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Pilar Cortés, ingeniera en biotecnología molecular: "Cuando hay un profesional de la U. de Chile, sabes que esa persona tiene una formación sólida"

Pilar Cortés: “La formación U. de Chile es sólida y confiable”
Pilar Cortés estudió Ingeniería en Biotecnología Molecular en la Facultad de Ciencias a principios de la década del 2000, allí se encontró un ambiente diverso y que la desafió a pensar críticamente
Pilar Cortés estudió Ingeniería en Biotecnología Molecular en la Facultad de Ciencias a principios de la década de 2000. Allí se encontró con un ambiente diverso que la desafió a pensar críticamente.
Durante su trayectoria profesional ha trabajado uniendo ciencia de punta con procesos productivos.
Durante su trayectoria profesional ha trabajado conectando ciencia de punta con procesos productivos.

Para Pilar Cortés, la biotecnología molecular fue la carrera que unía a la perfección sus habilidades ligadas a la ingeniería y sus intereses científicos. Oriunda de La Serena, la Universidad de Chile, institución pionera a nivel nacional en impartir esta carrera profesional a principios de los años 2000, la recibió en la Facultad de Ciencias ubicada dentro del Campus Juan Gómez Millas. Esa experiencia marcó un quiebre con su etapa escolar. "Venía de un colegio tradicional de La Serena y llegué a un ambiente muy pluralista. Me llamó la atención porque venía de una burbuja en el colegio donde éramos todas muy parecidas, a tener un curso que, si bien era pequeño, de 35 alumnos, tenía compañeros de todo Santiago, también de regiones, de distintos estratos socioeconómicos, de distintos orígenes, incluso tenía un compañero extranjero".

Continúa recordando que “había mucha discusión de temas sociales, algo muy característico de la universidad; había muchas asambleas donde se discutían las condiciones del campus, se hablaba sobre las becas, el acceso al financiamiento y también hablábamos sobre el servicio social. Venía de un colegio en que hacíamos mucho servicio social, y eso también lo pude encontrar en la universidad a través de la FECH, fue algo que sentí que estaba súper alineado con lo que buscaba dentro de la universidad”. Los temporales en el invierno del año 2000 fueron testigos de esta organización y compromiso con la comunidad.

Sus dos hermanos, uno arquitecto y otra periodista, también estudiaron en la Universidad de Chile y cuando piensa en las características profesionales que los unen reflexiona: Con carreras súper distintas compartimos la rigurosidad de hacer las cosas bien. La universidad, independiente de las carreras, te entrega una formación que tiene que ver con el pensamiento crítico y cómo poner en práctica esos aprendizajes de una manera bien estructurada, con una base de conocimiento sólido (...) Los tres somos muy distintos en lo que hacemos profesionalmente, pero aun así siempre conversamos que cuando hay un profesional de la Universidad de Chile, sabes que esa persona tiene una formación sólida, se atreve a innovar y a explorar nuevas áreas dentro de su ámbito profesional, pero con rigurosidad. El profesional de la Universidad de Chile es confiable, precisamente por eso”.

Durante su paso por la facultad, en el laboratorio forjó su aprendizaje de "ciencia en el mesón" clonando genes e interpretando resultados bajo la tutela de la Dra. Lee Meisel. Posteriormente, su tesis fue guiada por el actual decano de la Facultad de Ciencias, Nicolás Guiliani, quien la desafió constantemente a pensar más allá de los límites y a desarrollar una visión disciplinada y creativa. Asimismo, destaca el impacto de pares brillantes como la científica Fabiola Osorio, quien sigue siendo un referente en su carrera.

