El Presidente de la República anunció en abril un “plan de reforzamiento de la seguridad de las policías” y el “plan calles sin violencia” para abordar los complejos desafíos de seguridad pública que atraviesa el país. Las manifestaciones de esta crisis son claras: un aumento acelerado de los homicidios, incluido el asesinato de policías, por una parte; y, por otra, las limitaciones que el Estado ha manifestado para enfrentar esta situación, no solo ante la coyuntura, sino también a mediano y largo plazo.
El profesor Octavio Avendaño, académico del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, reconoce que este problema de seguridad se ha agudizado en los últimos años y señala que “esta crisis está asociada a distintos factores. Pero lo más importante, más allá de la frecuencia de los delitos, es el temor que se ha instalado en la población producto del aumento de la violencia con la que se efectúan algunos delitos”.
Lo inédito del fenómeno, en este sentido, tiene relación con un cambio en la cultura delictiva, ya que la población estaba acostumbrada a un tipo de criminalidad muy distinta, donde la muerte o el asesinato obedecía a situaciones más extremas. Hoy, en cambio, estos hechos se han hecho parte de la vida cotidiana de muchas ciudades y localidades del país.
“Estamos hablando también de un fenómeno que inicialmente se concentra en las grandes ciudades, luego en las zonas limítrofes y hoy día se expande por todo el país. Eso también introduce elementos de novedad en la población. Por ende, la percepción de inseguridad tiende a aumentar. Además, muchos de los delitos se acompañan de un poder de fuego que es superior a las instituciones del Estado que están encargadas de la seguridad y del orden interno. Eso también tiende a generar o a aumentar la percepción de temor por parte de la población”, agrega el profesor Avendaño.
La profesora Rocío Lorca, académica del Departamento de Ciencias Penales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, opina que esta crisis es preocupante por el tipo de delito que estamos viendo y las formas de violencia, con un crimen organizado que se ha profundizado y un poder de fuego que antes no veíamos.
“Lo que más me preocupa de esta crisis es que de nuevo estamos respondiendo frente al problema de la criminalidad de manera reactiva y no preventiva, y vamos a volver a generar otra crisis más adelante. No tomamos las medidas que pueden ser, no las más populares, pero que son las más efectivas para prevenir la criminalidad y prevenir la violencia en nuestra sociedad”.
Fuerzas Armadas para combatir el delito
Hugo Frühling, académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, indica que le llama la atención que para proporcionar seguridad en ciertas áreas del país se recurra a las Fuerzas Armadas, cosa que no se impuso en Chile durante los primeros 20 años desde la vuelta a la democracia. “En consecuencia, ello da cuenta de una insuficiencia de las Policías para enfrentar una situación que es policial y no militar. Es potencialmente muy peligroso poner a las Fuerzas Armadas en situación de realizar operaciones con la población civil. Eso es francamente peligroso, potencialmente peligroso. Y tenemos experiencia comparada en otros países de América Latina donde los resultados han sido muy malos, como en México, por ejemplo”, plantea.
Es peligroso para la Democracia, también, asegura. “Absolutamente, es potencialmente peligroso para los sistemas democráticos en la medida que una vez que se da curso a una política de esta especie, muy luego se empieza a generalizar y a naturalizar completamente el uso de la Fuerzas Armadas para lidiar con el delito común, y de ahí, normalmente, no se sale tan fácilmente”, advierte el profesor Frühling.
Coincide con esta visión el profesor Avendaño, quien dice que se requieren varias medidas para enfrentar este problema. “En primer lugar, mayor dotación de recursos y una mayor formación en Carabineros. Pero, al mismo tiempo, mayor control de Carabineros, porque Carabineros es una institución que viene atravesando por una crisis bastante severa de corrupción de los altos mandos, y eso, desde luego, repercute en la efectividad en el combate de la delincuencia”, sostiene.
En esta línea, el académico de la Facultad de Ciencias Sociales enfatiza que se necesita fortalecer a la institución policial más que decretar estados de excepción constitucional o estados de emergencia, que implicaría que los militares se hagan cargo del control o del orden interno. “Me parece una medida muy extrema y, al mismo tiempo, muy errada, teniendo en cuenta que el uso de la fuerza también tiene que ser regulado, no puede ser desregulado, no puede quedar a merced de quienes simplemente hacen uso de este recurso”, observa Avendaño.
