“Cuando me llegó el correo de que había sido seleccionado, no lo podía creer”, recuerda Gerardo Garrido (26). El bailarín fue seleccionado tras postular a la convocatoria internacional de la Biennale College Danza 2026, de la que se enteró a través de las redes sociales.
El destacado coreógrafo Wayne McGregor lidera este programa de formación, del que ha sido director por seis años. La residencia está diseñada para capacitar, por un periodo de casi tres meses, a 16 jóvenes bailarines entre 18 y 28 años con nuevas habilidades y conocimientos. Todo esto bajo la guía de profesores, coreógrafos y profesionales de nivel internacional. Además, en el marco del 20º Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Bienal de Venecia, las y los bailarines de la Biennale College podrán presentar su trabajo en distintos contextos.
Al enterarse de que había sido uno de los 16 seleccionados a nivel mundial para formarse en Italia, Gerardo recuerda que “fue chocante”. Y explica: “Yo había postulado como con cero expectativas de que iba a quedar, porque claro, es una audición a nivel mundial. Uno siempre cree que estas cosas no van a resultar. Cuando me llegó el correo de que había sido seleccionado, no lo podía creer. Quedé en shock un minuto. Después estaba muy emocionado y me puse a llorar”.
Gerardo es oriundo de Curicó y la noticia la recibió estando alejado de su familia: “Mis papás estaban en Curicó. Yo estaba en Santiago, entonces les conté por videollamada. Ellos también estaban en shock, felices. Fue muy emocionante y a la vez como sin quererlo”, comenta.
Primeros pasos en la danza

El camino de Gerardo Garrido en la danza comenzó formalmente a los 16 años, tras dejar atrás una etapa ligada a la gimnasia de alto rendimiento y entrar a la Compañía de Danza Contemporánea Engiros. Sin embargo, destaca que bailar siempre estuvo presente en su vida: “Desde que tengo memoria que bailo”, afirma.
En Curicó, y antes de entrar a la Universidad de Chile, Gerardo conoció a uno de sus grandes referentes hasta la actualidad: David Correa, ex bailarín del Ballet Nacional Chileno y coreógrafo de la Compañía Engiros. “Fue de los primeros mentores míos en la danza, fue quien me empezó a dar ese bichito de la danza y de moverme. Con él empecé a bailar más profesionalmente y él me motivó a entrar a la universidad”, menciona.
Llegar a la College Danza de Venecia no solo significa poder aprender de grandes profesionales internacionales, sino que también cumplir una meta personal. “Uno de mis sueños siempre ha sido poder bailar en Europa. Creo que todo se juntó: mi motivación por conocer Italia, mi motivación por bailar en Europa y también por expandirme hacia nuevos lenguajes. Espero poder nutrirme de los bailarines que vayan, de los coreógrafos y de la experiencia. Del alto nivel de la danza que existe allá”, señala.
Además, manifestó su emoción sobre la etapa final de la residencia, que representa una nueva forma de vivir la preparación de una obra y de encontrarse con un lado completamente nuevo de sí mismo: “De la presentación final de las obras estoy muy expectante. Sé que existe mucho presupuesto, al que uno no está tan acostumbrado en cuanto a producción. Me intriga saber qué es lo que va a resultar. Si tuviera que describirlo, es emoción. Igual hay algo de mí que tiene miedo de lo desconocido, de estar en este lugar donde no conozco a nadie, pero eso no opaca la emoción que me da”.
De Chile a la Bienal de Venecia

El pasado 11 de mayo marcó un antes y un después en la carrera de Gerardo. Ese día, inició su viaje a la Biennale College Danza 2026. El programa de formación, además de potenciar el trabajo colaborativo con el equipo de bailarines y entregar nuevas habilidades, le permitirá trabajar directamente con las destacadas coreógrafas Molissa Fenley y Maxine Doyle, dos de las figuras más influyentes de los siglos XX y XXI. Además, tendrá la oportunidad de trabajar con Amine Mazhoud, icónico coreógrafo emergente que ha desarrollado su identidad artística en Bruselas.
"Cuando llegué a Italia fue muy emocionante. Siempre ha sido mi sueño vivir o estar en Italia, porque es mi país favorito. Darme cuenta de que estaba cumpliendo uno de mis sueños fue muy emocionante. Cuando entré a la Bienal fue aún más increíble. Estoy cumpliendo una de las cosas que siempre quise. Me sigo sintiendo muy emocionado", menciona.
¿Cómo ha sido el recibimiento y el primer encuentro con otros/as bailarines de distintas partes del mundo?
El recibimiento y el encontrarme con otros bailarines ha sido increíble. Es hermoso ver las formas que tienen de moverse, porque soy el único latino que está acá, entonces ver gente de todo el mundo es increíble. Pero es un desafío tratar de entender inglés e italiano y pensar en español.
¿Cómo imaginabas esta experiencia antes de llegar y qué te ha impactado hasta ahora?
Creo que antes tenía muchas expectativas, pero no pensé que iba a ser tan increíble. Por ejemplo, por el nivel de infraestructura que hay acá. Las salas son gigantes, está todo hecho para los bailarines. Tenemos literalmente todo para poder hacer nuestro trabajo.
El próximo 1 de junio de 2026 será la primera función desde su ingreso a la residencia, en el marco de la Inauguración de Danza en la Biennale, a cargo de Wayne McGregor.
Antes de viajar mencionaste que a veces sentías miedo de lo desconocido, pero también mucha emoción. ¿Se ha mantenido esa sensación o cómo lo vives ahora?

Creo que la idea de tener miedo a lo desconocido cambió hoy, porque me di cuenta de que puedo lograr hacer todas las cosas que me estoy proponiendo. Creo que también puedo lograr estar acá estos meses, seguir bailando y haciendo arte en otros lugares. Creo que esa sensación de miedo ahora se transformó en muchas ganas de bailar y de aprender.
Sobre su formación en la Universidad de Chile, Gerardo destaca la manera en que la institución le entregó seguridad en su camino personal y profesional: “Me abrió la puerta para poder confiar y creer en lo que hago. Me ayudó a poder descubrirme como bailarín y como persona. Yo audicioné sin pensar que iba a quedar, pero también creyendo que podía lograrlo, que no era imposible”.