El arte de cruzar ciencia y producción

El corazón de la biotecnología molecular radica en un objetivo claro: insertar la ciencia directamente en los aspectos productivos. “Para países como Chile, que son más bien pequeños y que están dentro de la actividad productiva de materias primas, la innovación científica debería ser —y es— un motor importante de desarrollo”, opina Pilar. “Chile tiene una alta tasa de emprendedores científicos. Existen muchas startups de base científica y sobre todo de base biotecnológica. Tenemos polos instalados, por ejemplo, en Puerto Varas, en la Región del Biobío y, por supuesto, en la Región Metropolitana, con ideas con mucho potencial”. Sin embargo, el obstáculo para que estas ideas escalen es el financiamiento, ya que la recuperación de la inversión no es a corto plazo. Una segunda barrera, para la biotecnología, es “la valoración de las grandes empresas presentes en Chile respecto a estas pequeñas startups”. Dice que “hay muchos casos de éxito en que empresas grandes han decidido aventurarse a tener una división de innovación científica, en la que se conectan con empresas de biotecnología para plantearles su desafío y buscar una solución en conjunto. Y el beneficio es mutuo”. 

En este mundo, las cadenas de abastecimiento y de distribución son fundamentales y las empresas biotecnológicas operan bajo una lógica radicalmente opuesta a las industrias tradicionales como el retail o la minería. Mientras que una empresa convencional busca minimizar costos unitarios mediante compras de grandes volúmenes y almacenamiento predictivo, una startup científica se enfrenta a un escenario de alta incertidumbre en la demanda y la producción.

Comprar grandes volúmenes en este sector puede significar agotar la caja financiera en stock innecesario que corre el riesgo de perderse. “Cuando estás en una empresa con base científica —detalla— tienes que repensar ese modelo de abastecimiento y de producción, porque una de las materias primas siempre es un agente biológico, ya sea un microorganismo, una semilla, etcétera, entonces tienes un factor que es distinto, que tiene un ciclo de vida y que, por lo general, es de alto costo mantenerlo, porque requiere cadenas de frío en muchos casos. Y si tercerizas ese proceso, tienes que encontrar un socio que entienda y que tenga el mismo cuidado que piensas que tiene que tener ese agente. Eso es muy complejo estando en una empresa pequeña, porque además los operadores logísticos están acostumbrados a trabajar en grandes volúmenes. En el caso de la mayoría de las empresas biotech tenemos que optar por exportaciones vía aérea, que son mucho más caras, ahí no es aplicable la economía a escala porque no tienes cómo aumentar el volumen, tienes una capacidad productiva pequeña y tienes que jugar con eso”.

Frente a este complejo panorama, Pilar Cortés ha consolidado su experiencia especializándose en hacer eficientes estas cadenas de suministro críticas. Su valor agregado radica en una cualidad “bilingüe”: entender el lenguaje técnico del desarrollo científico en el laboratorio y, al mismo tiempo, dominar el engranaje de los procesos de compras, producción y distribución. Su rol no solo consiste en optimizar recursos, sino en educar a los proveedores para transformarlos en socios estratégicos capaces de crecer junto a las startups científicas, resguardando el valor y la enorme inversión realizada en cada innovación.

Inteligencia artificial contra las bacterias

Actualmente, Pilar despliega este conocimiento en PhageLab, compañía que desarrolla soluciones de deep tech basadas en bacteriófagos —virus naturales que infectan bacterias de manera dirigida—, configurando una alternativa inocua frente al uso tradicional de antibióticos para controlar enfermedades en producción animal. 

Al mirar el horizonte de la industria biotecnológica global, identifica claras tendencias tras la pandemia. Más allá del auge en el sector farmacéutico, vislumbra una oportunidad en el área alimentaria. La búsqueda actual de los consumidores por alimentos más sanos y con mayor valor nutricional encuentra en la biotecnología una aliada histórica que hoy permite mejorar productos de manera natural y acelerada. Y, en este proceso, la biotecnología cuenta con conocimiento acumulado: “Los griegos ya hacían biotecnología buscando y cruzando nuevas cepas para mejorar sus productos. Era una biotecnología muy básica, pero desde ahí viene. Hoy en el mundo hay mucho interés por desarrollar alimentos mejorados, pero de una manera más natural, utilizando la biotecnología para lograrlo”.