25 de julio

Voces de estudiantes U. de Chile en el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente

Voces de estudiante U. de Chile en el día de la Mujer Afrodescendiente
Kelly Ortega Herrera, estudiante colombiana de la maestría en Estudios de Género y Cultura.
Kelly Ortega Herrera, estudiante colombiana de la maestría en Estudios de Género y Cultura.
Victoria Díaz, estudiante afrochilena de sexto año de Antropología.
Victoria Díaz, estudiante afrochilena de sexto año de Antropología.
Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente.
Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente.

En el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente invitamos a dos estudiantes de nuestra institución a responder tres preguntas específicas sobre el valor de este día y lo que ha sido para ellas transitar por la Universidad y por el país con la herencia de ser una persona afro. 

Victoria Díaz, estudiante afrochilena de sexto año de Antropología y Kelly Ortega Herrera, estudiante colombiana de la maestría en Estudios de Género y Cultura, comparten sus reflexiones en esta nota. 

Kelly Ortega Herrera, estudiante colombiana de la maestría en Estudios de Género y Cultura.

¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer afrodescendiente y migrante en Chile?

Esta experiencia ha resultado compleja, nunca me había sentido tan diferente al resto de humanos que me rodean y que esto pareciera un problema al transitar el espacio público. El no sentirme parte de nada agudizó el duelo migratorio y mi relación con este país.  

El racismo y la xenofobia son como un aura que se puede sentir en todos los lugares a los que voy, a veces explícito otras implícito, mi corporalidad y estética llevan la marca de la migración, negra, diferente, no es necesario hablar, ni mostrar un documento de identidad, la gente te mira y te trata según te percibe a partir de sus prejuicios. 

¿Cómo ha sido tu experiencia como estudiante afrodescendiente en la U de Chile?

La universidad no se escapa a las dinámicas racistas, clasistas y sexistas por mucha investigación y reflexión académica que se dinamice en ella. Ésta, en ocasiones, también reproduce relaciones de opresión y violencia. Debí ajustar las expectativas a una universidad burocrática, fría y aislada de la comunidad migrante. Limité mi relación con la universidad a lo estrictamente necesario porque no encuentro apertura a espacios de intercambio y acogida dentro del claustro. 

¿Qué simboliza para ti y que relevarías de este día?

Para mí, todas las acciones afirmativas que visibilicen la vida y la dignidad de las personas son válidas y necesarias, más aún cuando se trata de defender los derechos humanos de las mujeres y hacer resistencia-denuncia frente a la violencia racista/sexista/xenofóbica. Por tal razón, el 25 de julio Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente me representa y lo conmemoro con la existencia en resistencia desde mi lugar de incidencia, cualquiera que este sea. Es un día para reconocer y fortalecer y seguir construyendo redes de mujeres afrodescendientes, Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

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Victoria Díaz, estudiante afrochilena de sexto año de antropología.

¿Cómo experimentas ser una mujer afro-chilena en este país?

Hoy lo experimento como un orgullo y como una gran responsabilidad. Sin duda reconocerme como mujer afrochilena ha sido un camino identitario muy profundo, que probablemente no tiene fin, y no siempre lo he vivido como lo vivo hoy.  En Chile somos existencias negadas. El proyecto nacional chileno ha impuesto identidades blanqueadas, negando que somos indígenas, negando que somos negros. Nuestros cuerpos no encajan con lo que Chile y la mayoría de los estados nacionales en América Latina han pretendido ser.

Esto sin duda atraviesa las experiencias de todas las personas afro que nacen, crecen y viven en este país, y de una manera muy particular a las mujeres. Sin embargo, ahora más grande, he logrado poco a poco reencontrarme con un legado ancestral que es muy fuerte y muy hermoso de recorrer, confluir y aquilombarme con otras personas afro que me ofrecen nuevas formas de observar el mundo y de sentirlo.

