Separar botellas, lavar cajas de leche o guardar cartones para llevarlos a un punto limpio son acciones que debieran estar cada vez más incorporadas en la vida cotidiana. En el contexto del Día Mundial del Reciclaje, conmemorado cada 17 de mayo, especialistas de la Universidad de Chile advierten que estas prácticas son necesarias, pero no suficientes si no existe una red que permita recolectar, clasificar y valorizar los residuos de manera efectiva.
En Chile, esta discusión forma parte de un desafío mayor: la gestión de los residuos sólidos que se generan diariamente en hogares, barrios y comunas. De acuerdo con la Estrategia Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Municipales, publicada en 2025, en el país el 86% de los residuos se eliminan mediante disposición final, es decir, terminan principalmente en rellenos sanitarios o sitios de eliminación. Esto evidencia que, pese a los avances normativos y a una mayor conciencia ambiental, se debe fortalecer la reducción, reutilización y valorización de materiales.
En el marco de la Semana del Reciclaje, la Dra. María Elena Acuña, académica del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales y docente del curso "Antropología de la Basura", y el Dr. Hernán Durán, profesor del diplomado Gestión Ambiental y Economía Circular de Residuos Sólidos de la Facultad de Gobierno, analizan los desafíos que enfrenta Chile para avanzar desde la separación individual hacia una gestión integral de residuos.
Reciclar en casa también exige condiciones
Desde una mirada antropológica, María Elena Acuña propone considerar el reciclaje doméstico como una práctica cotidiana que requiere de condiciones concretas. No se trata solo de decirle a las personas que separen sus residuos, sino de comprender qué implica hacerlo dentro de un hogar: lavar envases, secarlos, disponer de un lugar para acopiarlos, conocer las reglas de separación y, en muchos casos, trasladarlos hasta un punto de reciclaje. "Este cambio de práctica implica, a veces, mucho esfuerzo para las unidades domésticas", explica la académica.
Además, la profesora Acuña advierte que no todos los municipios cuentan con capacidades, infraestructura o políticas equivalentes para gestionar residuos. Mientras algunas comunas disponen de puntos limpios, camiones de retiro diferenciado o alianzas con empresas privadas, en otros territorios las personas deben trasladar sus residuos por cuenta propia, lo que puede implicar tiempo, distancia e incluso costos de transporte u otros gastos adicionales. "No se trata solo de la voluntad de las personas, sino que tiene que haber una arquitectura de política pública, sobre todo a nivel micro, a nivel barrial, mucho más ágil y clara", afirma.
A esto se suma que el reciclaje puede transformarse en una nueva tarea doméstica. Según la especialista, acopiar residuos exige lavar, escurrir, guardar y coordinarse con los demás integrantes del hogar. Esta dimensión, afirma, ha sido poco observada en Chile y puede tener también implicancias de género, cuando la responsabilidad recae principalmente en una sola persona dentro de la familia.
Además de los básicos del reciclaje, Acuña llama a ampliar la mirada a otros residuos que se generan en la vida cotidiana y que requieren sistemas específicos de gestión, como los electrónicos, textiles y orgánicos. En el caso del compostaje, por ejemplo, advierte que no basta con entregar composteras de manera aislada: se requiere conocimiento, guía, seguimiento y condiciones materiales para sostener la práctica en el tiempo.
Estas barreras cotidianas muestran que el reciclaje doméstico no puede entenderse solo como una práctica individual y, para obtener resultados visibles, también se requiere de información clara y una estructura capaz de sostener los esfuerzos de la ciudadanía.
De retirar basura a valorizar residuos
Para el profesor Hernán Durán, el reciclaje debe entenderse como parte de una cadena más amplia de gestión de residuos. Aunque instrumentos como la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, conocida como Ley REP, han impulsado avances importantes, el académico advierte que su implementación no resuelve por sí sola el problema de fondo.
Sin embargo, agrega que la gestión de residuos en Chile sigue siendo incompleta, ya que el sistema chileno continúa orientado principalmente a retirar basura y llevarla a rellenos sanitarios, más que a reducir, separar o valorizar materiales. Y también debido a la falta de incentivos e institucionalidad adecuada para modificar la forma en que el país maneja sus residuos. "El reciclaje es posible, es bueno, hay que fomentarlo, pero hay mucho esfuerzo que hacer, tanto desde el punto de vista normativo y del esquema institucional como desde el punto de vista de la conciencia ciudadana, para que entendamos que estamos frente a un problema grave", afirma.
En este punto, Durán plantea que uno de los desafíos pendientes es revisar los mecanismos de incentivo del sistema. A diferencia de lo que ocurre con otros servicios básicos, donde el consumo se relaciona directamente con el pago, en la gestión de residuos domiciliarios esa relación no siempre es visible para la ciudadanía. Por ello, sostiene que el país requiere avanzar hacia un modelo más técnico e institucionalizado, que permita promover la reducción de residuos desde el origen y fortalecer la valorización.
Esta mirada permite comprender que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en quienes separan residuos en sus casas. Aunque la ciudadanía cumple un rol fundamental, el reciclaje solo puede funcionar si existen sistemas de recolección diferenciada, infraestructura, gestores autorizados y mecanismos que aseguren que los materiales separados no terminen nuevamente en la basura común.
El especialista, además, hace énfasis en los patrones de consumo que están detrás de la generación de residuos. "Si lo que queremos hacer es que haya menos residuos, entonces seguramente el tema no tiene que ver tan solo con el reciclaje, sino que tiene que ver con el consumismo", advierte.
Así, el reciclaje doméstico aparece como una acción clave, pero insuficiente si no se acompaña de transformaciones más amplias. Para avanzar, coinciden los especialistas, Chile necesita fortalecer la red que viene después de la separación en origen: municipios con capacidades, infraestructura cercana, información clara, sistemas de valorización y una ciudadanía que no solo recicle, sino que también cuestione sus formas de consumo y descarte.