Cuando estaba en el colegio, Sebastián Rivas eligió la universidad en la que estudiaría antes que la carrera. Quería ser formado en la Universidad de Chile. Así lo explica: “Era muy importante estudiar en la Universidad de Chile por lo que significa. Y hoy más que antes, por cómo se ha ido desarrollando el mundo moderno, es un punto de encuentro. Es un lugar donde no solamente los aprendizajes están en el aula, también están en tus compañeros. Es donde tienes que ir tomando decisiones. Y cuando uno piensa en un lugar que te prepare para la vida profesional, para mí era estudiar en la Chile”. Agrega: “Tengo orgullo de haber estudiado en la U, no me equivoqué. La Universidad de Chile es un punto de encuentro de las diferentes realidades”.
Su vocación por el periodismo fue posterior. Divagó entre psicología y sociología, hasta que se dio cuenta de que a través del periodismo “se abría la opción de hacer varias cosas” y la posibilidad de especializarse era casi infinita. “A los 18 años me parecía un camino interesante para seguir aprendiendo, que permitía expandirme en otros mundos”. Añade: “También tienes algo particular: el día de hoy no es igual al del colega. Siempre estamos conectados a la realidad en todos nuestros mundos”.
Ingresó a la Universidad de Chile en 2003 y perteneció a la segunda generación en habitar el edificio ubicado en el Campus Juan Gómez Millas (JGM). En ese entonces ya estaba consciente de que ese logro pertenecía a quienes lo precedieron como estudiantes y a las autoridades correspondientes. Además, estudiar en JGM traía consigo “un campus ecléctico hasta el día de hoy. Y nosotros en periodismo éramos los habitantes nuevos. Era una comunidad súper interesante y nos sabíamos privilegiados porque contábamos con infraestructura que las generaciones previas no habían podido tener”. Desde su experiencia, JGM es “un campus que te permitía hacer muchas cosas, desde lo deportivo, pasando por lo cultural, y por las presiones sociales, que eran naturales. Creo que ese proceso de acercarse a realidades tiene un valor que defiendo como una parte central del proceso de aprendizaje universitario. Había una exposición a distintos nombres y actividades. Tenías esa completitud de mundos muy distintos, que te hacía abrir la cabeza y entender lo diferente que habitaba en ellos, me parecía muy interesante”.
Maestros exigentes, pero cariñosos
Sebastián también apreciaba la malla de estudios por su diversidad. “Era una especie de bachillerato donde estudiábamos historia, comunicación, la teoría que es algo maravilloso de la Universidad de Chile”. Entre los profesores que recuerda con más admiración está Raúl Muñoz, cuyo lema era que "hacer siempre bien las cosas, sin importar el cargo ni la labor, es algo en que todo debe estar". Raúl Muñoz “te recibía y te cambiaba, creo que nunca había tomado tantos apuntes como en su ramo. Nunca me he olvidado de esa lógica del maestro exigente, pero cariñoso. Tenía una manera de enseñarte a pensar que es lo más valioso, creía que la universidad es un lugar donde uno es privilegiado por pensar. Él captaba la atención y entendía que ese es el trabajo de un buen profesor”. Reflexiona: “El profesor Carlos Ossandón era brillante; me tocó el privilegio de aprender con gente que tenía esos conocimientos. Por ejemplo, Rafael Del Villar y también Juan Pablo Arancibia eran gente que te llevaba a discusiones que las ves hoy y todavía son tremendamente actuales”. En este sentido también destaca a Sergio Campos, de quien fue ayudante: “Recuerdo un viaje al Congreso Nacional, llegamos y nos recibieron con un almuerzo. Estaba el ex Presidente Eduardo Frei... Sergio sabía que, estando con él, íbamos a respetar ciertas cosas en ese almuerzo. Si uno hubiera querido sacar un titular, se podría haber hecho sin mucho problema, pero uno entendía ahí toda esta lógica, lo que implicaba ser periodista, el respeto por ciertos elementos, y el peso de alguien que literalmente se jugó la vida como Sergio Campos. Eso te responsabiliza”.
Ha llevado el sello de la diversidad en la Universidad de Chile de manera transversal en sus trabajos. “Uno tiene que tratar de tomar aquellos elementos ricos, porque finalmente vas a construir un mejor lugar. Es lo que me llevé más fuerte de haber estado en la Universidad de Chile, y ese valor lo he tratado de aplicar en mis años como periodista y también como jefe (...) Veía que la suma y la diversidad nos hacían valiosos. Eso me ha enseñado muchísimo a tratar de comprender, de empatizar. Siento que los periodistas tenemos que ser empáticos para poder entender las realidades que contamos. Eso no significa no ser duros o no tener juicios; significa tratar de entender dónde se está para poder informar mejor a la gente y que las personas comprendan el porqué de los hechos”.
