“Francamente yo quería hacer videojuegos, por eso entré a estudiar Ingeniería en Computación. Pero me di cuenta que no era una carrera para eso, lo que no significa que no haya sido algo que me interesara. En general no son buenos recuerdos, no lo pasé bien acá”.
Esto es lo primero que cuenta el académico Eduardo Graells-Garrido, cuando recuerda sus primeros años en la Universidad de Chile. Entró a estudiar hace veinticinco años a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. En el año 2001 no sabía que era autista, ni mucho menos cómo sería su vida universitaria. “O sea, son muchas cosas. Algunas relacionadas con el autismo y otras no, hay de todo. Porque también la escuela era bien exigente de maneras poco sanas, por decirlo así. Y había también prácticas que hoy día casi son impresentables”.
Con cuarenta y tres años, hoy es profesor asistente del Departamento de Computación y se ha convertido en uno de los pocos integrantes de la comunidad académica y funcionaria en hablar abiertamente sobre ser una persona autista en la Universidad. “Yo ando con un megáfono. En la primera clase les digo a mis estudiantes que soy autista”.
Comenta que también lo hace, entre otras razones, porque quiere que sus estudiantes entiendan que quizás ciertas actitudes o respuestas de su parte pueden parecer pesadas o impropias: “Yo les digo eso bien claro, para que sepan que me pueden decir: ´así no se dicen las cosas profe´ o ´profe, la cagó en decirme esto´. Les digo que por favor
me lo hagan saber porque realmente no me doy cuenta y no lo hago con mala intención”.
Ese reconocimiento llegó sólo hace algunos años. Antes de su proceso de diagnóstico, que realizó en el año 2022, las cosas eran muy distintas. Por ejemplo, cuando ingresó a la universidad menciona que había mucha desinformación. “En ese entonces se asumía, o al menos yo creía, que una persona autista era esencialmente alguien que no podía comunicarse con el mundo exterior. Y de hecho se usaba mucho como un adjetivo. Cuando decían ´no seas autista´. Entonces no tenía ninguna noción al respecto”.
Pero al salir de la universidad y viajar a Barcelona a realizar un doctorado en Tecnologías de la Información “empiezan las dificultades sociales o las dificultades de integración al lugar que llegas, porque tienes que empezar todo de cero”. Problemas que se repitieron posteriormente en su trabajo en Estados Unidos y cuando regresó a Chile. “Paso nuevamente. Llega un momento en el cual esa repetición me empieza a cansar. Tampoco estaba consciente de que quizás no eran problemas, sino que era simplemente una manera de ser distinta.”.
Entonces llegó el año 2022 y sólo dos meses antes de ser contratado por la Universidad de Chile, recibió su diagnóstico.
¿Cómo fue el proceso y qué significó el diagnóstico?
La experiencia del diagnóstico no fue difícil para mí, pero tampoco significa que sea fácil porque depende de la persona. Ciertamente hay un antes y un después, porque tú miras hacia atrás y te das cuenta de que lo que tú pensabas que eran problemas, realmente era que no comprendías lo que estabas viviendo, no te comprendías a ti mismo y el entorno no tampoco lo hacía, entonces no era un problema que se tuviese que resolver, sino que era simplemente una manera de ser que había que comprender. Eso te cambia la vida, porque empiezas a darte cuenta de errores que cometiste que fueron los que fueron, pero en realidad no eres culpable de eso o quizás era lo que tenía que pasar solamente.
O que cuando la gente te pide cosas que tú no puedes entregar, ahora sabes que no las puedes entregar, pero no es que estés mal y no sepas cómo hacerlo, simplemente no puedes. Entonces en ese aspecto sí es un alivio porque te quita una mochila que no tienes por qué estar cargando. Te marca un cambio no sólo para adelante sino que te marca un cambio hacia atrás también. Por eso mi charla es como primera y segunda persona, porque hay dos personas: hay otra persona que era antes, pero yo no soy esa persona y que nunca fui esa persona.
Su diagnóstico fue sólo dos meses antes que empezara a trabajar acá en Beauchef como docente ¿Cómo ha sido la relación con las y los académicos?
Particularmente en el Departamento yo nunca he sentido un problema al respecto. De hecho, seguramente no soy el único y eso es lo que causa lo del megáfono, porque de repente llegan otros profes o estudiantes y me dicen que tienen dudas, que quieren saber cómo es el proceso de diagnóstico.
Pero en la charla voy a contar una anécdota que quizás tiene que ver con esto. En uno de estos retiros que hacemos los académicos en enero, hablé en las las reflexiones finales y parto diciendo con el megáfono que soy autista y que en base a esa experiencia voy a emitir la opinión, que era sobre docencia, y cuando termina el evento se me acerca un profesor titular y me dice ´te felicito´y yo quedé como un poco en shock: ¿Por qué me está felicitando? Yo no supe qué responderle, como que me descolocó. Porque esencialmente me estaba diciendo, como eres autista no deberías estar acá pero lo lograste. Le dije gracias, pero todavía me está dando vuelta esa situación. Entonces yo creo que en los docentes hace falta estar al tanto de esto, de que somos diferentes pero no somos inferiores, creo que eso es lo que falta en la docencia.
En varias instancias las y los estudiantes neurodivergentes o autistas han manifestado la falta de referentes en el mundo laboral o académico ¿Qué significa ser, quizás, un referente para estudiantes autistas o neurodivergentes?
Una vez llegó una estudiante, me contó que la habían diagnosticado y me quería pedir consejos. Entonces no sé si lo veo desde el punto de vista de ser un referente. Y creo que esto es más importante todavía, porque más que un referente es ser alguien a quien que le puedes hablar: no un referente sino un igual. Creo que eso es lo que valoro y por eso lo sigo haciendo, porque a mí me faltó eso también.