La profesora Lorca, en tanto, cree que fortalecer nuestras Policías también puede mejorar nuestros procesos migratorios. "Para evitar que surjan prejuicios innecesarios, pero también generar orden en la migración, gestionar la migración mejor para que no se produzcan espacios de caos y de ausencia del Estado, como estamos viendo en algunos lugares del país. Y, por último, pensar mejor qué vamos a hacer con la gente una vez que alguien es condenado por un delito. Es una oportunidad que tiene la sociedad para hacer algo constructivo. Ya estamos invirtiendo plata ahí, la vamos a seguir invirtiendo ¿Cómo la podemos invertir mejor? Entonces ahí yo creo que el desafío en Chile es avanzar en el ámbito penitenciario, un desafío pendiente de mucho tiempo", asegura.
Acerca del paquete de leyes impulsado en el último tiempo, el profesor Frühling señala que “penetrar el crimen organizado no es cuestión legal, sino que tiene que ver con inteligencia policial y capacidad de infiltración. Y eso no es tan fácil. Así que, en el mejor de los casos, tendrían algún dividendo positivo a mediano o largo plazo”.
¿Cómo abordarlo?
El profesor Frühling dice, además, que para abordar el problema “lo primero es establecer una institucionalidad transversal que enfrente los aspectos más virulentos y graves de la situación actual. Me refiero a determinar con el Gobierno, con la Fiscalía y con las Policías una reflexión respecto de los cambios que se requieren”.
En tanto, el profesor Avendaño plantea necesario asumir que este es un problema severo y no una invención de los medios de comunicación o producto de la exageración de ciertos grupos sociales y políticos, sino que es un problema serio que está afectando al país en su conjunto, y luego ver cuáles son las medidas más apropiadas y más efectivas para llevar a cabo el combate de la delincuencia. “Yo iría por una medida de tipo preventiva por sobre lo reactivo. Y, desde luego, la mayor dotación de recursos a quienes están encargados de la seguridad y del orden público”, propone.
Entre las tareas urgentes, destacan el desarrollo de mayor inteligencia, no solo de la inteligencia de las policías que hacen investigación, sino que también de tener información accesible, actualizada y bien coordinada entre las distintas instituciones, que nos permita comprender el fenómeno de la criminalidad de manera más compleja. "Lo que hoy día ocurre normalmente es que cada institución (Gendarmería, Defensoría, el Poder Judicial, el Ministerio Público y Policías) genera sus propios datos para efectos de su propia política. Necesitamos coordinar toda esa información e incorporar también información de Salud, de Desarrollo Social, que nos permita entender las otras dimensiones de la criminalidad, quiénes están participando, cuáles son las características sociales de estas personas, dónde viven aquí a qué centros educacionales fueron, a qué centros de salud está, cómo están afectando la criminalidad todas estas otras dimensiones y esa inteligencia o esa información es muy importante para poder hacer mecanismos de prevención y de reacción”, afirma la profesora Lorca.
El rol de la academia y de la Universidad
La academia, por su parte, tiene la misión de crear los espacios para llevar una discusión más basada en la reflexión y menos en la pasión. “Una contribución importante es entender que nuestra tarea al comentar, al analizar, debe ser una tarea que realmente difunda conocimiento y, por lo tanto, abra condiciones para resolver de mejor manera esta crisis sin afectar el sistema democrático”, opina el profesor Frühling.
La profesora Lorca, en tanto, destaca el rol de la academia en la solución de este problema. "La academia hace investigaciones como de pedacitos. No tenemos como una visión más global de lo que está ocurriendo y yo creo que eso es fundamental, generar en Chile incentivos para el desarrollo de información, de calidad, que nos permita comprender y hacer políticas públicas buenas en esta materia. Y eso supone incorporar o coordinar no solo a las instituciones públicas, también a todas las universidades privadas o públicas, generar fondos de investigación, coordinación entre los académicos, etc. Yo veo que algunos esfuerzos van en este sentido, pero nos falta harto para avanzar", indica.