Docencia clínica y convivencia

Curso “Buenas Prácticas Docentes” cierra su versión 25 con reflexión sobre buen trato y salud mental en la formación en salud

Curso “Buenas Prácticas Docentes” cierra su versión 25 con reflexión
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La actividad convocó a tutores, profesionales de la salud, estudiantes y equipos docentes clínicos.
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Doctora Ximena Lee, académica del Departamento de Educación en Ciencias de la Salud (DECSA) de la FMUCH.
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Doctora Karin Kleinsteuber, académica de la Universidad Diego Portales (UDP) y miembro del Comité de Buenas Prácticas Docentes.
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El superintendente de Educación Superior, José Miguel Salazar.

Con una alta convocatoria presencial y remota, el martes 6 de enero se realizó el cierre del curso Buenas Prácticas Docentes, iniciativa impulsada por el Comité de Buenas Prácticas Docentes de la Facultad de Medicina (FMUCH) de la Universidad de Chile, que durante sus 25 versiones ha formado a cerca de 850 personas de todo el país.

La actividad se llevó a cabo en el Aula Magna de la Facultad de Odontología de la U. de Chile y contempló palabras de bienvenida de la doctora Ximena Lee, una reflexión académica sobre la trayectoria y proyección del curso a cargo de la doctora Karin Kleinsteuber, la charla magistral titulada: “La Norma de Sana Convivencia en Campos Clínicos: desafíos y proyecciones para la docencia en salud”, a cargo del superintendente de Educación Superior, José Miguel Salazar, y un espacio de diálogo con las y los participantes.

En la actividad también participaron autoridades académicas y representantes institucionales, entre ellas la decana de la Facultad de Odontología, doctora Irene Morales; el vicedecano del mismo plantel, doctor Rodrigo Cabello; Daniela Poblete, jefa de la División de Supervisión de la Superintendencia de Educación Superior; Karla Escobar, jefa de la División de Atención Ciudadana de la misma entidad; Michel Nahas, jefe de gabinete del superintendente; el profesor Óscar Hernández, director de la Escuela de Terapia Ocupacional y Ciencias de la Ocupación de la FMUCH; y la profesora Mónica Quiroz, directora del Departamento de Educación en Ciencias de la Salud (DECSA) de la FMUCH; además de integrantes del Comité de Buenas Prácticas Docentes.

Buenas prácticas docentes como fundamento del quehacer clínico

Durante la apertura, la doctora Ximena Lee, académica del DECSA, destacó el carácter colectivo y reflexivo del proceso formativo, señalando que este cierre “no es solo la última sesión presencial, sino que es el término de un proceso que se ha construido con mucho compromiso, generosidad y convicción ética”.

La académica subrayó que el curso ha logrado consolidarse como una comunidad de aprendizaje que interpela directamente a quienes ejercen docencia en contextos clínicos, poniendo en el centro preguntas fundamentales sobre el rol formativo en salud: “¿Cómo enseñamos?, ¿cómo acompañamos?, ¿y cómo cuidamos de los espacios donde se forman las y los futuros profesionales?”.

La doctora Lee destacó además el compromiso de las y los participantes, muchos de los cuales desarrollan labores asistenciales intensas y sin tiempo protegido para el aprendizaje: “La mayoría de quienes participaron en este curso son tutores y tutoras, profesionales de la salud, estudiantes avanzados y equipos que trabajan en contextos de alta carga asistencial, con responsabilidades clínicas reales y poco tiempo protegido para la docencia, y aun así participaron activamente con entusiasmo, profundidad y honestidad”.

Este esfuerzo sostenido, explicó, evidencia que cuando las propuestas formativas dialogan con la realidad clínica, generan pertenencia: “Cuando se ofrecen espacios formativos pertinentes, respetuosos y conectados con la realidad clínica, las personas responden con compromiso y sentido”.

A lo largo de la versión 25, el curso abordó la docencia clínica desde una perspectiva integral: “Este curso se ha propuesto desde su origen fortalecer las competencias pedagógicas de las tutorías clínicas, entendiendo que enseñar en salud no es solo transmitir conocimiento técnico, sino también modelar formas de relación, de comunicación, de trato y de responsabilidad ética”, señaló la doctora Ximena Lee.

El cierre del curso coincidió, además, con la entrada en vigencia de la Norma de Sana Convivencia y Protección de la Salud Mental en Campos Clínicos emitida por la Superintendencia de Educación Superior (SES), lo que otorgó un sentido adicional al proceso formativo: “Este cierre ocurre en un momento particularmente significativo, justo cuando comienza a regir la nueva norma, y no es una coincidencia menor”, agregó.

En ese marco, la académica del DECSA relevó la necesidad de avanzar hacia cambios estructurales en la docencia clínica, proponiendo perfiles claros de tutoría, procesos de inducción y sistemas de evaluación que integren explícitamente el buen trato y la salud mental como indicadores de calidad: “Creemos que la exigencia académica y el buen trato no se oponen; por el contrario, cuando se articulan, fortalecen la calidad formativa y la confianza en los entornos clínicos”, finalizó.

Historia, sentido y reparación: una docencia que cuida

Desde una perspectiva histórica, la doctora Karin Kleinsteuber, académica de la Universidad Diego Portales (UDP) y miembro del Comité de Buenas Prácticas Docentes, abordó los antecedentes que dieron origen al curso y al Comité de Buenas Prácticas Docentes: “Este trabajo surge a partir de relatos muy duros de estudiantes y egresados, vinculados a maltrato, acoso y discriminación, que tuvieron consecuencias reales en sus trayectorias formativas”, afirmó.

