Magnesio, hierro, calcio, vitaminas B, C y D, probióticos, prebióticos, proteína, creatina, omega-3, ashwagandha, melena de león y una creciente variedad de productos promocionados en redes sociales y farmacias forman parte de una industria en constante crecimiento. Su amplia disponibilidad y diversidad de precios los han convertido en productos de consumo habitual en muchos hogares chilenos. Sin embargo, su popularidad no siempre va acompañada de información adecuada sobre sus beneficios, limitaciones y riesgos.
La profesora Nathalie Llanos, nutricionista, subdirectora de la Escuela de Nutrición y académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH), y la doctora Lissette Duarte, nutricionista y académica del mismo departamento, explican qué son los suplementos alimenticios, cuándo pueden ser útiles y por qué no deberían consumirse sin orientación profesional.
¿Qué es un suplemento alimenticio?
Los suplementos alimenticios son “productos diseñados para aportar un nutriente o compuesto en particular con el objetivo de cubrir los requerimientos nutricionales de una persona, específicamente cuando estos no logran alcanzarse únicamente a través de su dieta habitual”, explicó la profesora Nathalie Llanos.
Estos productos pueden obtenerse de fuentes naturales, como la whey protein, que se extrae de la leche, o sintetizarse en laboratorio, como ocurre con la creatina y diversas vitaminas. Dado que responden a la necesidad social de contar con opciones prácticas y de fácil consumo, suelen presentarse en formatos como cápsulas, polvos, barritas y geles.
Aunque en muchos casos resultan útiles, “no se comparan ni reemplazan una alimentación adecuada”, señaló la profesora Llanos. “Estos productos son un complemento para una alimentación que debería ser adecuada de base, y no un sustituto. Esto se debe a que los alimentos poseen una ‘matriz’ natural en la que los nutrientes interactúan entre sí y funcionan de manera mucho más eficiente que cuando se consumen de forma aislada en una píldora o scoop”, agregó.
¿Cuándo están indicados?
Las necesidades nutricionales no son iguales para todas las personas ni permanecen constantes a lo largo de la vida. Existen situaciones fisiológicas, patológicas o relacionadas con el rendimiento físico que pueden aumentar los requerimientos de determinados nutrientes.
“En la gran mayoría de los casos, una persona sana puede cubrir todos sus requerimientos nutricionales mediante una alimentación adecuada”, explicó la doctora Lissette Duarte. “Sin embargo, en ciertas situaciones la demanda del organismo aumenta, por lo que los suplementos se vuelven necesarios”, añadió.
Este es el caso de las personas embarazadas. “Cuando una persona se embaraza, el requerimiento de hierro aumenta drásticamente para satisfacer las demandas asociadas al crecimiento y desarrollo fetal, lo que hace casi imposible cubrirlas solo con la alimentación”, explicó la nutricionista.
Otro caso son las personas que siguen dietas basadas en plantas. “Quienes excluyen carnes, lácteos o huevos de su dieta pueden tener mayores dificultades para obtener vitamina B12, vitamina D y proteínas”, continuó.
También puede ser necesario en deportistas: “Las personas que buscan mejorar su rendimiento o aumentar su masa muscular suelen tener una mayor demanda energética y de ciertos nutrientes, como las proteínas”, señaló la profesora Nathalie Llanos.
Finalmente, existen grupos de personas cuyas necesidades nutricionales difieren de las de un adulto sano debido a su etapa de vida, su condición clínica o su patrón alimentario. “Las personas mayores, niños y niñas, quienes se han sometido a cirugía bariátrica o quienes siguen dietas hipocalóricas pueden presentar requerimientos nutricionales específicos que, en algunos casos, justifican la suplementación”, añadió.
La doctora Duarte indicó que, en cualquier caso, “la suplementación debe responder a una necesidad concreta y no utilizarse como una medida preventiva generalizada”.
El riesgo de la autosuplementación
El acceso libre a suplementos de todo tipo ha contribuido a que muchas personas los consuman sin saber si realmente los necesitan. Para las especialistas, esta práctica puede generar consecuencias indeseadas. “Actualmente, muchas personas consumen suplementos porque los vieron en redes sociales o por consejo de algún conocido, sin una evaluación profesional previa. Esto equivale a automedicarse”, advirtió la doctora Lissette Duarte.
En ese contexto, la profesora Nathalie Llanos recalcó que “consumir suplementos que tu cuerpo no necesita no te hará más saludable. Peor aún, puede ser peligroso”. Mientras algunas vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C —muy consumida por la creencia popular de que ayuda a evitar resfriados—, pueden eliminarse por la orina cuando se consumen en exceso, otros minerales, como el hierro, pueden acumularse en el organismo y, en dosis altas, producir enfermedades graves o hepatotoxicidad”.
