La mujer sin cabeza (2008) de Lucrecia Martel. En cuanto a su preferencia por largometrajes nacionales, lideran su preferencia Surire (2015) de Bettina Perut e Iván Osnovikoff; Caliche sangriento (1969) de Helvio Soto y La once (2014) de Maite Alberdi. De eso y más, ahondamos en la siguiente entrevista.

Hoy te desempeñas como la actual coordinadora del Cineclub Sala Sazié. Para llegar a este lugar ¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el mundo del cineclubismo?

Yo nací y me crié en una comuna en donde hasta el día de hoy hay muy poca oferta cultural.  En mi comuna no había propuestas cercanas a las que yo pudiera haber ido gratis. Siento que crecí echando en falta más oportunidades, más diversidad y una cartelera en general de actividad cultural.

Más que el cine, a mí lo que me llamó mucho la atención y me voló mucho la cabeza fue el formato del cineclub. Yo conocí esto el año 2014, hacia fines de año en el Campus Juan Gómez Millas, y me enteré que había un cineclub, algo que nunca había escuchado y lo supe por una amiga. Fui a una de las exhibiciones que se estaban haciendo y me encantó porque era ver cine gratuito, o sea, había un acceso cultural que no estaba mediado por el pago de un ticket. Me pareció un formato súper novedoso, súper inusual de trabajo, había una libertad tremenda en una instancia gratuita y al mismo tiempo formativa y abierta a todo el mundo. En 2015 ingresé derechamente. Hicieron una convocatoria y yo quise ser parte del equipo de trabajo en donde conocí a Luis Horta, coordinador de la Cineteca, conocí la Cineteca y al equipo de ese entonces.

¿Cómo se oficializó este primer vínculo con la Cineteca y el  Cineclub?

Yo finalmente entré a la Cineteca por el proyecto de Cineclub Sala Sazié y de manera más formal, el año 2016. Ahí yo empecé a trabajar en el área de Mediación de Cineteca, que finalmente se encarga de ser una instancia que hace un trabajo permanente con los públicos y se preocupa específicamente de eso. Hay que entender que la Cineteca tiene otras áreas de trabajo, como, por ejemplo, el archivo audiovisual y también el archivo de documentación, todo lo que tiene que ver con prensa, material fotográfico, afiches, papelería, etc. Y el archivo audiovisual, la restauración de películas, la digitalización de películas y trabajos de laboratorio.

Sin embargo, hay que tener una instancia que permita que eso después salga y se conecte con los públicos, con la comunidad universitaria, que pueda estar accesible a docentes, investigadores. Ahí el área de mediación cobra importancia, porque finalmente no sacamos nada con restaurar películas, entonces ese es mi rol dentro de Cineteca, que está dado fundamentalmente a través del Cineclub Sala Sazié que hacemos en la Casa Central de la Universidad de Chile.

¿Cómo describes que ha sido tu paso a lo largo de estos años de integrarte oficialmente el 2016?

En lo personal para mí, ha sido una evolución bastante grande. Yo no vengo de cine, entonces una persona que no estudió cine, que venga a hacer una actividad constante con el cine ya es un desafío de entrada.  Una obviamente se inseguriza y piensas que hay muchos estudiantes de Cine que tienen mucha mejor base para poder ejecutar este trabajo, pero también ahí es donde cobra la importancia del cineclubismo y cómo se diferencia de una carrera formal o de otro tipo de instancias en donde el cineclubismo  fomenta mucho que está la idea transversal de que toda persona que ve una película, puede elaborar a partir de esa película, un punto de vista, un diálogo posible, porque las películas tienen temas, contenidos, tratamiento, parte técnica. 

¿Cuál es la importancia crítica que tiene el cineclubismo?

Lo importante es desarrollar la capacidad de hacer preguntas y de entablar temas de discusión, abordarlos y tratar de que los públicos de alguna manera se vinculen a esos temas y ahí se genera una interacción. Es un proceso de aprendizaje, obviamente sobre cine, pero también sobre los públicos, sobre mediación cultural. Y claro, un aprendizaje también que implica que entender que la mediación requiere de mucha práctica, es un trabajo muy territorial, es difícil sostenerlo solamente desde el punto de vista teórico.

¿Qué roles asumes actualmente hoy en el Cineclub y cómo se genera esa dinámica?

Mi rol incluye varias etapas de trabajo. Yo coordino el Cineclub.  Tengo que verificar que estén todas las partes en funcionamiento y en comunicación, esto es, por ejemplo, encargarse de que existan los afiches, hacer llegar a la persona que difunde, todo ese engranaje interno del funcionamiento del Cineclub esté bien conectado y esté en funcionamiento.

 Por otro lado, me encargo en parte de la programación, digo en parte porque hemos desarrollado un pequeño grupo de trabajo en particular este año. Por ejemplo, trabajo yo en el Cineclub junto a mi compañera Alenca, ella es la monitora de sala, se encarga de todo el trabajo en la sala misma de acondicionar el espacio antes de cada función. También, trabajamos con Vicente González, quien entró como practicante, que se quedó después de haber finalizado su práctica y él se ha dedicado a desarrollar textos críticos. Él escribe crítica cinematográfica de cada película que nosotros exhibimos y hace dípticos, se encarga del diseño, se imprimen y se entregan en cada función.  También está Natalia, quien llegó como público este año. De hecho, es amiga de Vicente, quien la invitó y ella empezó a ir de público porque le encanta ver películas, pero finalmente terminó involucrándose en este pequeño grupo de trabajo que tenemos

¿Qué otras actividades te corresponden desarrollar?