La académica de la UDP explicó que estas situaciones no eran aisladas: “Detectamos malas prácticas docentes que se habían naturalizado y perpetuado por décadas, afectando seriamente el aprendizaje y provocando un profundo sufrimiento en quienes se formaban”, señaló.

Al respecto, destacó que el problema exigía una respuesta institucional. “Hubo casos que derivaron en denuncias, procesos investigativos, licencias médicas e incluso abandono de programas y pérdida de vocación, lo que evidenció la urgencia de remediar y reparar”, sostuvo.

La doctora Kleinsteuber enfatizó que la docencia implica una transmisión de valores y conductas que son observadas e imitadas por quienes se están formando: “Pensar en conjunto cómo se transmiten los valores éticos y el profesionalismo donde yo enseño y trabajo es tanto más importante que los contenidos disciplinares”.

Finalmente, subrayó el sentido ético de la iniciativa. “Este curso nos invita a desafiarnos, a reconocer que todos podemos convertirnos en reproductores de malas prácticas en algún momento, y a comprometernos activamente con erradicarlas”, concluyó.

La norma como oportunidad pedagógica

El eje central de la jornada fue la charla magistral “La Norma de Sana Convivencia en Campos Clínicos: desafíos y proyecciones para la docencia en salud” realizada por el superintendente de Educación Superior, José Miguel Salazar, quien abordó los desafíos y proyecciones de la Norma de Carácter General sobre Sana Convivencia y Protección de la Salud Mental en Campos Clínicos, que entró oficialmente en vigencia el pasado 1 de enero de 2026.

El superintendente partió contextualizando el largo camino que derivó en la nueva normativa: “Estamos frente a un problema muy complejo, que por años costó abordar por miedo a generar conflictos entre instituciones formadoras y servicios de salud”, señaló.

En ese sentido, reconoció que la regulación enfrentó resistencias desde su gestación: “Hubo quienes sostenían que esto no debía regularse y que la norma podía estigmatizar la formación en salud, pero aun así avanzamos porque la necesidad era evidente”, explicó.

La autoridad recalcó que la norma es solo un punto de partida, que requiere de trabajo, expansión y actualización constante: “Esta regulación no puede ser fija; hoy se centra en el pregrado, pero nuestra intención es ampliarla al posgrado, donde también se generan muchos de estos problemas”, afirmó.

En cuanto a su implementación, destacó el rol preventivo como núcleo del enfoque: “El fortalecimiento de la prevención es el corazón de esta norma, y por eso se establece la capacitación obligatoria para quienes realizan supervisión y tutorías clínicas”, sostuvo.

Respecto de las obligaciones institucionales, Salazar fue enfático: “Las universidades tienen el deber de hacerse cargo de la sana convivencia en sus campus clínicos y de no archivar denuncias en ningún caso”, indicó.

Asimismo, explicó que se exigirá mayor transparencia: “A partir de este año, las instituciones deberán registrar y reportar periódicamente las denuncias recibidas, lo que permitirá contar con información real y sistemática”, señaló.

El superintendente abordó también la fiscalización: “La superintendencia va a fiscalizar e intervenir directamente en aquellos campus clínicos donde se detecten mayores niveles de conflictividad”, afirmó.

En relación con los convenios asistenciales docentes, detalló que deberán incorporar expresamente la norma: “Los convenios deberán dar cuenta de los derechos y deberes de los estudiantes, incorporando estos principios de forma clara y verificable”, explicó.

Destacó además la protección de denunciantes y víctimas: “La norma busca dejar en claro que denunciar es una obligación institucional y que no pueden existir represalias, ni para los estudiantes ni para las instituciones de educación superior. Esto implica dejar atrás las malas prácticas comunes, como la reducción de cupos en los campos clínicos para alumnos de instituciones que llevaban a cabo las denuncias de forma efectiva”, subrayó.

Finalmente, proyectó el carácter evolutivo del marco regulatorio: “Esta norma se irá llenando progresivamente de contenidos; no busca generar más carga administrativa, sino aportar valor y contribuir a resolver los problemas que hoy afectan a la formación en salud”, concluyó.

Compromiso institucional

La jornada continuó con un espacio de reflexión relacionado al análisis de la nueva norma, y un taller participativo en torno a los desafíos actuales de la docencia clínica, la responsabilidad institucional y la promoción de ambientes formativos seguros y respetuosos.

El cierre del curso dejó en evidencia la consolidación de una comunidad universitaria comprometida con la transformación de los ambientes formativos en salud, entendiendo la norma no solo como una obligación legal, sino como una oportunidad pedagógica. Tal como se planteó durante la jornada, el desafío es avanzar hacia espacios formativos seguros, exigentes y humanos, donde el cuidado de la salud mental y el buen trato sean pilares del ejercicio docente.

Con esta vigésima quinta versión, el curso “Buenas Prácticas Docentes” da cuenta de una trayectoria sostenida y se posiciona como una iniciativa pionera en la formación pedagógica en salud, proyectándose como un referente para robustecer la docencia clínica y avanzar en comunidades educativas más justas, respetuosas y responsables.