Por ello, recomendó que antes de tomar un suplemento “siempre se debe consultar con un médico o nutricionista, quien podrá evaluar la existencia de déficits mediante exámenes y determinar la dosis y duración adecuadas del tratamiento”.
La profesora Llanos advirtió además que muchos suplementos disponibles en el mercado contienen dosis estandarizadas o combinaciones de nutrientes que no necesariamente responden a las necesidades individuales de cada persona. “Los multivitamínicos suelen contener numerosos compuestos que son difíciles de dosificar según las necesidades individuales. Una persona puede requerir un nutriente específico, pero terminar consumiendo muchos otros que no necesita”.
Los mitos, creencias y promesas milagrosas
Aunque los suplementos alimenticios pueden ser útiles en situaciones específicas, las profesoras Nathalie Llanos y Lissette Duarte advirtieron que gran parte de la información que circula sobre ellos está influenciada por estrategias de marketing, creencias erróneas y experiencias personales que suelen presentarse como evidencia científica.
Uno de los mitos más frecuentes es la existencia de los llamados “productos milagrosos”, capaces de generar múltiples beneficios al mismo tiempo. “Tengo una regla bien simple: cualquier cosa a la que se le atribuyan tres o cuatro efectos distintos por mecanismos diferentes probablemente no sea verdad. Muchas veces vemos productos que prometen bajar la presión arterial, controlar la glicemia, mejorar el sueño y aumentar la energía al mismo tiempo, pero esas afirmaciones no tienen respaldo clínico sólido”, señaló la profesora Nathalie Llanos.
La académica agregó que incluso suplementos ampliamente estudiados, como la creatina, suelen promocionarse para funciones que todavía no cuentan con evidencia concluyente: “La creatina es uno de los suplementos con mayor respaldo científico para mejorar el rendimiento físico y favorecer el aumento de masa muscular. Sin embargo, otros beneficios que se le atribuyen, como mejoras en el sueño o en la función cognitiva, continúan siendo objeto de investigación”.
Las especialistas también cuestionaron la creencia de que todo lo natural es necesariamente seguro. “Muchas personas consumen hierbas, extractos o cápsulas de origen informal pensando que, por ser naturales, no les harán daño. El problema es que muchas veces no existe una dosificación clara ni controles de calidad, por lo que se pueden alcanzar niveles peligrosos de consumo”, explicó la profesora Llanos. La académica advirtió que los productos más preocupantes “son aquellos comercializados sin resolución sanitaria o a través de canales informales, ya que pueden presentar contaminación, adulteración, dosificación inadecuada, lo que incluso podría provocar daño hepático asociado a composición o dosificación desconocida”.
A ello se suma la tendencia a confiar en recomendaciones de influencers, familiares o conocidos por sobre la orientación profesional. “Que algo le haya funcionado a una persona no significa que vaya a funcionar en toda la población. Para demostrar que un suplemento es realmente efectivo, necesitamos ensayos clínicos rigurosos y análisis que reúnan múltiples investigaciones de calidad”, señaló la doctora Lissette Duarte.
Finalmente, la doctora llamó a mirar con cautela las estrategias comerciales que han impulsado la proliferación de productos etiquetados como altos en proteína. “Hoy vemos proteínas añadidas en alimentos de todo tipo porque es un concepto que vende. Sin embargo, muchas veces se comercializan productos considerablemente más caros cuando existen alternativas convencionales que aportan cantidades similares de proteína de manera natural”.
Educación y regulación
Más que prohibir la venta de suplementos alimenticios, las especialistas coincidieron en que el principal desafío es fortalecer la educación alimentaria y promover decisiones informadas basadas en evidencia científica. “Lo primero es consultar con un profesional de la salud. Idealmente, la indicación debe estar respaldada por exámenes que permitan identificar si realmente existe una insuficiencia nutricional y qué suplemento es el más adecuado para cada persona”, señaló la doctora Lissette Duarte.
En esa línea, la académica destacó que las políticas de salud pública incorporan estrategias de fortificación de alimentos para prevenir deficiencias nutricionales en la población. Tal es el caso de la harina de trigo, la leche, el pan, y el agua potable, entre otros.
Respecto de la regulación del mercado de suplementos, la profesora Duarte considera que no todos los suplementos requieren mayores restricciones, pero sí aquellos que pueden generar efectos adversos cuando se consumen en exceso. “Podría evaluarse una regulación más estricta para los productos que presentan mayor riesgo de toxicidad, de manera que su uso esté acompañado por una indicación profesional”, planteó.
Al cierre, la profesora Nathalie Llanos llamó a mantener una mirada crítica frente a las promesas comerciales. “Que algo sea natural, popular o ampliamente promocionado no significa necesariamente que sea seguro o efectivo. Antes de consumir cualquier suplemento, es fundamental preguntarse si realmente se necesita y buscar orientación profesional basada en evidencia científica”, concluyó.