La programación la veo fundamentalmente yo y a la par con Luis, pero también hemos querido generar esta dinámica más participativa entre el resto del equipo, entonces es algo que yo siempre tengo que estar viendo mes a mes. Por otra parte, la moderación de los cineforos, yo tengo que ver con antelación cada una de las películas que exhibimos en el Cineclub, voy inmediatamente tomando apuntes mientras veo la película, voy tomando ciertas notas de cosas que introducir en los cineforos, obviamente depende de si hay invitado o no para el cineforo. 

Voy tomando notas de apreciaciones que puedo hacer yo, pero también que pueden convertirse en preguntas para el diálogo con este invitado y también incluye, por ejemplo, preparar algunas preguntas o temas para el público. Cuando les damos la palabra al público en la sesión, la idea es que ellos puedan tener un par de temas o de preguntas o provocaciones, que en el fondo enganchan su participación y funciona bastante bien. En general, la gente es bien participativa cuando se instalan estos temas.

Lo otro, es la gestión de invitados. Muchas veces hay que evaluar los ciclos que estamos haciendo, las películas que estamos exhibiendo, qué invitados o invitadas podrían ser pertinentes para el cine foro y que puedan participar. Hay que decir que no solamente cineastas o profesores de cine, sino que hemos tenido, periodistas, restauradores de películas, personas que vienen de arte e incluso de filosofía también. es bastante flexible ese criterio. 

La idea es que podamos aunar distintas disciplinas para enriquecer la mirada de cada película. Y bueno, parte de la difusión también la la veo yo junto a Alenca y Luis, con quien tenemos ahí una distribución de problemas, pero parte de la difusión también la veo, junto con enviar los insumos para que se hagan los afiches todos los meses. 

Gestión de copias también. Al exhibir películas no podemos descargar películas o cosas así, porque no es legal y necesitamos gestionar nuestras propias copias para exhibirlas en el Cineclub, ya sea con el archivo mismo de la Cineteca o con acciones que podemos gestionar entre nosotros también. Pareciera que no es tanto, pero la verdad es que igual es bastante.

¿Cuáles han sido los momentos que podrías destacar que más te ha marcado en tu paso por el Cineclub?

Yo diría que la pandemia, por una parte. Para todo el mundo fue una transformación total, pero en el caso del Cineclub fue crítico en un comienzo, no sabíamos si iba a seguir funcionando, no sabíamos muchas cosas, pero había que repensar todo porque estábamos quizás muy sujetos a un tipo de metodología, a un mecanismo presencial, y teníamos eso bastante ya interiorizado, pero claro, viene la pandemia y hay que repensar todo.

Fue súper desafiante porque había que pensar en  cómo fomentar la participación, algo que funcionara, había que entender el contexto, eso también tiene muy importante el cineclubismo, tienes que ser muy sensible al contexto, o sea, no puedes fijarte una metodología de trabajo para un largo tiempo porque siempre estás en movimiento, siempre está en cambio porque depende de la coyuntura, por si viene algo grande como la pandemia, temiendo lo está pasando mal y que puede ser algo un poco traumático, obviamente eso te cambia tus formas de interacción y cambia las necesidades que están teniendo los públicos, las prioridades que están teniendo, entonces todo esos son criterios muy importantes que hay que tomar en cuenta. 

Y bueno, en la pandemia lo que decidimos hacer, fue un ciclo que se llamó "El algoritmo Somos los públicos", que estaba enfocado en invitar mediante un formulario, una inscripción, a todos los públicos que quisieran, a toda persona, incluso nos llegaron postulaciones de fuera de Chile para ser parte de la programación del Cineclub, que propusieron un ciclo y ejes temáticos.

Considerando toda la relación crítica existente en el cineclubismo y el mismo Cineclub Sala Sazié ¿Qué mensaje le enviarías a los públicos?

Yo diría que cuando vas a al menos un cineclub en particular, tú interactúas y ves personas distintas a ti en muchos sentidos, en edad, en creencias, en aspectos culturales de cada generación. es importante que quizá aprendamos a convivir con las diferencias y a dialogar. yo creo que es importante no perder esa noción un poco cívica, de dialogar con las otras personas que nunca lo harías o quizá nunca lo haces si no vas a este tipo de espacios.

Por eso también en el cineclub es tan importante el espacio del cineforo, porque esa es la oportunidad para que la gente pueda compartir impresiones. Y también creo que es importante aprender a convivir con el disenso. En el Cineclub hacemos mucho eso, como quizás no vamos a llegar a un acuerdo en el cineforo, quizá no vamos a lograr llegar a una postura como única, pero creo que tampoco tendría sentido eso. Y la idea no es homogeneizar a los públicos, sino que, tratar de juntar esas diferencias, ponerlas en diálogo. Y yo creo que como ejercicio ciudadano eso es muy importante. Y ahí es donde también destaco el carácter de un cineclub.

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