¿Cómo tratarlas sin volver a la edad de piedra?

El celular: gran facilitador de adicciones

El celular: gran facilitador de adicciones
Las pantallas actúan como facilitadoras de adicciones, dicen los especialistas, al aumentar la disponibilidad e inmediatez en el acceso a aquellas actividades que consumimos sin control
Las pantallas actúan como facilitadoras de adicciones, dicen los especialistas, al aumentar la disponibilidad e inmediatez en el acceso a aquellas actividades que consumimos sin control
El doctor Carlos Ibáñez ahonda respecto de la responsabilidad individual y de la industria en el ámbito del "juego responsable"
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La doctora Viviana Miño dio a conocer los resultados obtenidos en la encuesta realizada en el marco del modelo islandés de prevención del uso de drogas, en la que cruza datos de consumo de alcohol, marihuana y pantallas.
La doctora Viviana Miño dio a conocer los resultados obtenidos en la encuesta realizada en el marco del modelo islandés de prevención del uso de drogas, en la que cruza datos de consumo de alcohol, marihuana y pantallas.
El doctor Enzo Rozas sentencia que "nadie se hace adicto sólo a las luces brillantes o a las imágenes de colores en sí mismas, sino al contenido al que se puede acceder mediante esta tecnología: apuestas, pornografía, compras en línea"
El doctor Enzo Rozas sentencia que "nadie se hace adicto sólo a las luces brillantes o a las imágenes de colores en sí mismas, sino al contenido al que se puede acceder mediante esta tecnología: apuestas, pornografía, compras en línea"

“Las personas que desarrollan una adicción a una sustancia o conducta suelen tener determinados factores de vulnerabilidad —entre los cuales están cada vez más demostrados componentes biológicos y de carácter neurobiológico-genético, que facilitan cierta predisposición en términos psicológicos—, así como algunos componentes socioculturales.  Pero, también, el exceso de disponibilidad de esas sustancias o de posibles actividades- puede conducir a esa población que está en mayor grado de vulnerabilidad a desarrollar adicciones”, dice el doctor Enzo Rozas, profesor adjunto del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Norte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Y ahonda: “También existen otros factores que tienen que ver psicológicamente con una mayor propensión a la toma de riesgos, individuos más impulsivos; o personas que sienten la necesidad, por ejemplo, de evitar determinadas emociones o situaciones complejas porque adolecen de la capacidad de enfrentarlas de modo más adaptativo y que encuentran en el consumo de sustancias una manera de lidiar con esos problemas. Es en ellos, quienes tienen una mayor vulnerabilidad conocida, ya sea porque tengan alguna psicopatología o condición psiquiátrica, o antecedentes familiares muy relevantes, donde tiene que haber un mayor foco de prevención de las adicciones”.

En tiempos en los que los celulares inteligentes están presentes en la vida de todos incluso desde edades muy tempranas, hablar de adicción a esta tecnología es un tema recurrente al interior de las familias. Por eso la distinción que hace el doctor Rozas: nadie se hace adicto sólo a las luces brillantes o a las imágenes de colores en sí mismas, sino al contenido al que se puede acceder mediante esta tecnología: apuestas, pornografía, compras en línea.

¿Cómo se define una adicción? Para la Organización Mundial de la Salud, OMS, una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación y que se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. Por su parte, el Manual diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª Edición, o DSM-5, redefine las adicciones como “Trastornos por Consumo de Sustancias”, unificando el abuso y la dependencia en un espectro de intensidad -leve, moderado, grave- basado en 11 criterios clave, como el deseo persistente, la pérdida de control, la interferencia social y el consumo a pesar de problemas físicos o psicológicos, entre otros.

A ello, el doctor Rozas agrega que “si bien las adicciones conductuales ya llevan mucho tiempo de ser investigadas en el ámbito académico, eso no ha permeado todavía de manera tan clara en la población. Es mucho más intuitivo y fácil identificar las adicciones a sustancias; desde ese punto de vista, las adicciones conductuales todavía son vistas con cierta pasividad; como que yo me someto a una pantalla, pero que no lo hago activamente, por así decirlo. Y por lo mismo creo que ha tenido cierto grado de resistencia el hecho de que determinadas conductas que forman parte de la vida de las personas lleguen a ser sujetos de un trastorno psiquiátrico o de una adicción. Pero hay que recordar que las adicciones conductuales no emergen en el mundo digital; las apuestas, el juego patológico, es la adicción conductual más claramente estudiada y hay textos orientales que definen la adicción a los dados tres mil años antes de Cristo”.