Opina que otro de los sellos de la institución es su compromiso con lo público y que la carrera de periodismo está profundamente ligada con esta misión. “Como periodistas somos depositarios de una fe pública, tenemos que hacer nuestro trabajo siempre desde una perspectiva ética, también humana, porque estás devolviendo algo a la sociedad. En mi día a día me veo como parte de ese circuito que nace en lo público, en la Universidad de Chile, vinculado con una carrera que tiene sentido público. Por más que el periodismo pueda tener algunos elementos que son más propios del mundo privado, evidentemente es una carrera que en su corazón es muy pública”.
La confianza como tesoro
Según estudios de Digital News Report, Feedback y la PUCV, actualmente CNN es el canal más confiable para la ciudadanía en Chile. Por otro lado, la Universidad de Chile encabeza el estudio de Total Brands 2026 respecto a la institución académica más valorada. Sebastián Rivas dice: “No solamente en Chile, sino que a nivel global hay una crisis de confianza. Ser parte de una marca o de una universidad que tenga una representación muy asociada a la confianza, sin duda que a uno lo lleva a pensar cómo se es digno de ella. La confianza de la gente es súper compleja, porque está basada en comportamientos a lo largo del tiempo; por lo tanto, si no la honras, es muy fácil perderla”. Está convencido de que es algo que se debe cuidar: “Tenemos una responsabilidad como medio de comunicación, y también debemos entender que eso nos permite abrir conversaciones y espacios que ayuden a encontrarnos”.
Reconoce que en CNN Chile se hace un periodismo “exigido y a veces duro”, pero que contribuye activamente a la sociedad. “Entendemos que la sociedad necesita espacios de información, de conversación, de calma. En ese proceso, a veces nos equivocamos, pero también hemos aprendido. La gente valora cuando le explicas tus errores, pero le cuesta mucho que no le expliques o que no seas transparente sobre cómo estás haciendo tu proceso”.
En su trayectoria periodística se ha desempeñado también en La Tercera y El Mercurio, entre otros medios, donde ha experimentado hechos históricos. Por ejemplo, en CNN le tocó coordinar la transmisión sobre la intervención de EE. UU. en Venezuela. “Me desperté a las tres de la mañana con la noticia y empecé a activar a las personas. Ahí entiendes que estás siendo parte de un equipo. Sabes que eres parte de una cadena, que estás partiendo, pero alguien va a tomar la posta y va a seguir con la transmisión. Me pasó algo similar con el ataque de EE. UU. a Irán. En esos instantes te das cuenta del rol que tienes, sobre todo cuando hay noticias de las que te vas enterando en la medida que van ocurriendo. Te preguntas: ¿cómo lo transmito?, ¿cómo lo explico?, ¿cómo soy responsable?, ¿qué me guardo para no generar alarma? Esos momentos de breaking news son muy importantes porque ahí también está el corazón de nuestra oportunidad. Estamos jugando un rol en la manera en que la noticia es comunicada, en cuánta alarma se genera, cómo le llega a las personas y, por supuesto, te das cuenta de que estás viendo lo que será historia. Ver cómo la historia pasa delante de tus ojos creo que es de las cosas más maravillosas que hay en la carrera”.
Como director editorial de CNN Chile, el vertiginoso crecimiento de la inteligencia artificial (IA) es un asunto que ha reflexionado y continúa interpelándolo. “En inteligencia artificial el desafío es situarla como aliada y empezar a definir una conversación con la audiencia sobre cuáles son los marcos aceptables dentro de un entorno de confianza para usarla”. Como en todas las profesiones, explica, se están identificando las tareas donde la IA puede colaborar —como adaptar contenidos a distintas plataformas—, así como también los riesgos de las falsificaciones. “Nos enfrentamos a un momento donde estamos viendo cuáles son los límites y, por lo tanto, qué amenazas hay. Y esa es una conversación donde uno no puede ser inocente. Realmente la inteligencia artificial es una amenaza para ciertos trabajos y perfiles, sobre todo con la velocidad de producción, pero creo que a medida que se da una conversación más informada, nos ayuda a que la IA facilite procesos para dedicarnos a hacer el periodismo que es tan necesario y tan valioso”.