La actividad reunió a investigadoras, investigadores, estudiantes y público general en torno a un ejercicio experimental que propuso abrir el archivo histórico al espacio público, invitando a participantes sin formación previa a interactuar libremente con documentos, fotografías, planos y textos de instituciones de beneficencia y cuidado del Chile de inicios del siglo XX.
“Este conversatorio pone cierre a un taller que se inserta en mi proyecto FONDECYT de Iniciación, que surge a partir de una fuente muy específica: el libro Actividades femeninas, publicado en 1927 como catálogo de una exposición que conmemoraba los 50 años del ingreso de la mujer a la Universidad de Chile”, explicó Montealegre, académica e investigadora responsable del proyecto.
Según detalló, cerca de dos tercios de ese libro dan cuenta de prácticas que hoy podríamos reconocer como actividades del cuidado, aunque en su contexto eran entendidas como caridad, beneficencia o acción social. “El proyecto busca comprender la dimensión espacial de este fenómeno y plantea como hipótesis que estas prácticas constituyeron una forma de agencia femenina en la producción del espacio, desde la escala del cuerpo hasta la ciudad”, señaló.
Un archivo abierto y participativo
El taller se desarrolló como una experiencia interactiva, en la que los documentos fueron literalmente “sacados al pasillo”, permitiendo que las y los participantes los observaran, comentaran y reorganizaran en un tablero colectivo. “La idea era que personas sin información ni formación previa se acercaran a las fuentes, se dejaran llevar por la intuición y generaran lecturas propias”, explicó Montealegre.
En ese proceso fue clave el trabajo del equipo de investigación, integrado por Gloria Rojas, Tiare León y Camila Zúñiga, quien además elaboró el mapa que fue entregado a las y los asistentes. La académica también destacó el apoyo de la Dirección de ad de Extensión y Vinculación con el Medio de la FAU. “Este tipo de actividades no serían posibles sin ese trabajo colaborativo”, afirmó.
Cuidado y disciplina: una relación compleja
Como comentaristas invitados participaron el historiador Simón Castillo, doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos y académico de la Universidad Central; la arquitecta y Doctora en historia del arte Amarí Peliowski; y el historiador Rodrigo Booth, Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, ambos del IHP de la FAU. A ellos se sumó la académica de la Universidad de Toronto Tara Bissett, académica de la Universidad de Waterloo, Toronto y Doctora en Historia de la Arquitectura quien ofreció una reflexión en inglés sobre los principales hallazgos del taller.
Bisset subrayó que su aproximación al concepto de cuidado ha cambiado profundamente en los últimos años. “Cuando comenzamos a trabajar este tema, pensaba el cuidado principalmente como una forma de labor o beneficencia. Pero se ha vuelto un concepto muy complejo, especialmente cuando se analiza dentro de instituciones”, señaló.
En ese sentido, destacó la tensión permanente entre cuidado y control. “Existe siempre una negociación muy compleja entre disciplina y cuidado, particularmente en instituciones donde las mujeres que las administraban no necesariamente tenían poder fuera de esos espacios”, indicó. A partir del análisis de los comentarios realizados por las y los participantes, Bissett observó que el archivo generado funciona como “un pequeño pero significativo archivo participativo que lee el cuidado y el control de manera conjunta”.
Entre los temas recurrentes, mencionó que el cuidado aparece como una práctica profundamente generizada e íntima, pero que al mismo tiempo se vuelve pública a través de planos, fotografías, afiches y registros institucionales. “También surgió con fuerza la idea de que el cuidado no siempre es accesible y que está mediado por factores como la filantropía y el dinero, lo que lo vuelve profundamente desigual”, agregó.

Miradas desde la historia urbana y la arquitectura
Desde la historia urbana, Simón Castillo situó las fuentes analizadas en un contexto más amplio de modernización del Estado chileno. “Estamos en un periodo en que se está construyendo el Estado moderno, y muchas de estas prácticas de cuidado y beneficencia provienen de la sociedad civil, no del Estado”, explicó, subrayando la necesidad de distinguir entre cuidado, beneficencia y bienestar.
Castillo llamó a complejizar la lectura exclusivamente disciplinaria de estas instituciones. “Cuesta ver ciertas prácticas —como los paseos a la playa para niños enfermos o el acceso al tiempo libre— únicamente como mecanismos de control. Son experiencias que tensionan la idea del disciplinamiento”, afirmó.
Por su parte, Rodrigo Booth destacó el rol de estas prácticas como una forma de agencia femenina y de construcción de ciudadanía, en un contexto en que las mujeres no tenían derechos políticos. “Estas actividades fueron una manera de posicionarse en el espacio público y de ejercer ciudadanía, aunque estuvieran atravesadas por vectores de vigilancia, control y cuidado”, señaló.
Booth también subrayó el carácter colectivo de estos espacios: “Es una época en que la vida privada es escasa y predominan grandes construcciones institucionales, verdaderos ‘pequeños palacios sin reyes’, donde la vida comunitaria era central”.
Desde la historia de la arquitectura con perspectiva de género, Amarí Peliowski valoró el ejercicio metodológico del taller. “Abrir estas fuentes a un público no especialista permite lecturas que muchas veces quienes investigamos pasamos por alto, como la atención a los rostros, a las emociones o a las sensaciones que producen las imágenes”, afirmó.
Nuevas preguntas para el presente
El diálogo se amplió hacia temas contemporáneos como la accesibilidad, la discapacidad y la interdependencia, a partir de intervenciones del público. Al respecto, Tara Bisset destacó que estas preguntas “vuelven aún más compleja la noción de cuidado”, especialmente cuando se la piensa no solo desde quien cuida, sino también desde las condiciones espaciales y materiales de quienes requieren y brindan ese cuidado.
En el cierre, Pía Montealegre valoró el taller como un experimento historiográfico que permitió mirar las fuentes desde otros ángulos. “Este ejercicio nos muestra cuánto dejamos de ver cuando estamos demasiado concentrados en nuestros propios temas. Abrir el archivo permite que emerjan lecturas inesperadas, sospechas, tensiones y nuevas capas de sentido”, concluyó.
El conversatorio finalizó con un reconocimiento al carácter colectivo de la experiencia y a la participación activa del público, reafirmando la importancia de seguir explorando el cuidado no solo como práctica social, sino también como productora de espacio, relaciones y ciudad.