En ese mismo sentido, acota, “el involucramiento en actividades o en conductas sexuales compulsivas también es algo que viene dentro de la variabilidad de la experiencia humana. Pero lo que el mundo digital de algún modo aumenta es la disponibilidad 24/7, la inmediatez: si quiero ver un determinado video no tengo que llegar a la casa, sino que lo tengo en la micro, mientras hago una fila en el supermercado. Esa accesibilidad es un elemento que agrega un mayor riesgo. En términos prácticos, en los años ‘70 y ‘80 ya existían los flippers y luego los videojuegos y había quienes que se pasaban el día completo en esas salas de máquinas; hoy uno puede jugar en el celular, con la complejidad adicional que agregan otros elementos mediados por internet, como es que hay una interacción social mucho más amplia, juegos de rol en los que el participante se identifica con un avatar de características especiales. Ciertamente la tecnología agrega complejidades a fenómenos que incluso cuando eran muy simples ya eran potencialmente adictivos, y ahora las interfaces atractivas y dinámicas, junto a la inmediatez y la disponibilidad permanente, se configuran en un factor de riesgo respecto de conductas que probablemente son adictivas de base”.

¿De quién es la responsabilidad?

El doctor Carlos Ibáñez, fundador del Centro Especializado para la Prevención y Tratamiento de las Adicciones, CESA, de la Facultad de Medicina, y director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, señala que las adicciones conductuales mediadas por la tecnología digital –apuestas, pornografía- “al igual que para el tabaco o alcohol, que están disponibles y para los cuales existe una industria que le interesa promover su consumo. Están las industrias de juego lícito e ilícito que fomentan su uso a través del “juego responsable”.

¿Y existe algo como eso?

También haciendo la comparación con otras adicciones, la mayoría de los que toman alcohol no son alcohólicos, la mayoría de los que apuestan en casinos u online no son ludópatas. Si uno tuviera que definir la conducta de un juego de bajo riesgo o un consumo de bajo riesgo, es la mayoría de la gente que juega o que consume, entonces se podría decir que sí existe un juego responsable. Pero la gran diferencia, creo yo, entre las posturas que se aproximan al problema desde la salud pública versus las que no, es que desde el punto de vista de la salud pública el consumo, aunque no sea dañino, no es algo positivo. O sea, puede producir más o menos riesgo, pero no produce ventajas ni aporta positivamente para la salud. Por ejemplo, desde la perspectiva de la salud pública, es más correcto hablar de consumo de bajo riesgo de alcohol, pero no de consumo responsable.

Pero, añade, “el concepto de consumo responsable es muy tramposo. Porque esa idea implica varias cosas: en primer lugar, que lo que hay que empujar y promover en la población es el consumo, en este caso responsable, pero es el consumo. Primero consuma y sea responsable; ese mensaje es un mal mensaje, porque desde el punto de vista de salud, lo que nos interesa es que ojalá no se consuma, y si lo va a hacer, ojalá se haga en bajo riesgo. Pero la industria lo hace al revés, y ahí hay un problema bien fundamental: colocar, por ejemplo, la idea de consumo responsable para nuestra estrategia nacional de juego, que es la que en este momento tiene la Superintendencia de Casinos, significa que están mirando el problema desde la visión de la industria; y el segundo problema es que cuando el juego deja de ser responsable, significa que es la persona la irresponsable, la que requiere tratamiento, se coloca la responsabilidad en ella. Y eso invisibiliza el rol de la industria; toda la responsabilidad que tienen los que promueven el juego, los que facilitan que sea adictivo, los que implementan estrategias para que las personas jueguen más, se endeuden más, gasten más, queda invisibilizada”.

Lo anterior, agrega, se ve agravado por la abierta accesibilidad que proporciona la tecnología digital: “si tenemos el aparato en el bolsillo y uno simplemente aprieta un botón y ya está conectado, hay una disponibilidad muchísimo mayor que la de antes; es demasiado fácil, por eso ha aumentado el juego patológico. Y aquí hay un punto bastante interesante de equivalencia entre las drogas lícitas, como el alcohol y el tabaco, y las ilícitas; estas se consumen mucho menos, en parte, porque son de más difícil acceso, y porque son socialmente menos aceptadas y reforzadas. No es bien visto consumir pasta base, lo que hace que menos gente la use; pero cuando se puso de moda la marihuana, especialmente a partir del 2015, porque hubo una campaña muy agresiva de instalar que era muy inocua y positiva, ahí se consumió mucho más. En cuanto al juego estamos una situación muy ambigua, porque las plataformas online recientemente fueron declaradas ilegales en Chile, pero siguen funcionando cambiando direcciones web; y, además, financian un montón de cosas legales: equipos de fútbol, eventos, e influencian decisiones porque tienen un poder económico muy grande”.

