El propósito del libro “La escuela ha muerto ¡Viva la Escuela! Desafíos para un futuro común: la mirada de un director”, escrito por el profesor Miguel Rivera Alvarado, director del Liceo Bicentenario Víctor Jara en Peralillo, se resume perfectamente en su prefacio, donde advierte que la muerte de la escuela se refleja en “la pérdida de vigencia del rol tradicional de esta, centrado casi exclusivamente en la transmisión de saberes y conocimientos”.
“Sin embargo, lejos de una renuncia, esta constatación da origen a una convicción central: la escuela sigue importando, pero no cualquier escuela, sino aquella que es capaz de emerger con las características necesarias para cumplir la misión histórica a la que está llamada. Una escuela atrevida y osada, que convoca y anima al encuentro creativo, que se construye a sí misma de manera colectiva y que, por lo mismo, se vuelve especialista en conversaciones significativas para crear futuro”, dice.
La obra fue presentada este lunes en la Casa Central de la Universidad de Chile, con la participación de la Rectora de la U. de Chile, Rosa Devés; el director del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) y profesor del Instituto de Estudios Avanzados en Educación (IE), Juan Pablo Valenzuela; la investigadora postdoctoral FONDECYT del IE-CIAE, Francisca Corbalán; y la profesora del Departamento de Estudios Pedagógicos (DEP), Karen Mariángel. La moderación estuvo a cargo de la periodista y jefa de información del diario El País Chile, Rocío Montes.
También estuvieron presentes el Prorrector de la Universidad de Chile, Claudio Pastenes; la contralora universitaria, Magdalena Gandolfo; la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Pilar Barba; y la presidenta de la Fundación Piñera Morel, Magdalena Piñera.
La instancia sirvió para profundizar en el contenido del libro, que realiza una revisión histórica de la escuela y cómo el modelo nacido en la sociedad industrial ha perdido su vigencia, fenómeno acelerado por la pandemia del COVID-19. A partir de ello, el director plantea una transformación necesaria para la escuela, con pilares en el aprendizaje, el protagonismo de las y los estudiantes, la justicia social y la “escuela abierta”, considerando además el informe de 2022 de la UNESCO “Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación”.
El profesor Rivera señaló que en el libro “está plasmada la concepción de que la escuela necesita ampliar su horizonte, necesita construir vínculos con otras escuelas. Se resiste, y es una crítica también a todos los actores, incluyendo los directores, pero es una crítica que confía y cree en la esperanza de que otra escuela es posible”. “Soy un optimista. Creo que la escuela es el lugar de la esperanza, y lo es porque –aunque no resulte– vale la pena intentarlo y tiene sentido lo que hacemos. Los ciclos políticos pasan, las políticas se van modificando, pero la escuela la construyen los actores escolares que quieren transformar vidas, y eso nos parece muy relevante", dijo el director, quien es uno de los fundadores y coordinadores de la Red ECO de Colchagua, que reúne a directores de escuelas y liceos públicos, particulares subvencionados y particulares pagados de la provincia de Colchagua.
“Si bien el libro recorre la historia de la institución escolar, no constituye una advertencia ni una interpelación. Es, más bien, un llamado amoroso y responsable a dar vida nueva a la escuela, a reconocer que la escuela tradicional ha cumplido su ciclo y a cuidar lo que merece permanecer, para atrevernos –en el más amplio sentido– juntos y juntas a imaginar lo que aún no existe”, expresó la Rectora Rosa Devés, quien escribió el prólogo de la obra.
La Rectora indicó que, “desde la herida y desde el aprendizaje de tiempos difíciles, como fue la pandemia, el libro aborda con honestidad las preguntas sobre la validez y el sentido de la escuela. No idealiza lo que fue ni desconoce sus fragilidades, pero tampoco renuncia a su promesa. Más bien, invita a preguntarnos qué tipo de escuela necesita hoy una sociedad que ha experimentado la fragilidad en sus certezas y la profundidad en sus interdependencias”.
Por su parte, el director del CIAE, Juan Pablo Valenzuela, valoró la reflexión del libro respecto a poner el foco en el aprendizaje de las y los estudiantes. “Somos un país donde pareciera ser que las pruebas estandarizadas y las regulaciones terminan siendo los condicionantes que determinan la historia de los aprendizajes, de las oportunidades, de la equidad, de una escuela justa, que es el fin de toda escuela –como plantea Miguel–, donde todos y todas aprenden”. Además, mencionó la relación entre el Instituto de Educación-CIAE con el Liceo Bicentenario Víctor Jara, agradeciendo la comunidad de Peralillo por “permitirnos ser comunidades de destino”. Añadió que es necesario “hacer de la investigación una línea estratégica que aprenda a conversar oportunamente y en forma adecuada con la política pública, que tenga un pie en el sistema educativo, en sus comunidades, en sus actores, pero también en el diseño de políticas públicas para que sean justas y buenas”.
La investigadora del Instituto de Educación-CIAE, Francisca Corbalán, destacó la estructura pedagógica de la obra, donde “hay quienes y hay cosas que matan la escuela. Es muy pedagógico porque se presentan reglas y permiten pensar de manera creativa también, por lo que pensé en quiénes matan la participación, donde tenemos mucho análisis en común: matan la participación y la posibilidad de una gobernanza participativa o más democrática el sistema de estandarización; la mata la privatización, tanto simbólica como material del sistema escolar; y lo mata la fragmentación, el individualismo y la ‘expertocracia’”. “Creo que el libro se destaca en eso, en ir mostrándonos muy gráficamente dónde etán esos intersticios a los que hay que poner atención y cómo revertirlos”, dijo Corbalán.
"El libro es una contribución honestamente situada y muy contextualizada a una realidad histórica, que al mismo tiempo, es actual del país y del mundo. Valoro muchísimo que no sea un texto escrito desde una torre de marfil ni algún escritorio, sino de una dirección escolar que es vivida y aprendida desde la colaboración, el autoconocimiento y desde una tan necesaria y valiente reflexión constante", afirmó Karen Mariángel, profesora del Departamento de Estudios Pedagógicos en su presentación. "Cuando la palabra dicha en el aula sirve para tender un puente, cuando el diálogo abre un espacio de formación, ahí es donde la educación comienza a hacerse cargo de formar para encontrarse, para colaborar, para participar de distintas prácticas sociales, para ejercer la ciudadanía, resolver conflictos e imaginar, efectivamente, mundos posibles, en los que todas, todas y todos tengamos un espacio de legitimidad", agregó.
La obra, publicada por Ediciones Instinto, se presenta como un manifiesto pedagógico esperanzador en “momentos difíciles que vive el país, por lo cual es tan importante que la escuela siga cumpliendo su misión y cuidarla entre todos”, sostuvo el profesor Rivera. “La escuela transforma vidas. Esa convicción la hemos vivido entre todos los que estamos acá, y quiero que sigamos haciendo de la escuela el lugar que contribuye a la democracia, a la paz y a una mejor sociedad”, destacó el director.