Por eso me parece un orgullo. Porque en mi piel, en mi pelo, en mis rasgos, cargo el legado de mis ancestros y ancestras, de todas las personas que lograron sobrevivir y sobreponerse con creatividad y dignidad a los obstáculos en la búsqueda del buen vivir, como la gran Victoria Santa Cruz nos ha enseñado. 

Por eso me parece una responsabilidad, porque esas son vivencias e historias que no están en los libros oficiales y que son urgente de desenterrar. 

¿Cómo ha sido tu experiencia como estudiante afrodescendiente en la U de Chile?

Es una postura medio contradictoria, y creo que me gustaría ser clara al respecto porque es un posicionamiento político con el que me parece que es necesario ser cuidadosa. Por un lado, entrar a la universidad ha significado para mí abrir un mundo al que mi gente no había tenido acceso nunca. Ese acceso al conocimiento me ha permitido comprender un poco la sociedad en que vivimos y en eso desestabilizar estructuras que antes de entrar parecían fijas. Esto sin duda gracias a las miradas muy críticas de personas indígenas, de mujeres, de disidencias. Sin embargo, la universidad es una invención que reproduce un orden de mundo colonial, patriarcal, euro centrado y blanco, que encapsula el "conocimiento" en cuatro paredes y que tiene muy poca conexión con lo que ocurre afuera, que menosprecia la oralidad, y que tiene una forma muy cerrada de entender el aprendizaje y la educación. Por esto mismo, la universidad es un espacio que debemos ocupar, que debemos interpelar, que debemos ennegrecer. 

Respecto a la Universidad de Chile, creo que hay mucho trabajo por hacer. Yo estudio Antropología Social, y en seis años estudiando en el mismo campus, nunca he tenido un profesor o profesora afro, nunca hemos leído a personas afro, siendo que existe un universo de personas brillantes que viven en este territorio hace más de cuatro siglos. ¿Qué referencias parecidas a nosotros tenemos entonces? Cuando se habla de negritud se reduce la afrodescendencia a la esclavitud, a una posición de víctimas. Se banaliza la importancia de las relaciones raciales en nuestras sociedades o se ignora. Para nuestra intelectualidad eso es castrante. Y por esto mismo, es un espacio que debemos ocupar, que debemos invitar a dialogar, y sobretodo a escuchar. Como un gran pensador quilombola, Nego Bispo dijo, la universidad debe ser germinada por saberes orgánicos, y esa es una gran responsabilidad y un trabajo muy difícil, porque como ya mencioné antes, el racismo es estructural y lo atraviesa todo, inclusive la universidad. 

¿Qué simboliza para ti y que relevarías de este día?

Para mí el 25 de julio es una fecha de conmemoración en la cual se reconoce el gran camino que las mujeres afro de esta Amefricaladina como Lelia González nos dice, han ido trenzando para permitir la continuidad de la vida. Contra toda estructura dominante las mujeres afro han protegido los quilombos, los palenques, las aguas. Han trenzado caminos de fuga, han liderado revueltas, han desafiado a los estados. Uf… un montón de cosas. 

El 25 de julio es una fecha de reconocimiento de las violencias interseccionales y discriminaciones sistemáticas, patriarcales, racistas y de clase que las mujeres afro han vivenciado desde la invasión y saqueo de Europa y la esclavitud, pero no me gustaría reducirlo a eso. Hay una deuda, sí. Enorme. Quizás irreparable. Sobre todo en un país que recién en 2019 reconoce la existencia del pueblo tribal afrochileno. Eso es urgente. Y por esto no es una fecha de celebración. Al contrario. Pero, por otro lado, que es el que a mí me gustaría resaltar, es que las mujeres afrodescendientes han sido quienes han protegido no solo a sus hijos y sus familias, sino que un legado ancestral, por medio del cuidado de sus comunidades, de los territorios, de las prácticas culturales, de lo religioso y lo sagrado. Creo que esas son las cosas que me gustaría resaltar. Y también que hay trabajos geniales en Chile llevados a cabo por mujeres afro y que son necesarios prestar atención porque nos pueden permitir revisarnos a nosotros mismos. Como país, como continente.