Patología dual

Los doctores Rozas e Ibáñez comparten que detrás de las adicciones existe una altísima probabilidad de que la persona esté atravesando ya sea un trastorno del ánimo, de ansiedad o bipolar; una “patología dual”, señalan. Por ello, coinciden también en que el tratamiento debe ser integral, ni siquiera en paralelo –de la adicción y del problema de salud mental de base-, considerando todos los factores individuales, familiares y sociales que llevan a ese consumo problemático.

“La existencia de una adicción, más al menos un diagnóstico psiquiátrico diferente a esa adicción, es más bien la norma que la excepción, y yo diría que en las adicciones conductuales es todavía más manifiesto. La gran mayoría de los pacientes que nos llegan por situaciones de apuestas es porque tienen otros trastornos psiquiátricos que predisponen, son dos diagnósticos que están estrechamente vinculados. Entonces cuando uno apunta al tratamiento, una cosa es que conductualmente hay que deshabituar a la persona y hacer estrategias de rehabilitación, pero también, de manera integrada, hay que tratar el trastorno psiquiátrico”, dice el doctor Rozas.

Pero, ¿es posible cuando la tecnología –y su rol facilitador en el acceso a las conductas que se quiere abandonar- estará siempre presente en la vida de la persona?

Lo más importante es generar algunas medidas de lo que se propende hoy en día como esta higiene digital. Evitar las notificaciones, el uso en las noches, su uso por parte de los niños y que los adolescentes tengan pantallas en su dormitorio. Uno de los errores que se puede cometer en esto es cortar las pantallas como si éstas fueran el problema. Yo creo que no hay que demonizar en ese sentido a la tecnología y hay que apuntar un poco más al fondo de lo que está pasando; si una persona cualquiera está teniendo dificultades en controlar el uso de cualquier tecnología o cualquier conducta hay que ir a buscar qué está pasando en el fondo. Esa manifestación de estar con el teléfono pegado es la punta del iceberg.

El doctor Ibáñez agrega que retirarle a la persona el celular y el computador por un largo tiempo es estándar en el tratamiento de adicciones de este tipo de juego online, por ejemplo. “Pero efectivamente después hay que reinstalarlo de a poco. Y en ese sentido yo diría que primero hay que tratar la comorbilidad, la patología dual, y segundo, al igual que en todas las adicciones, hay que propiciar un cambio en el estilo de vida, porque si la persona consume es porque hay otras dificultades, soledad, problemas interpersonales, para encontrar el sentido de la vida; eso es lo que se va trabajando en el tratamiento. Cuando una persona egresa la idea es que se hayan resuelto ojalá la mayoría de esas situaciones para que tenga las herramientas para enfrentarse a la exposición y, así, otra forma de relacionarse con la vida. De esta forma, después del tratamiento no impacta de la misma manera el tener acceso a las pantallas que al principio, pero a pesar de eso a veces hay recaídas, por lo que de todas maneras uno tiene que tener a la familia muy alerta. Ahora, dentro de la misma tecnología hay herramientas que ayudan, existen aplicaciones para bloquear las páginas de apuestas, control parental para supervisar las horas de uso, son medidas que conviene mantener, aunque la persona ya no esté bajo un tratamiento estructurado”.

En su experiencia, ¿ha aumentado la consulta por adicción a las apuestas o a la pornografía por internet?

Sí, sobre todo para apuestas online. Ese es el gran tema. La historia clásica de las plataformas de juego y del motivo de consulta por juego patológico, es que la persona lleva un tiempo jugando, pierde el control y se endeuda, le esconde esto a la familia y de repente explota porque se endeuda con prestamistas informales que lo empiezan a amenazar. Entonces, en algún momento se ve agobiado y realmente se colocan en riesgo gravísimo.

Pero la pornografía, por ejemplo, llega con otras cosas; por lo menos, lo que me ha tocado ver a mí, es más difuso en el sentido de que el motivo de consulta está asociado a otros consumos, como por ejemplo cocaína, y sobre todo a la manía, al trastorno afectivo bipolar, que es por lo que llegan a consultar, y detrás aparece la adicción a la pornografía.

Nuevos datos en jóvenes chilenos

La doctora Viviana Miño, psiquiatra de adultos y profesora adjunta de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, dio a conocer los resultados obtenidos en la encuesta realizada en el marco del modelo islandés de prevención del uso de drogas, el programa “Planet Youth” puesto en marcha por la CPU y los establecimientos educacionales de las municipalidades de Colina, Peñalolén, Renca, Las Condes, Melipilla y Lo Barnechea entre 2018 y 2022, en la que cruza datos de consumo de alcohol, marihuana y pantallas.

 “Adicionalmente, tenemos antecedentes recopilados por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Alcohol y Drogas, SENDA, que muestran en la encuesta Juventud y Bienestar de 2024 que el 62.7% de los estudiantes pasan al menos tres horas al día en redes sociales; 34.4% pasan al menos tres horas al día jugando videojuegos en línea; 33.9% pasan al menos tres horas viendo contenido en streaming o digital. Además, que los varones tienden a jugar más videojuegos, mientras que las niñas usan más las redes sociales”.

Por otra parte, la encuesta Radiografía Digital 2025 muestra que el 55% de los jóvenes tuvo su primer contacto con un dispositivo digital antes de los siete años; la edad promedio para obtener el primer teléfono móvil es de 10 años; un gran porcentaje reportó pasar “más tiempo del que deberían” en línea, principalmente para ocio e interacción social; el 24% participó en ciberacoso y que internet se utiliza frecuentemente como espacio para afrontar problemas emocionales.

Así, en la encuesta realizada en el marco de la aplicación del modelo islandés en 2022 participaron estudiantes de segundo año de enseñanza media de los municipios urbanos de la Región Metropolitana mencionados, una muestra de 4.057 estudiantes, con una tasa de respuesta del 91%. Entre las conclusiones, se determinó que salir de casa después de las 22 horas se asoció como un factor de riesgo en todas las variables dependientes –como consumo de alcohol y sustancias-, excepto en el caso del tiempo dedicado a videojuegos. Además, la ansiedad y la depresión se asociaron con el uso de redes sociales, y dormir seis horas o menos se asoció con jugar videojuegos durante más de tres horas al día.

“Estamos viendo que disminuye el uso de sustancias, particularmente de marihuana, y el inicio precoz de su consumo; en cambio, con las pantallas no está sucediendo eso. Los niños están cada vez más frecuentemente accediendo a tener una tablet o iPad, desde casi que son bebés están viendo videos en smartphones. Hay estudios internacionales que ya muestran el impacto que tiene el uso de pantallas a temprana edad, ya se ha determinado una asociación con retraso en la adquisición del lenguaje y en la lectoescritura, y en otras edades, con problemas de salud mental; en los adolescentes vemos que hay mayor adicción a videojuegos –debido a que tienen prácticas reforzadoras de la conducta- y a apuestas. Lo mismo pasa con las redes sociales, también tienen prácticas que activan ciertas áreas cerebrales que son las involucradas en las adicciones, porque refuerzan la conducta, como por ejemplo mediante los likes”.

¿Los padres tenemos una mayor percepción del riesgo frente al alcohol y las drogas y no tanto frente al uso excesivo de pantallas?

 Sí, exactamente. Los padres están mucho más involucrados en monitorizar todas las conductas de los adolescentes que tengan que ver con un riesgo de consumo de alcohol. Con la marihuana en el último tiempo también se ha podido reforzar un poco más, pese a que alrededor del 2015 había disminuido mucho la percepción del riesgo, lo que ha mejorado por los esfuerzos de distintas sociedades científicas como la de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía, SONEPSYN; la Chilena de Pediatría, SOCHIPE, y de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia, SOPNIA. Pero en el ámbito de las pantallas ahora recién se están haciendo esfuerzos en cuanto a concientizar a los adultos, a los padres de niños que están ahora usando pantallas y sobre todo a edades muy precoces. Lo bueno es que ahora apareció la ley que prohíbe los celulares dentro de los colegios a partir del 2026, que es algo que también estábamos esperando todos los especialistas en salud mental. Pero también los padres somos un modelo para los hijos, y estamos muy involucrados en el celular. Hay que fomentar actividades en que no esté el celular presente y tener ciertas normas dentro de la casa, como no usarlos en la mesa, tener horas de descanso y no usarlos dentro del dormitorio”.